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lunes, 28 de mayo de 2018

Cuando "investigado" era "imputado".






Si no fuera por la experta intervención de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Guardia Civil cuyo sólido informe sirve de base al Auto que determina la existencia de "indicios suficientes para atribuir a las personas denunciadas, con la provisionalidad propia de esta fase procesal, la posible comisión de los ilícitos penales" pensaría que nuestro, otrora, Excmo. Sr. Alcalde, hoy ya Excelso Secretario de Estado de la Hacienda Pública por obra y gracia del Ministro Montoro, ha vuelto a ser víctima de esa recalcitrante inquina que suscita, también, entre las filas socialistas. Tras ser galardonado como uno de los peores gestores municipales, al dejar nuestras arcas con un agujero de 550 millones de euros, muchos paisanos se asombraron de que el dedo divino de D. Cristóbal lo ungiera como el llamado a ser su mano derecha en la administración de los dineros públicos aunque algunos biempensantes prefiriéramos verlo, entonces, como un cordial y próvido guiño a nuestra tierra a la que, sin duda, habría que cambiar el nombre para pasar a llamarla el Reino del Duro Rostro. No voy a ser yo quien dinamite el sacralizado derecho a la presunción de inocencia ni se erija, tampoco, en vengadora justiciera de reconocidas fobias, propias y ajenas, pero habrá de concederse que son varios los hechos objetivos que nos llevan a concluir que ese enorme débito que nos queda hoy como reliquia podía, quizás, haberse evitado ayer – o no -, ¿por qué se adjudicó, dicen los murmuradores que a dedo y sin mediar una licitación pública, la gestión de nuestras fuentes ornamentales y el mantenimiento de semáforos a una empresa foránea – ¡de Zamora nada menos, oigan!- cuando aquí, sin duda, hay entidades que podían haber asumido tal encomienda?, ¿acaso un Interventor municipal que desaprueba el abono de unas facturas que, previamente, un técnico conforma sin comprobar ni la ejecución de los trabajos que se decían facturados ni el empleo de los materiales utilizados, no supone una clara advertencia a quien había de autorizar los desembolsos y responder, tal es ahora el caso, por ellos?. Es innegable el derecho de todo quien a prosperar y a ascender escalafones dentro de la profesión que haya elegido, en función del ansia de poder o de notoriedad que experimente, pero lo reprobable es que el desempeño de cargos inferiores, que pudiéramos entender como “preparatorios” para el acceso a esferas más altas, se realice como un simple medio para cubrir el trámite del exigido bagaje como credencial a aportar pues ante este episodio sólo cabe el dolo, en el peor de los supuestos, o la ineptitud en el más sangrante de ellos. Lo del PP, para quienes pensamos que otro PP es aún posible, es una infamia a plazos y es que empieza a cundir la sensación de que en tan honroso Partido – ¡gloria a aquél que un día fuera! – no dan, paradójicamente, una a derechas, hemos pasado de “la herencia recibida” que, durante un tiempo, justificara la ausencia de resultados a un “todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario y tengo derecho a defenderme”. Y ahí andan: de Juzgado en Juzgado y de escándalo en escándalo, más de 30 casos y casi 850 “investigados” acorralan ya a la desplumada gaviota genovesa mientras Ciudadanos se frota las manos salivando, que éstos son de los de “a Dios rogando y con el mazo dando”, y los de la vieja guardia, esos que nos consideramos de la derecha liberal, ya nos decantamos esperanzadoramente por VOX – por supuesto no como opción en unas elecciones municipales, ¡Dios nos libre de tránsfugas y trepas!, pero sí en unas generales -. El PP está herido de muerte, agonizante, exangüe por las continuas dentelladas de la corrupción y demás sospechas varias ante la exasperante actitud de aquél que confunde la prudencia con el temor y la paciencia de sus votantes con la más absoluta idiocia. Veremos si tras el próximo 5 de junio seguimos siendo, nosotros, los únicos idiotas.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 28/05/2018.

lunes, 21 de mayo de 2018

Y Pablito se cortó la coleta.


Hay que ser cauto, en los cenagosos albañares de la política más rastrera, y asegurarse de que el arma arrojadiza que se emplea para atacar al oponente no es producto de la propia envidia para no perder, luego, ni un ápice de esa credibilidad borreguil, dispensada por hordas lobotomizadas, hacia el, otrora, agitador de masas encrespadas. Aquél desaliñado treintañero de hace unos años que, desde el púlpito callejero de la indignación más recalcitrante, arengaba con sus soflamas a la izquierda radical, invitando, cual Mesías redentor, a la ruptura del orden social, justificando el terrorismo y alentando la desobediencia civil y tributaria, la ‘okupación’ y la agresión masiva a los agentes del orden; el mismo que incendiara las redes sociales cuestionándose quién “entregaría la política económica de un país a quien se gasta 600.000 € en un ático de lujo” es, hoy, el flamante propietario de un casoplón de ciento diez millones de las antiguas rubias: 2.000 m2 de parcela en la Sierra de Guadarrama, un amplio jardín, piscina, casa de invitados y una vivienda principal de casi 300 m2. Inmueble este, claro, que no obstante ha debido ser financiado mediante un préstamo con garantía hipotecaria concedido por la Caja de Ingenieros –cooperativa próxima al vivero de rebeldes separatistas que es Ómnium Cultural – con unas inmejorables condiciones financieras que nos son vetadas a la generalidad de los españoles. El comunista vallecano, despiadado instigador del capitalismo, ahora, reconvertido por obra y gracia de los acólitos que lo auparon, en su día, a la categoría de Sumo Pontífice de la izquierda regeneradora que venía a “descubrir la pólvora”, en un sátrapa totalitario a quien no le tiembla el pulso a la hora de defenestrar a todo aquél que ose interponerse en su demencial escalada hacia la autocoronación presidencial de una nación a la que, es obvio, odia. Y es que, el desembolso realizado por este “camarada” no lo ha sido a fin de someterse, por ejemplo, a un costoso tratamiento de ortodoncia al alcance, sólo, de algunos en cuyo caso, a la vista está, estaría más que justificado el dispendio sino en la “casa que necesita para desarrollar su proyecto de familia”. Se ve que, aquí, la mayoría de los españoles no tenemos tales proyectos o son menos ambiciosos o no queremos tanto a nuestros hijos y los privamos del contacto directo con la Naturaleza o es que, simplemente, no nos los podemos permitir. De modo que si Iglesias, Don Pablo ya, no ha adquirido este fabuloso chalé a fin de albergar, en la casa de invitados, a una familia de refugiados sirios; ceder la piscina para los alegres chapuzones veraniegos de los niños saharauis o los ejercicios de rehabilitación de la Asociación Vallecana de Jubilados o bien construir, en el jardín, un huerto urbano del que surtir los comedores sociales de la Comunidad de Madrid es que, finalmente, el antisistema de Pablo Iglesias se ha cortado la coleta, abandonando definitivamente la “clase obrera” para integrarse en la de los elegidos potentados. Me pregunto si, visto lo visto, no habrá sido determinante, en su elección, la ubicación de la casa a sólo 20 km del Valle de los Caídos…  Tiene, la demagogia, corta memoria casi tanto como la desvaída coleta del nuevo burgués. ¿“Volverán – quizás - banderas victoriosas”?.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 21/05/18.


lunes, 7 de mayo de 2018

Catalá no lee a Montesquieu.


Las resoluciones judiciales han de ser, siempre, merecedoras del mayor respeto debiendo acatarse aun cuando no se compartan. Ningún Juez ni Magistrado dicta, a sabiendas, una Sentencia injusta. Podrán estar, en sus razonamientos, más o menos acertados pero el Derecho no es una ciencia exacta sino que se encuentra basado en la interpretación siendo por ello, los pronunciamientos judiciales, susceptibles de revisión ante instancias superiores. He de reconocer que la nefanda expresión del Magistrado firmante del voto particular en la Sentencia de La Manada, que no entraré ahora a valorar, de “ni dolor, ni asco, era excitación sexual… un jolgorio” dada su falta de empatía con la víctima –apenas una adolescente aún, frente a cinco fieras investidas de un licencioso desenfreno libidinoso en un habitáculo poco transitado a esas horas y sin escapatoria posible -, me resultó indecorosa por impropia de alguien que viste una toga, a la que se le debe recato y honorabilidad, motivando mi espontánea afirmación de “ese comentario es meritorio de inhabilitación profesional”. Es cierto que es la primera reacción que una, no ya sólo como mujer sino como jurista, experimenta y es, lógicamente, humana pero no es menos cierto que el visionado de una grabación se presta a múltiples y muy variopintas interpretaciones, por lo que teniendo presente, además, que la tipificación de conductas punibles –sin que puedan ser subsumidas, en ellas, las hipotéticas reacciones que ante un hecho determinado pueda presentar la propia víctima – se determinan en función de las percepciones de los Juzgadores, hube, necesariamente, de rectificar: no merece inhabilitación, el hombre, se ha limitado a cumplir con su labor que no es sino la de juzgar y ha considerado, equivocada, o no, pero lícitamente, que la actuación procesada no debe conllevar un reproche penal para sus autores. Un juicio, el realizado por el Magistrado Ricardo González, que, insisto, podrá ser más o menos afortunado pero, en todo caso, respetable. Uno de los pilares de nuestro sistema judicial es la imparcialidad de los servidores públicos que lo integran, encontrándose desprovistos de vinculaciones fácticas que garantizan su absoluta independencia. Fue el propio Montesquieu quien en su obra “El espíritu de las Leyes” determinó, entre otros muchos postulados aún hoy vigentes en nuestras modernas democracias, que es precisamente esta división de poderes la que atestigua que “los jueces sean la voz muda que pronuncia las palabras de la Ley”. Siendo la razón, amigos lectores, por la que habremos de buscar el fallo no tanto en el Poder Judicial como en el Ejecutivo quien, por obra y gracia del Ministro de Justicia, ha cometido una injerencia imperdonable por el daño irrogado a la Judicatura en su conjunto y a la sociedad en general, una intromisión, la suya, tan zafia como vil al apuntar ladinamente hacia “ciertos problemas singulares de este Juez” y puede también, pues todo así lo indica, que previamente el error haya estado en el Legislativo que debe ocuparse, por su parte, de regular el contenido de cada uno de los delitos, qué conductas, de forma indubitada, los componen y las penas que, irremisiblemente, se le han de aplicar a quienes los cometen. Pero, mientras tanto y a falta de su dimisión, seguiremos teniendo un problema y ese problema es el Ilustre Ministro de Justicia, el Sr. Rafael Catalá, junto con todos los que, de modo tan irresponsable como ignorante, han participado en el linchamiento descarnado de Jueces y Magistrados con la mezquina intención de sacar el rédito de un apoyo electoral que, es evidente, hace tiempo perdieron anclados en ese maniqueísmo que les hace posicionarse, indefectiblemente, en el lado del bien que es, y será siempre, el suyo aunque ellos nunca lean a Montesquieu.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 07/05/2018.



miércoles, 2 de mayo de 2018

Marnie, la ladrona.



Finalmente se han cumplido mis vaticinios y Cifuentes se ha visto obligada a dimitir. No ha sido a causa de su mala gestión de la información, aventada por vocingleros propios y extraños al PP pero al fiel servicio de los primeros, acerca del Máster dadivosamente otorgado por la Universidad Rey Juan Carlos sino abatida por la munición, disparada desde sus propias filas, contra aquél que suponga el menor escollo en la aspiración sucesoria de un Partido, cada vez más, reducido a escombros tras los continuos bombardeos de la corrupción. No le encuentro ningún sentido al acto, por supuesto reprobable, de introducir disimuladamente en un bolso de dos mil euros un par de cremas de apenas cuarenta. Resulta, incluso, cómico que alguien que viste de Prada escamotee cosméticos, de gama media, si no es con motivo de una patología, tal parece ser el caso. La cleptomanía, en psicología clínica, presenta una serie de síntomas entre los que se encuentra la ausencia de intencionalidad maliciosa; el descontrolado impulso de sisar, normalmente objetos de escaso valor, no lo es para el beneficio personal del cleptómano sino porque no puede domeñarlo, le resulta imposible y lo hace como medio de aliviar su ansiedad. De modo que, es obvio, quienes padecen tal trastorno sufren una alteración que termina tratándose con terapias conductuales y farmacopea a fin de aliviar los sentimientos de culpa, remordimiento y vergüenza que con posterioridad experimentan. No hablamos de delincuentes –como en el caso de aquellos que, consciente y deliberadamente, incurren en la apropiación indebida o la estafa, donde predomina un propósito de lucro-, puesto que esta desviación del comportamiento no está, no puede estar, tipificada en la Ley Penal. Es curioso que haya podido pervivir, en las albañares políticos, una cinta de seguridad de hace siete años que nula o escasa utilidad podía presentar tras el abono voluntario, por la “infractora”, del importe de lo hallado en su bolso, cuando la LOPD establece que las imágenes captadas por un sistema de seguridad privada no deben, jamás, superar los 30 días de antigüedad, límite que no se alcanzará si las necesidades de captación y almacenamiento se cubren con el archivo registrado de un período inferior en atención al principio de proporcionalidad. Por lo que ese día, en aquella superficie comercial, se produjo un conato de delito leve que fue solventado, quebrando de este modo la denuncia y la tramitación de cualquier proceso judicial pero, también, una radical vulneración de las normas reguladoras de la Protección de Datos al conservarse una grabación que, por Ley, debió ser destruida y no se hizo, facilitándose, más tarde, su difusión y exponiendo, así, públicamente la alteración patológica de una persona susceptible de ser tratada por profesionales y que, con independencia de su cargo, tiene derecho a su intimidad. Imágenes que salen a la luz, haciendo escarnio, en un momento muy delicado de la interesada quien precisamente se había mostrado como la más implacable censora de los casos de corrupción de su Partido. Empiezo a pensar que existen unos expedientes clasificados que guardan las miserias de todos y cada uno de nuestros representantes públicos y que salen a la luz sólo cuando los mismos resultan molestos. Desconozco si será el precio que han de pagar en sus personales vendettas o si, por el contrario, sea que el sacrosanto derecho a la información está al servicio del poder de turno por parte de esos sicarios, custodes de las más pestilentes alcantarillas de miserias ajenas, amparando impunemente el robo de la intimidad de ciertas personas. Tras releer estas líneas me pregunto quién de todos ellos, en esta trama, desempeña mejor el papel de ‘Marnie’.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 30/04/2018.


lunes, 23 de abril de 2018

Ni olvido ni perdón.




En contra de lo que algunos ingenuamente creen, ETA sigue siendo una organización criminal, hoy, aún más perversa y cruel que antes. No sé si me ha producido más asco o estupor leer el comunicado emitido por los asesinos en su diario de cabecera y que desdice el jubiloso titular con el que nos desayunábamos el pasado viernes: “ETA PIDE PERDÓN”. No lo ha hecho. Si el asesinato es un acto que envilece al ser humano aún lo envilece más no expresar un arrepentimiento y perdón sinceros. Habrá de reputarse pues una obscenidad moral declarar “En estas décadas se ha padecido mucho en nuestro pueblo: muertos, heridos, torturados, secuestrados o personas que se han visto obligadas a huir al extranjero. Un sufrimiento desmedido. ETA reconoce la responsabilidad directa que ha adquirido en ese dolor”, la mente enferma del ideólogo de semejante atrocidad se responsabiliza del “sufrimiento desmedido” irrogado al pueblo vasco: “muertos, heridos, torturados, secuestrados o personas que se han visto obligadas a huir al extranjero”, victimizando, así, a los verdugos que dejaron un siniestro reguero de viudas y huérfanos, en su mayoría de la Guardia Civil, desde la sórdida desvergüenza de considerar damnificados a los miembros de la banda armada, empleando tan impúdicos términos como “tortura” o “secuestro” e imputando su autoría, precisamente, a quienes sólo  ellos privaron de vida o de libertad: a padres de familia que se limitaban a cumplir con su obligación. Sí, “los de verde”, los mismos a los que una jauría rabiosa, en Alsasua, agredió salvajemente en un pub; ésos que no huyen sino que exponen sus vidas al ir tras los asesinos cumpliendo con su deber que no es sino el de proteger el orden social y el cumplimiento de la legalidad; los que no torturan pero reciben el castigo del desprecio, esputado en sus rostros abnegados, de quienes les ofenden y que tampoco secuestran, liberan a los secuestrados. Hay que ser un demente para declarar “Entendemos que muchos consideren y expresen que nuestra actuación ha sido inaceptable e injusta, y lo respetamos, pues a nadie se le puede forzar a decir lo que no piensa o siente. Para otros muchos también han sido totalmente injustas, pese a utilizar el disfraz de la ley, las acciones de las fuerzas del Estado y de las fuerzas autonomistas que han actuado conjuntamente, y tampoco esos ciudadanos y ciudadanas merecen ser humillados. De lo contrario, deberíamos interpretar que ha existido un daño justo que merece aplauso. ETA, en cambio, tiene otra posición: ojalá nada de eso hubiese ocurrido, ojalá la libertad y la paz hubiesen echado raíces en Euskal Herria hace mucho tiempo” hablar de “humillación”, de “disfraz de la ley” y justificar, con ello, la execrable actuación de esta sangrienta comparsa de matarifes es provocar la náusea en las personas de bien. No, amigos lectores, no se dejen engañar: ETA no ha pedido perdón, jamás lo hará. ETA ha sido, es y será, siempre, una banda organizada de asesinos, de los peores que puede haber: aquellos que quitan la vida cobardemente y a traición, los  del tiro en la nuca y la Goma2 detonada a distancia para asegurar su huida. Los mismos que usan el eufemismo de “conflicto” cuando se están refiriendo a 857 ejecuciones, a 857 familias injustamente destrozadas. La que, casi sesenta años después, sigue zahiriendo a todas y cada una de sus víctimas. Ésa es ETA, aquella para la que jamás habrá ni olvido ni perdón.

Con el mayor de mis respetos, agradecimiento y admiración a la honrosa memoria de todos y cada uno de los caídos en la lucha contra el terrorismo de ETA.
Siempre en nuestros corazones.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 23/04/2018.

lunes, 16 de abril de 2018

CalíoPP






Cuenta la mitología griega que de nueve noches de amor, entre Zeus y la titánida Mnemósine (la Memoria), nacieron nueve musas. La mayor de todas, Calíope la de la bella voz, era la inspiradora de la belleza, de la elocuencia y de la poesía épica. Tengo para mí que es, la personal adaptación que de ella he hecho, la que me lleva susurrando al oído desde hace algunos años mis reflexiones acerca de un Partido que, sin duda, tiene a gala la magnífica gestión económica, de justicia es reconocérselo, que en su día impidió nuestra intervención por Europa y que, luego, ha conseguido reactivar la economía con una tasa de crecimiento por la que pocos apostaban pero que arrastra también, en su demérito, un incesante reguero de casos de corruptelas que eclipsan el rédito de sus incuestionables logros. No negaré que el último episodio, a cuenta de Cristina Cifuentes a quien, personalmente, dispenso una gran simpatía, comentado – tan ácida como torticeramente – por Ramón Espinar, vástago de uno de los imputados en el caso de las tarjetas black y reconocido especulador de viviendas de protección oficial, me parece todo un alarde de obscenidad; tanto como las consideraciones que sobre el particular pueda emitir Monedero que cobró 425.000 € por un informe inexistente; la opinión de Echenique, el defraudador de la misma Seguridad Social que le otorgó, sin haber cotizado, el derecho al formidable aparato que le posibilita una mejora ostensible en su calidad de vida; las mordaces puyas del anodino Errejón quien cobraba por no poner un pie en la Universidad o el curriculum inventado, con base en una Licenciatura en Matemáticas, del socialista José Manuel Franco que tampoco se ha mordido la lengua. Sinceramente, no creo que ninguno de los citados detente la más mínima autoridad moral para valorar una conducta que, es obvio, no comparto, es más, recrimino y que debió gestionarse de un modo bien distinto. La bravura de Cifuentes está fuera de toda sospecha, razón por la que hubo de reconocer la falsedad, extremo que le hubiera honrado y que no habría afectado a su, hasta la fecha, impecable gobierno de la Comunidad de Madrid pero ese empecinamiento suyo en mantener la legitimidad de un Título académico que poco o nada afecta a su solvente capacidad como Presidenta, se va a terminar cobrando no sólo su credibilidad sino el gobierno del que, no creo equivocarme, antes que después terminará saliendo por la puerta de atrás. No ha sido éste sino un nuevo episodio, otro más, de los que ha sufrido el PP, derivando hacia una progresiva pérdida de confianza en el único partido político que ha facilitado un Gobierno eficaz en tiempos difíciles y que ha venido pagando, paulatinamente en las urnas, el alto precio de soberbias y egolatrías, de la insaciable avidez de dinero fácil de muchos de sus dirigentes y de su habitual laxitud frente a actuaciones individuales más que cuestionables. Conocen ya Vds., amigos lectores, que mi pensamiento se encuentra ubicado dentro del mismo espectro ideológico del PP, lo que hace aún más dolorosa mi censura, y aunque me precio de haber alabado sus aciertos y reprochado, siempre también, sus errores, mi musa – a quien íntimamente le he conferido el nombre, no podía ser de otro modo, de CalíoPP – me inspira ya, hastiada, no un giro en mi ideología o una abjuración de mis valores sino la reivindicación de la dignidad que pasa necesariamente por la exigencia, a quienes una vez les conferimos el valioso don de nuestro voto, de una rauda regeneración íntegra, estructural y orgánica del Partido Popular porque o es eso o es seguir esperando una nueva inspiración, otra más, alentada por la bella voz de esa deidad a quien deseo, de todo corazón, una rápida e irreversible afonía. Basta ya de bochornos.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 16/04/2018.




lunes, 9 de abril de 2018

Con -Z de zafiedad.



No ha sido, ni será tampoco éste, el único numerito que a Su Majestad se le ha ocurrido montar. Ya apuntaba maneras con aquél lapidario “Déjame hablar” dirigido a un risueño, aún Príncipe, Felipe que soltó, ruborizado, una carcajada nerviosa ante tan espontáneo aunque ya significativo desplante de esa altanera presentadora de televisión que se nos mostraba con un dos piezas de Armani anunciando a bombo y platillo que allí estaba ella, Letizia con –Z, la futura Reina de España a la que nadie iba a restar ningún protagonismo. Luego vinieron los continuos retoques estéticos que, paulatinamente, la han ido convirtiendo en el clon de Rania de Jordania y un, cada vez más, insufrible encopetamiento pues, a medida que Felipe se tornaba más cercano al pueblo, ella se hacía con los réditos de una profunda antipatía. Me pregunto si esa absurda rivalidad que mantiene con la Reina, Doña Sofía siempre llevará a gala haber nacido hija de Reyes y educada, como tal, para reinar y haber vivido siendo hermana, esposa y madre de Reyes, omito deliberadamente ahora decir, no obstante, que abuela ya que la institución monárquica, único elemento de cohesión que mantiene hoy la unidad de esta gran nación, se está deteriorando a pasos agigantados, con –Z también, y no las tengo yo todas conmigo de que la rubísima Princesa de Asturias, que es zurda, come muy sano, toma clases de violonchelo e incluso estudia chino, llegue algún día a reinar bajo el nombre de Leonor II – Dios la guarde, si así fuera, de terminar sus días como su malograda tocaya Leonor de Castilla, primogénita de Fernando IV y Constanza de Portugal, asesinada a manos de su sobrino, Pedro I, en el castillo de Castrojeriz –, temor debería causarnos sólo pensar que alguien quien, ya con doce años, dispensa a su abuela un desabrido manotazo, en público o privado tanto me da, pueda, algún día, representar a la Corona de este viejo y noble Reino que es España. No entraré en si protocolariamente resultaba, o no, adecuado que la Reina se retratara con la Princesa y su hermana, la Infanta; no cuestionaré los pedestres modales cotidianos de una periodista, plebeya por cuna, progre, atea y republicana, reconvertida a todo lo contrario por obra y gracia de un origen divino del poder que le ha venido dado por su condición de consorte, posición que, a la vista está, le queda no grande sino enorme y que nos ha terminado poniendo en los titulares de medio mundo. Tampoco entraré a analizar el trato que una Señora Reina emérita, para mí la única y verdadera Soberana, merece sino que me ceñiré a lo que Doña Sofía de Grecia, Sofía, es por encima de cualquier otro título: ¿quién puede negarle a una abuela el derecho a disfrutar de sus nietas?, ¿en base a qué real prebenda se le impide hacerse un retrato con ellas?, ¿qué madre ante un tierno beso, dado en la frente por una abuela, tiene el vergonzante gesto de limpiarlo?... ¿No será que la monarquía, a base de tan liberal y vanguardista intrusismo, se ha terminado ‘proletarizando’? porque ¿puede alguien adquirir, en unos pocos años, la obligada profesionalidad en el desempeño de tan inefable cargo para el que otros se llevan preparando toda una vida?. ¿Acaso no somos conscientes de la importancia de servir a España desde tan privilegiada institución? o ¿es que no tenemos derecho a exigir una imagen de España a la altura y de una categoría conforme a la dignidad que, a lo largo de la historia, hemos demostrado poseer?... Aun cuando se nos escape lo que el Rey, en el ámbito particular, pudo manifestarle sobre tan bochornoso episodio a la propia causante del mismo, debería el monarca tener presente por el bien del Estado, de la Corona y del Pueblo Español que Doña Sofía, la Reina nacida y educada para serlo, siempre será su madre y que a Letizia, con –Z, la encontró en… un telediario.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 09/04/2018.

lunes, 2 de abril de 2018

Las ratas de Waterloo.

Siempre me he sentido cautivada por ese entrañable personaje de “El Nini”, el niño sabio, casi profético, de la novela de Delibes. ‘Las Ratas’ se desarrolla en un pueblo de la España profunda, a modo de denuncia social de la tiranía ejercida por los latifundistas sobre la mísera población rural castellana. Su padre, el Tío Ratero, las cazaba para el propio sustento y vio peligrar su medio de vida cuando, por diversión, un vecino de un pueblo cercano comienza también a atraparlas en el mismo territorio provocando así un descenso de las presas, tan necesarias para su subsistencia. Son curiosas las asociaciones de ideas que el ignoto cerebro humano es capaz de realizar. Desde que diera inicio la actuación de la justicia frente a los golpistas, he venido acordándome de esta obra; desconozco si lo evocador, en mi subconsciente, es su título o si lo son los personajes pero ha sido inevitable realizar el recurrente paralelismo. El Nini, aun cuando tengo mis dudas si en la trama real del secesionismo lo personifica el Juez Llarena o nuestro magnífico Servicio de Inteligencia, ha terminado dando caza a la rata más gorda, también la más cobarde pues fue la que diera inicio a una deshonrosa huida, secundada más tarde por otros cabecillas del golpe de Estado llevado a cabo desde la, hoy se confirma lo que siempre supimos, ilusoria creencia de una total impunidad. Nadie puede estar abocado, eternamente, a la huida o a ese mal llamado “exilio”… Ya me pareció aciago para Puigdemont que optara, en su excelsa cortedad, por fijar su residencia en Waterloo, allí donde el sueño de Napoleón muriera definitivamente a manos de Wellington y con él los delirios de grandeza del perturbado personaje que, sin duda, bien pudo haber inspirado los sueños dementes de quien, una vez, intentó coronarse como el gran hacedor de una quimérica República Catalana que ha resultado ser como el champagne: tras descorchar con fuerza la botella las burbujas se han ido escapando, perdiendo fuerza, hacia el centro de Europa; huyendo como lo hacen las ratas en los naufragios. Cabía esperar valentía, sacrificio y lucha por parte de los artífices de tan extravagante proyecto que hubiera podido darle, quizás, un ápice de credibilidad pero esta vil rebelión contra el Estado de Derecho ha quedado reducida a un sainete de huida y retirada, en algunos, y a la opereta del espectáculo dado a la entrada en prisión de quienes se consideran mártires habiendo sido los victimarios del orden y la paz social en una parte de España. Ni siquiera compartían, en esa beoda enajenación, un proyecto común – la CUP confirma la fractura de las fuerzas independentistas desde el germen mismo de la rebelión -, no han dado el menor atisbo de solvencia y tan sólo han convencido a una parte de la población, intentando implantar una República sin raigambre histórica, sin fundamentos económicos ni el menor viso, tampoco, de su reconocimiento a nivel internacional. Ha sido, sin duda, un gran fraude en el que sólo unos pocos, los menos, han tenido la gallardía de afrontar las consecuencias de sus actos y en el que otros muchos, como Puigdemont y el resto de los huidos, siempre quedarán inscritos en el índice más vergonzante, aquél que comienza con la –c de COBARDÍA. Abatidos, como las ratas, en plena evasión. El soberbio de Carlos debió tener presente la Historia puesto que, ya se sabe, “de los escarmentados, nacen los avisados” aunque, como a Napoleón, le haya terminado perdiendo su propia demencia ególatra, sorda a cualquier advertencia, y es que… nunca hubo ratas en Waterloo.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 02/04/2018.


lunes, 26 de marzo de 2018

Un café frío, una tarde de perros y los posos de la tiranía tecnológica.





Sentada en la mesa del fondo de una cafetería, e-book en mano y un café enfriándose, levanto la vista cada vez que el movimiento de un cuerpo se interpone entre la luz y mi lectura, espero a mi amiga. Estoy diez minutos antes de la hora marcada, simple manía. Llueve a intervalos rabiosos y, de vez en cuando, tras la violenta descarga de cada uno de esos torrentes expelidos sin piedad por unas nubes grises arreciadas por el viento, asoman tímidamente unos segundos de sol. Hay menos gente en el establecimiento de lo que el estridente ruido de ambiente parece indicar. En la mesa de al lado una familia, padre, madre y niña de unos cinco años. Él, corpulento y con el rostro congestionado, probablemente la copa de coñac que bebe a sonoros sorbos no sea ni la tercera ni, tampoco, la cuarta de ese día, está pegado al móvil por el que habla a voces como queriendo participarnos, al resto, la interesante conversación que mantiene con su amigo Lolín; la madre, entrada en carnes y con cierta carencia de un retoque en el tinte desvaído, parte con las manos grandes trozos de un croissant que se desmiga y que mete, casi a presión, en la boca de la niña a quien le afloran lágrimas, supongo que por la sofocación, apenas si le da tiempo a masticar aunque deglute a la misma velocidad que la madre destripa el bollo. La niña tiene la vista fija en otro teléfono móvil que reproduce alguna serie de animación a todo volumen. Las conversaciones, telefónicas en su mayoría, se entremezclan en ruidosa pugna por prevalecer sobre las demás, una irritante atmósfera cargada de la sonora lucha de egos por imponer la soberanía del timbre de voz más rotundo que me va alterando el sistema nervioso. Mi amiga no llega, normal, aún no es la hora. Vaya tarde de perros y yo que buscaba un refugio tranquilo donde guarecerme de esta inclemente lluvia en buena conversación… Es imposible concentrar la atención en las líneas de la pantalla con tanto ruido. Desisto. De modo distraído voy posando la mirada en las mesas ocupadas y detecto que, en la mayoría de los casos, la gente no mira a los ojos de sus interlocutores, tiene los propios clavados en el teléfono. El teléfono móvil, ese demoníaco aparato que nos ha terminado esclavizando hasta el punto de omitir toda comunicación si no es a través de su tecnológica anatomía, nada escapa a su férrea y opresiva dictadura. El ruido sigue en aumento, fuera llueve como si estuviese próximo el fin de los tiempos, el café se ha quedado frío y mi amiga no viene. Intento llamar la atención del camarero que, con cara de tedio, se encuentra apoyado en la barra, ajeno a las necesidades de la atronadora clientela y absorto en la conversación que, sin duda, tiene lugar en su WhatsApp. Aguardo, esperanzada, a que aun cuando sea de modo involuntario o por un simple acto reflejo levante la mirada presta a hacerle señas para que me dé la cuenta. No aguanto más. Es la oportuna carcajada que ha provocado alguna ocurrencia del tal Lolín en mi vecino de mesa lo que le hace reaccionar, levanta la cabeza, aprovecho y le hago el gesto. Se acerca con desgana y con el móvil en la mano escribiendo un mensaje, apenas me mira cuando me dice el importe. Saco un par de monedas y las dejo sobre la mesa, junto al café frío. Me sobresalta el aviso de la recepción de un mensaje, se enciende la pequeña luz led que me anuncia la causa del retraso, ahora ya sí, de mi amiga a nuestra cita: “He tenido que volver a por el móvil, se me había olvidado. Ya voy ;oP”. Resoplo contrariada mientras pienso en que las relaciones humanas en nuestros días se han terminado limitando a no escuchar al de enfrente sino a embutir, a toda velocidad, palabras tecleadas y absurdos iconos en sofisticadas maquinitas que, cada vez, nos aíslan más de la realidad mermando nuestras habilidades sociales y convirtiéndonos en desconsiderados prisioneros de una ficticia comunicación virtual. ¡Bendita tecnología!.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 26/03/2018.

lunes, 19 de marzo de 2018

Clamor de justicia.



Aspiro profundamente el aroma que desprende su pelo rubio y, escudriño en mi memoria olfativa, es el mismo desde que naciera hace ya seis años. Gonzalo se ha quedado dormido y su naricilla respingona exhala un vaho agradable que me cosquillea en el cuello a intervalos acompasados. Respira tranquilo, reposa sobre tu tía desde la confianza, plácida y serena, de una sensación de protección. Lo abrazo fuerte intentando aprehender esa fragancia balsámica a inocencia, a dulzura… a amor. Sí, huele a puro amor. Pienso entonces en el “Pescaito”, ese pequeño de ocho años a quien un desvarío desalmado le ha arrebatado la vida. Y pienso, cómo no hacerlo, en sus padres. En un enorme vacío ocupado ahora por la nada; una nada fría, gris, lúgubre que espero y deseo no los acabe engullendo. Es duro, muy duro. El ser humano no está, no puede estarlo, preparado para asumir la pérdida de un hijo y menos en condiciones tan execrables. No quiero ni imaginar el dolor de esa madre a quien le han desgarrado las mismas entrañas que una vez le dieran la vida a su niño muerto, no puedo pensar en la sensación de culpabilidad del padre quien, de modo totalmente involuntario, puso en el camino del hijo al monstruo que lo terminaría convirtiendo, por unos días, en el hijo de todos los españoles que hemos seguido, con angustia y desazón, esos doce días de horror hasta el fatal desenlace. No puedo omitir, tampoco, mi admiración y respeto hacia los “cazadores de brujas” que, sin cejar en su empeño, cumplieron con la palabra empeñada de encontrar a Gabriel; lo hicieron aunque ese siniestro hallazgo les provocara el llanto, por tantos días contenido. Lágrimas de dolor, un dolor tan fino como el que causa el cristal al resbalar por la piel mojada. El “Pescaito” yacía en un maletero. Ocho cortos años de vida dormían un sueño eterno, cubiertos de barro y arropados por una sucia manta. Un niño, otro más, inerte. Su asesina a quien le niego el derecho de haber actuado empujada por un delirio celotípico -los psicópatas carecen de sentimientos, viven anclados en un desierto en el que la empatía es sólo un espejismo- que pudiera atenuar la gravedad de su condena, deberá cumplir, ahora, su deuda con la sociedad asumiendo la pena que se le imponga pero jamás podrá saldar la moral: la pérdida irreparable de una vida humana destrozando, también, las de toda una familia. Veremos si se le aplica, además, esa ley no escrita de la cárcel, la verdadera condena que dudo pueda resistir, y que vendrá impartida por la propia población reclusa: las presas ya han dictado Sentencia haciendo suyo el hijo muerto. Y aunque no creo que la solución para proteger el bien común sea instaurar la pena de muerte pues la sociedad se deshumanizaría al presentar un comportamiento similar al que precisamente pretende punir creo, firmemente, que el único medio efectivo para salvaguardar el orden social y preservar, de este modo, a los más vulnerables es desterrar a quien no está preparado para habitar entre sus congéneres sin atentar contra ellos. No es sed de venganza sino un profundo clamor de justicia. ¿Imaginan cómo nos sentiríamos si, por uno de esos desatinados avatares del destino, se cruzara algún día en nuestras vidas una “Ana Julia”, un “Chicle” o un “Bretón” cualquiera?, ¿acaso no impetraríamos un castigo proporcional a la gravedad del daño sufrido?, ¿de verdad pensamos que nuestro actual sistema penitenciario tiene un fin tendente a la reinserción social del delincuente?, ¿alguien cree que un ser que no tiene escrúpulo alguno en privar de vida o violar a otro puede modificar su conducta?... Perdónenme, amigos lectores, pero no estoy segura de, llegado el caso, poder ser una Patricia Ramírez, un Juan Carlos Quer, un Juan José Cortés o un Antonio del Castillo más aceptando, desde la serena entereza, semejante dolor. No. Prefiero prevenir a tener que llorar… Gonzalo abre los ojos y me sonríe, es cuando le prometo que siempre haré lo que esté en mi mano por protegerlo incluso exigir la prisión permanente revisable. Es mi deber, ¿no lo consideran también el suyo?.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 19/03/2018.

lunes, 12 de marzo de 2018

Llamadme Ismael...


“Llamadme Ismael…” pocos comienzos hay tan famosos en la historia de la Literatura. Con esa frase y no otra inicia, el narrador de Moby Dick, el épico relato de la caza de la gran ballena blanca. Lo que se gestaba en la mente de Melville al relatar, magistralmente, la travesía del ballenero ‘Pequod’ nadie podrá saberlo a ciencia cierta, una obra es tanto mejor cuanto mayor es el número de significados que de ella se desprendan y, es inevitable, cada lector la interpretará de forma subjetiva variando en función de la época, las circunstancias o, incluso, de la personal visión que del mundo tenga quien se sumerja en sus páginas. Aunque parezca obvio que la novela trata sobre la venganza, no puede negarse el paralelismo entre el demente proceder del Capitán Ahab y la moralizante obsesión puritana de los fundadores de las “Trece Colonias”. Para mí es, simplemente, una de las más bellas alegorías de la política humana atemporal, aquella que queda reducida a la pérdida de la dignidad o, incluso, la vida tras los pasos de un líder que hace tiempo sucumbió a la sinrazón llevando al desastre del hundimiento a la nave y a su tripulación. Pienso que la novela, que traspira una gran riqueza descriptiva arrastrando al lector hacia una apasionante navegación por experiencias metafísicas, culminó para su autor con el nacimiento de una criatura monstruosa que lo terminaría engullendo, como a Jonás, mientras a través de sus líneas nos enseña a esperar igual que esperaron atónitos, en medio de tempestades y atardeceres en calma, los arponeros del barco, siempre sometidos a la totalitaria y enfermiza voluntad del Capitán. Apago, hastiada, el televisor y resuena en mi mente, con un eco casi metálico, ese “Llamadme Ismael”… La proyección mediática de lo que han venido en denominar “paro histórico” ha copado la actualidad informativa hasta el hartazgo, postulada como una movilización apolítica en favor de la mujer se invocaba a la unidad frente a no sé bien qué. Han salido así, a la calle, miles de mujeres – no emplearé, deliberadamente, el término “feminista” para no desnaturalizarlo, yo lo soy y nunca permitiría que nadie pusiera voz a mis palabras, no toleraría un trato desigual por mi condición y, por supuesto, no me considero inferior ni superior a ningún hombre como tampoco a ninguna mujer- y han ejercido, quienes lo han considerado oportuno, su derecho a huelga; no haciéndolo aquellas otras que, a su libre criterio, han optado por lo contrario. Yo, el pasado 8 de marzo, desde el profundo reconocimiento y sincera admiración hacia quienes nos precedieron y contribuyeron, con su esfuerzo, a levantar la sociedad actual, lo dediqué a cumplir con mi obligación y no porque me muestre a favor de la discriminación de ningún ser humano, por la causa que sea, sino porque creo que el lugar que cada uno quiere ocupar lo gana con trabajo y con sacrificio. La educación que recibí de mis padres fundamenta una mentalidad crítica hacia todo aquello que pueda venir impuesto y si jamás aceptaría tener un portavoz, no sé por qué extraña razón iba a consentir que lo fuera una “portavoza”. Ya lo ven, no creo en el politizado “apesebramiento” de protestas reivindicativas y cuando, alguna vez, me he sentido víctima de un acto machista y créanme que han sido frecuentes en mi profesión, tradicionalmente masculina hasta hace bien poco, me he defendido, sin perder jamás las formas, poniendo en su sitio al mentecato autor de semejante osadía. Siempre he preferido ser yo quien inicie la solitaria persecución de mi personal gran ballena blanca sin arrastrar a nadie más, especialmente si se torna obsesiva, razón por la que no permito que me incluyan en guerras colectivas con las que no puedo ni debo identificarme. No veo la necesidad de exigir un derecho que ya se encuentra consagrado, ni la de defender de modo colectivo una vulneración individual del mismo. Cada quien, hombre o mujer, habrá de narrar, en primera persona, la historia de su propia lucha pues sólo así se habrá ganado el derecho a ser llamado Ismael…


Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, el 12/03/2018.

lunes, 5 de marzo de 2018

Las cigüeñas burguesas: crónica de dos realidades paralelas.





Es curioso que no haya, en Badajoz, una sola chimenea o campanario que no estén coronados por un nido de cigüeña. Estoy trabajando en la habitación de la última planta del hotel cuando reparo en la existencia de dos aves de regio porte, entorno los ojos intentando agudizar la vista. Hieráticas, sobre sus esbeltas patas, observan desde la altura y, en un alarde de simpleza vital, parecen conformarse con asistir, impertérritas, al discurrir de la vida que tiene lugar ahí abajo. Apenas se mueven, sólo leves giros de cabeza. Me pregunto qué pensarán, si es que piensan, de esos insignificantes bípedos, incapaces de desplazarse por el aire, ajenos a la majestuosidad del vuelo y el planeo. Sí; estoy convencida de que nos consideran inferiores. Vuelvo al café que, poco antes, me ha traído la camarera de planta pero no puedo desprender los ojos de las cigüeñas. Las cigüeñas… esos extraños seres, otrora, migratorios. Es asombroso el paralelismo que encuentro entre ellas, las cigüeñas, y nuestra clase política, también extraña y migratoria. Antes, cuando la temperatura se hacía menos benévola, alzaban el vuelo en busca de climas más benignos: los pájaros hacia África, los humanos hacia la orilla que mayor indulgencia pudiera proporcionar a la bandada. Me sorprende que hayan modificado, dentro de la cadena trófica, sus hábitos alimentarios abandonando el natural instinto de la caza de saltamontes y otros pequeños insectos, peces o anfibios por la placidez del cómodo abastecimiento en basureros urbanos, lugares, éstos, donde con menor esfuerzo se nutren de la inmundicia que les permite dar continuidad a su ciclo vital. Exactamente igual que nuestros políticos que, lejos de batirse en los honorables combates dialécticos de antaño, desde la solemnidad de un hemiciclo considerado el templo de la sagrada representación institucional de todos los españoles, han descendido paulatinamente, auspiciados en su caída por rastas y vaqueros rotos, a la ciénaga del ataque personal, la corrupción y el enriquecimiento propio a costa de los exangües ciudadanos a quienes nos consideran, sin duda, insignificantes bípedos incapaces de desplazarnos por el aire, ajenos a la majestuosidad de su vuelo y planeo en ese cielo de las altas esferas. Sí; nuestros políticos son cigüeñas. Así, el polluelo de la orgullosa cigüeña naranja cuando rompió el cascarón crotoró con fuerza reivindicando su condición para ir variando luego, su plumaje, hacia un tono entre el azul o el rojo, según le conviniera, iniciando una predecible oscilación a fin de saciar la gula acumulada durante su proceso de gestación. En cambio, la conocida como cigüeña de plumaje azul conserva, como principal característica, un severo estatismo pues, a modo de alarde de simpleza vital, se conforma con asistir, impertérrita, al discurrir de la vida que tiene lugar bajo sus esbeltas patas; sin prisas, sin tiempos. La de cola roja, por su parte, presenta mayor similitud con el comportamiento de las avestruces, con frecuencia ni está ni se la espera más allá de mantener la cabeza bajo tierra y sacarla del agujero sólo cuando el hambre aprieta, por contraposición a la más agresiva de la especie, producto de un accidente de la democrática Madre Naturaleza: la morada; ave a la que, hace tiempo, se incluye dentro de las carroñeras por alimentarse de la biomasa en descomposición aunque, dicen los entendidos, se encuentra en vías de extinción dado que, con frecuencia y pese al instinto de supervivencia, los especímenes que presentan algún defecto o tara en su morfología acaban siendo fagocitados por otros. Su fin es inevitable… Elucubro acerca de esos movimientos migratorios y en ambos casos, el animal y el humano, concluyo que el motor de esos ciclos de migración, más que en la temperatura, se explica en el sustento: ¿por qué conseguir con esfuerzo lo que se obtiene sin él aunque sea en un vertedero?. El café se ha quedado frío. El cursor parpadea en la pantalla a la espera de que abandone mis pensamientos y me centre en mi tarea. Las cigüeñas siguen arriba, en su nido, ajenas al discurrir de la vida y nuestros políticos, hieráticos, en el suyo, también ajenos. Es… mi crónica de dos realidades paralelas.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 05/03/2018.



martes, 27 de febrero de 2018

Un enano negro con azogue, una anticapitalista y la clase económica.








Llego exhausta y empapada en sudor a la puerta de embarque: portátil, bolso, trolley -de las dimensiones exigidas por la Compañía para ser considerado equipaje de cabina- a punto de eclosionar, temo que, en cualquier momento, su contenido acabe desparramado sobre el pulido suelo y el abrigo puesto, carezco de brazos ya en los que portarlo. Quedan más de cuarenta minutos para embarcar, saco el portátil y me dispongo a aprovechar el tiempo. Hay más pasajeros, en tránsito, procedentes de otros puntos que también tomarán ese mismo vuelo hacia Roma donde tendré que correr, otra vez, para alcanzar la conexión que me lleve a mi destino. Cada uno está a lo suyo, respiro hondo intentando apaciguar el estrés que me invade cada vez que salgo de viaje: los nervios que genera encontrar el vuelo en las pantallas, la incertidumbre del tiempo que llevará llegar hasta el embarque, no olvidar nada en la cafetería en la que has tomado un café malísimo después de pasar el control de seguridad y recoger todas tus pertenencias de las diversas bandejas donde las has diseminado y que acabas colocando rápidamente mientras te abrasas el paladar con el contenido del vaso de plástico. Es lo que tiene volar en clase económica: cargas con tu equipaje y no disfrutas de una sala VIP en la que amenizar la espera. Reparo en un niño pequeño justo a mis pies, repta por el suelo, se levanta, salta desde un carro porta-equipajes, grita, corre entre quienes aguardan la apertura de la puerta con caras de fastidio ante las molestias que provoca, me pregunto bajo la responsabilidad de quien estará. Consulto el correo. Levanto la mirada justo cuando el niño impacta contra mí golpeando el ordenador, le clavo los ojos entornados mascullando un “nene, te estampaba contra la cristalera como si fueras una mosca”. Se aleja, vuelvo al correo. No advierto que el señor que ocupaba el asiento de al lado se ha levantado hasta que en mi campo de visión entra una manita gordezuela de dedos cortos que invade el teclado golpeando las teclas aleatoriamente, el cursor escupe una hilera indescifrable de símbolos y letras. Pienso en que si aquél enano con azogue no fuera negro – sí, negro, como yo soy blanca o el que no tiene pelo es calvo – hace tiempo que habría puesto el grito en el cielo pero, claro, nos invade cierto pudor cuando el causante de la molestia es diferente. Le sujeto la mano y busco con la mirada a la persona con la que viaja, es una chica que habla por teléfono, al principio creo que es la hermana, no aparenta más de quince o dieciséis años pero no, es la madre, la interrogo con la mirada queriendo saber si piensa o no hacer algo. No suelto la mano del niño y se la exhibo. “¡Ay!, espera, mi ‘amol’ que Alfonsito ‘parese’ que la ha vuelto a ‘lial’ – le dice al auricular con el acento dulzón del Caribe– Ande, mi negro - ¡¿mi negro?!, toma ya y yo con escrúpulos – pórtese bien o no le daré sus chocolates”. El niño rompe en llanto, se tira al suelo y la emprende a patadas conmigo. Ya está bien, hasta aquí hemos llegado, yo soy blanca y el que no tiene pelo es calvo, el nene es un salvaje y ya puede ser verde aguamarina pero yo no aguanto esta tortura más. “Oiga, haga el favor de atender a su hijo”. Es lo que tiene volar en clase económica, ya lo ven. El señor que se sentaba a mi lado ha ido en busca de alguien del personal de tierra que se dirige a la madre llamándole la atención mientras él, en un perfecto inglés pincelado de matices italianos, me explica que el niño lleva con esa actitud desde que salieron de Miami la noche anterior. Sonríe mientras con el mentón me señala el periódico que alguien ha olvidado en el que aparece la foto de una irreconocible Anna Gabriel y sentencia: “Seguro que su compatriota no ha sufrido tales molestias durante su viaje a Suiza”. “Claro –reconozco devolviéndole el guiño- ella es anticapitalista y, sin duda, ya está acostumbrada”.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 26/02/2018.-

viernes, 23 de febrero de 2018

Y lo llamaron “arte”.






No comenzaré, hoy, mi reflexión mediante el ñoño y pánfilo recurso al latín con un encopetado “¡vade retro, Satanás!” ni seré, tampoco yo, quien les espute en pleno rostro pintarrajeado, bajo una lluvia de agua bendita, la amenaza divina de una potencial condena al fuego eterno, a esos esperpentos sobre ingentes plataformas que han encontrado en la blasfemia una fuente inagotable de inspiración carnavalesca parodiando, sin ningún rubor, escenas de una cargada simbología para los creyentes católicos. No. No lo haré y no me disculpo por ello, ya lo ven. Mi crítica hacia todos esos irreverentes que pueblan éste, nuestro país, históricamente aquejado por una recalcitrante mala baba tiene argumentos menos escatológicos y más mundanos y son, entre otros, que como católica empiezo a experimentar un profundo hastío ante la continua ridiculización de mi fe. Aplaudo vivir en un Estado aconfesional que garantice la libertad de credo pero agradecería que, por éste, se reconocieran, también, mis derechos. No hay conflicto posible: una persona puede – para mí perdiendo, con ello, todo sentido del ridículo e, incluso, la dignidad – desvestirse o vestirse como guste, pintarse y/o tocarse con un enorme penacho de plumas para divertimento propio o ajeno haciendo uso de su libertad pero, sin duda, lo que no se puede amparar es que lo haga a costa de la mía, algo por lo que tampoco voy a disculparme. Tenemos la piel muy fina cuando se trata de preservar a ciertos colectivos, llegando incluso a proscribir términos que pudieran resultar hirientes – cuando un imbécil, es obvio, es y será toda la vida un imbécil, no hay más, ni tampoco mayores paliativos para expresar una realidad objetiva: la absoluta supremacía de la imbecilidad más arraigada – pero, en cambio, la manga se torna muy ancha cuando de lo que se trata, en pro de la modernidad, es de denostar la fe católica. Hay quien alude a la evidente cobardía de los autores de semejante oprobio al evitar, en cambio, hacer broma con el Islam, ya sabemos que cualquier afrenta al Profeta se paga con la sangre del infiel; nuestro credo predica el ofrecimiento de la otra mejilla, bien cierto es, pero nada dice acerca de una posterior actuación tras ese doble abofeteamiento siendo esta ausencia de instrucciones lo que me lleva a cuestionarme qué pasaría si, los católicos, haciendo honor a esos retratos costumbristas de la época de Goya que decoraran un día la Quinta del Sordo, recrearan una de aquellas pinturas negras: ‘Duelo a garrotazos’ tras saltar al escenario donde se caricaturiza su fe. Supongo que los titulares serían “brutal ataque homófobo en pleno carnaval”, “ultracatólicos la emprenden a golpes” o “quiebra de la libertad de expresión”. Sería noticia el hecho y lo seguiría siendo, después, las consecuencias judiciales derivadas del mismo. En cambio que, por segundo año consecutivo, unos espantajos afeminados – dado que el uso de otro término no sería políticamente correcto, amén de denigrante – no encuentren mejor modo de hacer el indio que el de desairar y escarnecer al catolicismo no deja de ser meramente anecdótico, transgresor e incluso, pobres idiotas, hasta original. Maravillas del progreso y de su progresía. Y aunque el ‘Drag’ autor de tan provocador numerito blasfemo – “arte” lo llamó - se haya declarado abiertamente homosexual, no caeré ahora en la tentación de hacer chascarrillo fácil de su siempre respetable condición pero sí me permito la licencia, sin tener que disculparme –en Carnaval todo se permite-, de sugerirle otro argumento, en similares términos jocosos y festivos, con el que dar rienda suelta a su, al parecer, monotemática creatividad para el año próximo con una fantasía que bien pudiera titularse “De plumitas y plumones, maquillaje y tacones". Pues si se trata de arte y no puede calificarse de cristianofobia tampoco podrá apreciarse homofobia en su próximo espectáculo. Bondades de la Santa Democracia por cuya intercesión todo se concede, ya lo ven.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 19/02/2018.

lunes, 12 de febrero de 2018

Sin remedio, sin perdón ni futuro, según Lola.


He tenido la prevención de llegar quince minutos antes de la hora acordada pero Lola ya está allí, siempre tuvo esa manía. Está sentada en una mesa de la (nuestra) Plaza del Pósito, donde concertamos vernos unos días antes de su regreso a Jaén después de veinte años, que son los que lleva por esos mundos de Dios, de cooperante en misiones humanitarias. Lola está más vieja, yo también, claro. Estoy a pocos metros y es cuando escucho su cantarina voz “Nene, jomío, dale chisque a eso que me estoy quedando entelería”, le dice al solícito camarero que sube inmediatamente el gas de la estufa bajo la que se encuentra sentada. Con cara de fastidio deja el periódico que estaba leyendo sobre la mesa y es cuando repara en mí, se le ilumina la cara con una amplia sonrisa. Un par de fuertes abrazos después, multitud de besos y expresiones de alborozada y sincera alegría por el reencuentro, nos sentamos y pedimos unas cervezas. Me cuenta que ha venido unos meses para “arreglar papeles” pero que su intención es volver a Mozambique donde colabora en un dispensario que ofrece información y medidas preventivas para combatir el SIDA y otras enfermedades. Cuando le pregunto cómo se ha encontrado la ciudad me mira entornando los ojos –temo lo que pueda soltar tras ese gesto, tan suyo, y me mantengo alerta esperando su respuesta- “Pues… peor que nunca ¿o es que, acaso, tú la ves mejor?. Un tranvía fantasma reconvertido en parking, unas escaleras mecánicas paradas, parques que son verdaderos campos de minas de deposiciones caninas, suciedad en las calles, una circulación rodada poco práctica…” enumera extendiendo sus dedos, largos y huesudos, según va relatando. La interrumpe el griterío de niños jugando entre las mesas, uno de ellos tropieza y acaba sobre ella. El zagal, de unos siete u ocho años, se incorpora y sale en estampida junto a los otros sin disculparse pero propinando un codazo a Lola. “Anda que… menuda educación le están dando al criaturo” y continúa diciéndome que le parece un despropósito las actuaciones que se han venido acometiendo, la emprende inevitablemente con la clase política, se enciende, aún más, con la noticia de la remodelación de la (nuestra) Plaza del Pósito que, al parecer, era lo que estaba leyendo cuando he llegado, no quiero interrumpir su discurso y la dejo explayarse: “…Porque, ea claro, es muy necesario rebajar el desnivel, ¡cómo si esto no fuera Jaén y sus cuestas!, pretenden hacer un pasillo que rodee los bares y locales y cambiar el embaldosado también – me explica -, todo eso es mucho más importante que invertir en mejorar las instalaciones municipales, los servicios públicos o el fomento del turismo… vamos que, la remodelación, es tan útil y precisa como tener unas vías de tranvía sin tranvía… – los niños vuelven a acercarse a la carrera, sorteando camareros con bandejas en alto y clientes, gritando entre empellones y ruidosas carcajadas- … ¡Nenes ya, qué a gusto deben estar vuestros papas disfrutando de su cerveza, cooooño!... – les clava una mirada asesina – En educación, habría que invertir en educación” decreta. “Oye… - es una mujer con cara de enfado que se nos acerca - ¿por qué no dejas tranquilos a los niños? sólo están jugando”, ¡glup!, me barrunto que se avecina el temporal y, antes de que termine de pensarlo, oigo la respuesta serena de Lola que, sin levantar la voz, contesta en tono de hastío “Verá, señora, esto no es una zona de juegos. Quienes venimos aquí es para disfrutar de un rato de ocio y descanso. Me parece muy bien, incluso necesario, que los nenes jueguen pero, claro, sin molestar al prójimo. Supongo que alguno de ellos es su hijo, debe estar usted, sin duda, muy orgullosa de él. Enhorabuena pero, por favor, disfrútelo usted y prívenos al resto, de tan incordioso goce. Gracias”. La atónita madre se da la vuelta, muda, al tiempo que Lola se dirige a mí “¿Qué estaba diciendo…? – frunce el ceño, bebe un sorbo del botellín - ¡ah sí!… ¿y, con este panorama, me sigues preguntando que cómo está Jaén? pues sin remedio ni perdón y creo que aún menos futuro, ya lo ves” y mira hacia los pequeños salvajes que cabriolean, ajenos, entre la sufrida concurrencia. 

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 12/02/2018.

lunes, 5 de febrero de 2018

El profeta postrado.


Estuvo a la altura intelectual esperada, el Magistrado Llarena, rechazando la petición de la Fiscalía de dictar una orden europea de detención contra Puigdemont quien creyéndose el “más listo de la clase” e insultando, con ello, la inteligencia de nuestras instituciones, había urdido la provocación de un viaje a Dinamarca, como burdo medio de forzar su detención y justificar su ausencia en el pleno de investidura pero no sólo no cayó en su trampa la Justicia Española sino que aceleró, drásticamente, el final de la bufonada independentista alentada por la torpeza del Gobierno con una aplicación leve del 155 y la convocatoria precipitada de nuevas elecciones sin haber limpiado la era previamente, lo que culminó, tal y como era predecible, con un nuevo giro de tuerca que nos puso en la antesala del esperpento: la posible investidura telemática de un delincuente prófugo, un holograma, como Presidente de un gobierno autonómico golpista. La sucesión de los hechos – tras haberse cerrado cualquier posible vía de escape decorosa – ha derivado, finalmente, en el “sacrificio” del huido por parte de sus acólitos. “Supongo que tienes claro que esto se ha terminado, los nuestros nos han sacrificado, al menos a mí”, rezaba un desvaído mensaje recibido por Comín de quien, personalmente, sospecho fue el ungido para difundir la mártir revelación - ¿qué avezado político abre el móvil y lee los mensajes sin ocultar la pantalla cuando sabe que a sus espaldas se sitúa todo un ejército de cámaras y periodistas?, ¿intencionalidad u oportuna torpeza?-; unas palabras escritas con los estertores de la resaca del delirio provocado por esa ingesta, ansiosa y temeraria, del proscrito licor en una timba de póker con cartas marcadas que, aun así, ha resultado fallida aunque poco haya faltado, al haber sido inevitable ese recorrido por el filo de la navaja, y cerca estuvo el Gobierno del PP de facilitar a los rebeldes una victoria, sin paliativos, a la que hubieran sacado un gran provecho, en España y fuera de ella, mediante el recurso al indigno arte de la manipulación propagandística en el que han demostrado ser grandes maestros. Los españoles podemos respirar ya tranquilos, el prófugo no será Presidente de la Generalidad, hasta sus correligionarios lo dan por extinto, una felonía esperada como paso previo a la progresiva asfixia de la intentona golpista que fenece ante esa lastimosa mirada que asoma bajo el grotesco flequillo de aquél que, principal instigador, quedará indeleblemente unido, en la memoria colectiva, a los impúdicos adjetivos de “cobarde”, “delincuente” o lo que, sin duda, le resultará al henchido ego de Puigdemont infinitamente más doloroso: “ridículo”, encontrándose abocado a la prisión o a la perpetua huida. Y es que este esperpento de pobre factura ha llegado ya a su fin, el recorrido, aunque corto, ha sido más largo y costoso de lo aconsejable si tenemos presentes los mecanismos legales que el Gobierno de España tenía a su alcance para haber sofocado de manera irreversible esta patochada que, no obstante, podría haber irrogado un insalvable daño a la Nación. No faltará quien se ponga las medallas enarbolando la manida enseña de “quien resiste, gana” o los portavoces del Ejecutivo, felicitándose por su buen hacer, desde la displicente posición que les otorga ese mensaje subliminal que parece guiar cada uno de sus actos “No sabemos que haríais sin nosotros; no nos merecéis, lo sabemos. De nada” pero lo cierto y verdad es que este fracaso se debe, única y exclusivamente, al propio independentismo intrínsecamente traidor en su esencia. Ya se sabe que nadie es profeta en su tierra pero a éste, además, lo han crucificado sus correligionarios a modo de redentor chivo expiatorio por los pecados de soberbia cometidos contra el Padre Estado y la Santa Madre Constitución. Probablemente este desvarío continúe pero, al menos ahora, los instigadores conocen las consecuencias de quebrantar la Ley. No seguirán los pasos de un profeta postrado. Ya no.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 05/02/2018.


lunes, 29 de enero de 2018

El tonto y la ‘verea’.


Categórica es la sabiduría popular, basada en la incunable experiencia del vivir, al rezar “cuando un tonto coge una ‘verea’ se acaba la ‘verea’ y sigue el tonto”... Tras la descarnada pugna a sangre y puñal, ya sofocada, por lo que parecía ser la sucesión de un pretendido Rajoy fenecido, don Mariano, que no se anda con chiquitas, ha firmado cuantas sentencias de ejecución política ha sido menester frente a los osados que amagaron con obstaculizar sus planes de un perpetuo apoltronamiento en el sacrosanto trono de la Moncloa -¡con pistolicas de agua y naricicas de goma le va a venir nadie al gallego!-. Ha sabido dividir, hábilmente, a sus enemigos hasta provocar el recíproco exterminio quedando, siempre, incólume a toda culpabilidad y ya ha confirmado que se presentará candidato para volver a liderar el PP. Un PP que se desmorona bajo unos cimientos pútridos, deteriorados por la carcoma de la corrupción y el estatismo timorato en las labores, legítimamente exigibles por la ciudadanía, del gobierno de una nación soberana más expuesta que nunca a los peligros de su desfragmentación. Ha sido larga la ‘verea’, demasiados años, quizás, en el poder desde que diera inicio su trayectoria a principios de los 80. Una senda transitada en compañía de millones de españoles, ya hastiados, que se han ido quedando en sus márgenes aunque, esto, poco – o nada- le haya importado al andariego que, con paso firme y ajeno a críticas y advertencias, continúa su marcha alentado por los vítores de quienes medran a su sombra. Hoy, tras numerosas derrotas electorales de un desacreditado partido que han encontrado su culmen en Cataluña con un hilarante “entierro de la sardina”, los continuos incumplimientos de promesas electorales garantistas del derecho a la vida o de la lucha contra los herederos naturales del terrorismo etarra y las reveladoras informaciones acerca de una financiación ilegal y del enriquecimiento ilícito de algunos de sus dirigentes, Mariano Rajoy se postula, por sexta vez, como único líder de una institución, fermentada y añeja, que impide el paso a nuevas caras, libres de pecado y merecedoras de mayor crédito, que puedan revitalizar una organización con metástasis aplicando una terapia de choque que limpie el engranaje y recupere el hálito de lo que un día fue, y supuso, el Partido Popular -¡bendito tiempo aquél!-. Pero ya se sabe que “cuando el tonto coge la ‘verea’…” y es, precisamente, ese obcecado empecinamiento en seguir quemando cartuchos, de pólvora húmeda se entiende, lo que está provocando la agonía, una lenta exanguinación de votos que resbalan hacia otras siglas. Un descontento generalizado que invade, incluso, el mecanismo endógeno de la propia organización, también en esferas inferiores: las de las otras ‘vereas’, municipales o regionales, en las que, aquellos a quienes se acusa de insurrectos, se niegan al inamovible estatismo de cargos imperante, a los “dedazos” del amiguismo  interesado y a las predecibles coronaciones de delfines prematuramente endiosados,  los mismos, silenciados, que reprueban la autoritaria endogamia que se retroalimenta del “hoy por ti, mañana por mí” y que, indefectiblemente, se ven, por ello, condenados al vil ostracismo. Y es que el hartazgo aunque ignorado por el instinto de supervivencia de la ególatra cúpula popular es patente entre votantes y militantes que asisten incrédulos a un ceremonioso harakiri pues deben pensar, los impasibles dirigentes, que esa muerte es más honrosa que un abandono del campo de batalla que, en modo alguno, sería por cobardía pues se requiere gran gallardía para reconocer la manifiesta incapacidad propia para seguir tripulando una nave a la deriva que se hunde con el lastre de la negación de lo evidente… y es que la ‘verea’ hace tiempo que se acabó.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 29/01/2018.

lunes, 22 de enero de 2018

Nuestra protección no es su lucha.



Es una tarde de viernes, como cualquier otra, me encuentro absorta en las líneas de un artículo del ‘Irish Independent’ acerca de la temprana e inopinada muerte de la cantante de The Cranberries, icono de toda una generación, la mía, cuando me sobresalta el sonido alertando de que el buzón electrónico acaba de recibir un nuevo e-mail y aunque la lectura es interesante la curiosidad me obliga a interrumpirla, consulto el correo. Es una solicitud de apoyo, a través de la plataforma change.org, a la petición formulada por el padre de Diana Quer quien, bajo el lema “tu protección es nuestra lucha”, solicita apoyos para evitar la derogación de la prisión permanente revisable en los casos de delitos de extrema gravedad. Sin dudarlo la suscribo y explico el motivo, no es una decisión repentina y guiada por la indignación provocada tras conocer los detalles más escabrosos de la actuación de ese psicópata de grandes incisivos que tras su bobalicón rostro, casi cómico, esconde un alma despiadada y enferma. Esta medida coercitiva que entiendo ajustada y proporcionada para determinados ilícitos y así lo avalan sujetos como éste o los protagonistas de numerosas crónicas de sucesos – Bretón, Santiago del Valle, Carcaño y tantos otros depredadores sexuales – que contemplamos, no obstante, desde la poco empática y lenitiva distancia de resultarnos ajena la familia afectada. Fue, cabía esperarlo, el PNV quien presentó una proposición de Ley tendente a la derogación de la pena introducida en el Código Penal por el PP en 2015 – que desaparecerá, si no lo remediamos, en unos días -, castigo éste que, curiosamente, parece herir la extrema sensibilidad, tan cívica y avanzada, de nuestros representantes legislativos que no la de la ciudadanía, pues casi un 70% se muestra proclive a su aplicación, propuesta a la que se unió la totalidad de la “progresía” como adalid de los derechos humanos, la justicia y la reinserción – imposible en estos casos – con la incomprensible connivencia de Ciudadanos, sigo sin comprender su abstención pues no entiendo que un tema de este calado deje indiferente a nadie: o se está a favor o se está en contra, por lo que me inclino a pensar que es un mero acto de cobardía o de pusilanimidad política de la formación redentora que tan mesiánicamente se postula como única alternativa. Con su aquiescencia, los naranjas, avalan la supresión de una condena que apoya la mayoría del pueblo español, posicionándose, junto con el bloque progresista, de parte del delincuente merecedor de una segunda oportunidad que les ha sido negada a Diana, a Mariluz, a Marta, a los pequeños Ruth y José. ¿Alguien, en su sano juicio, puede pensar que alguno de estos asesinos se rehabilitará pudiendo reinsertarse en una sociedad que no esté tan enferma como ellos?, no hemos de perder de vista que las penas tienen, efectivamente, una doble función: la punitiva a modo de expiación por el pecado cometido y que encierra, o se pretende, un efecto disuasorio y la de reinserción mediante una reeducación del delincuente que posibilite la eliminación del riesgo para la seguridad y el orden común. Algo poco probable en este tipo de conductas pero ya lo ven, la mayoría de nuestro Parlamento proclama la abolición de una reclusión a perpetuidad sometida a revisiones, garante de la seguridad ciudadana, en pro de las ‘libertades civilizadas’ y dormirán luego, los señores diputados, plácidamente desde el convencimiento de que contribuyen al sostenimiento de una sociedad desarrollada y moderna, condenándonos al resto a un desasosegado y perpetuo insomnio: nuestra protección, no es su lucha. Mientras termino de escribir el artículo me viene a la cabeza esa estrofa de la canción ‘Zombie’, inspirada en un atentado del IRA, en la que la gran Dolores O’Riordan, tras mencionar como el cadáver de un niño es recogido, se pregunta “¿Quién de nosotros está equivocado?”. Creo que, en nuestro caso, es evidente.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, el día 22/01/2018.

lunes, 15 de enero de 2018

Defender lo público en Jaén: ¿misión imposible?.


Siempre me he sentido – y me sentiré- orgullosa de ser “más de Jaén que Furnieles”. Como enamorada de mi tierra la defenderé a capa y espada pero he de reconocer que cada día se me hace más difícil poner en valor mi ciudad y sus bondades. Los ‘recursos son escasos’, hecho objetivo y totalmente cierto. No podemos ‘esperar milagros’ de quienes los gestionan, habrá de concederse necesariamente pero… se les puede, y debe, exigir una racionalización de su gestión. Lo que no se puede negar, tampoco, es el paulatino efecto disuasorio que, para quienes gustamos de practicar deporte con regularidad en las instalaciones municipales, suponen las dificultades con las que nos venimos encontrando y que terminarán abocándonos al uso alternativo de centros deportivos privados. Cada día, a las ocho en punto, acudo la piscina de La Salobreja, a excepción de los viernes que, al abrir a las nueve, la conciliación con el horario laboral se torna imposible y ahora, al parecer, también tendré que renunciar a asistir los jueves, día en el que los Centros Educativos, con algún Convenio suscrito, llevan a sus pupilos a familiarizarse con la natación. De las seis calles de las que dispone, frente a las ocho de la otra piscina municipal, se ceden tres gratuitamente para uso y disfrute de la jubilosa chavalería a fin de inculcarle la práctica del deporte. Esto es, los usuarios que, por afición o por prescripción terapéutica, abonamos el precio que nos da derecho a hacer uso de la instalación pública a una hora que, es obvio, es la única a la que podemos concurrir, nos vemos en la necesidad de hacinarnos en tres calles. Algo que puede considerarse un dislate, las razones son tan abundantes como abrumadoras y, con frecuencia, dolorosas. Para empezar porque resulta absurdo pretender un uso ‘compartido’ de una calle entre tres o, incluso, cuatro nadadores de un dispar nivel técnico – un involuntario aletazo en la cara por aquí, un accidental palazo en la pierna por allá y un más que irritante entorpecimiento continuo en los respectivos entrenamientos - y es que ésta, señores, es la particular ‘tasa administrativa’ que soportamos por inducir a la práctica de tan saludable actividad a la alborozada chiquillería. Me pregunto si, caso de que esos Convenios contemplaran un desembolso económico por el uso de las calles, se seguirían utilizando tres en lugar de dos o de una; me cuestiono, también, si para evitar este tipo de molestias, los parroquianos “de pago” que concurrimos diariamente, desistiéramos de hacerlo y migráramos, como tengo el convencimiento de que terminará sucediendo, hacia instalaciones privadas  -ya se sabe que en ese sector “quien paga, exige” y que “el cliente, a diferencia del votante que sólo la detenta una vez cada cuatro años, siempre tiene la razón”- resultaría sostenible para el Consistorio tan dadivoso empleo de sus instalaciones. Obviamente, lo imaginarán, ya he cursado la pertinente queja; según mis habituales compañeros de batalla acuática, las suyas – ante esta misma situación o las motivadas por el nivel de cloro o la temperatura del agua - jamás han sido atendidas pero yo, ya lo ven, me niego a resignarme pues cuando se abona un servicio público – y, oigan, lo pago religiosamente – nada reprobable hay en reivindicar su calidad. Defiendo el libre acceso de todo tipo de concurrencia, especialmente de la más joven, como también la práctica deportiva a cualquier edad y creo que no debe ser tan ardua la tarea, ni tan ajena a la gestión de la cosa pública, articular un horario racional de uso, en función de las características y dimensiones objetivas de cada instalación y de sus habituales usuarios, que armonice las necesidades de quienes trabajamos y queremos nadar con las de aquellos cuya jornada lectiva se extiende a lo largo de toda la mañana, optimizando así, quizás, los escasos recursos disponibles ante una creciente demanda. No faltará luego, entre nuestros insignes políticos municipales, quien se rasgue las vestiduras cuando sea galardonado con el dudoso honor de ser el nuevo ‘peor gestor público de España’. Precedentes tenemos y la senda está abierta…

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca, diario VIVA JAÉN, 15/01/18.


lunes, 8 de enero de 2018

Crónica de un bofetón anunciado.




Es lo que tienen las chapuzas. Suelen conllevar que sea, siempre, peor el remedio que la propia enfermedad. La aplicación laxa del artículo 155 por parte de nuestro Gobierno, tan laxa que incluso despertó suspicacias, al menos las mías, acerca de un posible pacto ha supuesto uno de los mayores errores del Ejecutivo pues si ‘Puigdemont I el Huido’ cometió el dislate de proclamar una República Catalana, éste fue superado con creces por Rajoy al convocar unas nuevas elecciones a la mayor brevedad y evitar, así, el “devastador” efecto de una aplicación continuada en la suspensión de la autonomía de la Comunidad rebelde. Las reglas del juego democrático no se ciñen, únicamente, a que la ciudadanía pueda ejercer su derecho a voto con todas las garantías legales sino que, además, pueda –y deba- hacerlo con libertad. El derecho a decidir libremente sobre cuáles sean las mejores opciones y que pasa por la ausencia de adoctrinamiento y el acceso global a la información, el pleno conocimiento de los timos y fraudes y los efectos de los mismos sin contaminación alguna. En las actuales condiciones no hacía falta ser un Séneca para saber que los separatistas jugarían con la ventaja de desempeñar el papel de mártires vilmente zaheridos a manos del déspota victimario. No era posible que tuvieran lugar unas elecciones libres en el mismo terreno de juego previamente excretado y emponzoñado por la basura sediciosa pero había que hacerlo cuanto antes por ese vano temor a la aplicación de los medios constitucionales que podían, quizás, haber hecho merecedor de nuevas críticas al tibio Gobierno del PP. Este remiendo, cobarde y ladino, se podía -se debía- haber evitado con la firmeza y la valentía que otorga el aval de casi ocho millones de votos, reivindicando, sin complejos ni tapujos, la unidad y la soberanía nacional, denunciando las fullerías de los secesionistas, aplicando la Ley y creyéndose el mensaje constitucional de la indisolubilidad de España. El PP, lejos de eso, ha caído en la red de sus propios miedos y ha pagado un alto precio en Cataluña con miles de votos que han migrado hacia otras fuerzas, haítos, sus propietarios, de la corrupción y la pusilanimidad que enarbola la gaviota por enseña. Sí, señores, en Cataluña ha ganado la formación naranja a quien, personalmente, jamás otorgaría mi voto pero de justicia es reconocerle, y así lo hago, a Inés Arrimadas lo que ha conseguido: derrotar a los separatistas en su propio campo, aun cuando, por obra y gracia de nuestra santa Ley Electoral, se vea abocada a continuar en la oposición. Ella ha tenido los ardiles de llamar a las cosas por su nombre, de denunciar los cambalaches de los golpistas y de clamar por la aplicación, sin paliativos, de los mecanismos legales para evitar la ruptura de España. No ha sido “una victoria que celebrarán cinco minutos para pasar luego a la oposición” como clamaba el mal perdedor, ese gigantón de estólida sonrisa cuya envergadura física es inversamente proporcional a su talla intelectual, ha sido una victoria sin precedentes y que ha supuesto un sonoro bofetón en el rostro, cariacontecido, del Partido Popular; el merecido castigo por ese estático ‘dontrancredismo’ de un líder, sin carisma y sin sangre, que está empujando a muchos a un cambio de signo ideológico o, en el mejor de los casos, a la nulidad del voto por ese empecinamiento suyo de no ventilar la casa, añeja y de enrarecida atmósfera cuyos cimientos se asientan sobre las arenas movedizas de la corruptela y la aprensiva cobardía, de Génova, 13. Una de dos: o entra aire fresco ya o el suicidio del PP está próximo eso si, antes, Ciudadanos no lo acaba fagocitando. De momento mi voto será nulo, ya lo ven, llámenlo simple coherencia.


“El honor no espera…” – “Crónica de una muerte anunciada”, G. García Márquez.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 08/01/2018.-