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lunes, 12 de marzo de 2018

Llamadme Ismael...


“Llamadme Ismael…” pocos comienzos hay tan famosos en la historia de la Literatura. Con esa frase y no otra inicia, el narrador de Moby Dick, el épico relato de la caza de la gran ballena blanca. Lo que se gestaba en la mente de Melville al relatar, magistralmente, la travesía del ballenero ‘Pequod’ nadie podrá saberlo a ciencia cierta, una obra es tanto mejor cuanto mayor es el número de significados que de ella se desprendan y, es inevitable, cada lector la interpretará de forma subjetiva variando en función de la época, las circunstancias o, incluso, de la personal visión que del mundo tenga quien se sumerja en sus páginas. Aunque parezca obvio que la novela trata sobre la venganza, no puede negarse el paralelismo entre el demente proceder del Capitán Ahab y la moralizante obsesión puritana de los fundadores de las “Trece Colonias”. Para mí es, simplemente, una de las más bellas alegorías de la política humana atemporal, aquella que queda reducida a la pérdida de la dignidad o, incluso, la vida tras los pasos de un líder que hace tiempo sucumbió a la sinrazón llevando al desastre del hundimiento a la nave y a su tripulación. Pienso que la novela, que traspira una gran riqueza descriptiva arrastrando al lector hacia una apasionante navegación por experiencias metafísicas, culminó para su autor con el nacimiento de una criatura monstruosa que lo terminaría engullendo, como a Jonás, mientras a través de sus líneas nos enseña a esperar igual que esperaron atónitos, en medio de tempestades y atardeceres en calma, los arponeros del barco, siempre sometidos a la totalitaria y enfermiza voluntad del Capitán. Apago, hastiada, el televisor y resuena en mi mente, con un eco casi metálico, ese “Llamadme Ismael”… La proyección mediática de lo que han venido en denominar “paro histórico” ha copado la actualidad informativa hasta el hartazgo, postulada como una movilización apolítica en favor de la mujer se invocaba a la unidad frente a no sé bien qué. Han salido así, a la calle, miles de mujeres – no emplearé, deliberadamente, el término “feminista” para no desnaturalizarlo, yo lo soy y nunca permitiría que nadie pusiera voz a mis palabras, no toleraría un trato desigual por mi condición y, por supuesto, no me considero inferior ni superior a ningún hombre como tampoco a ninguna mujer- y han ejercido, quienes lo han considerado oportuno, su derecho a huelga; no haciéndolo aquellas otras que, a su libre criterio, han optado por lo contrario. Yo, el pasado 8 de marzo, desde el profundo reconocimiento y sincera admiración hacia quienes nos precedieron y contribuyeron, con su esfuerzo, a levantar la sociedad actual, lo dediqué a cumplir con mi obligación y no porque me muestre a favor de la discriminación de ningún ser humano, por la causa que sea, sino porque creo que el lugar que cada uno quiere ocupar lo gana con trabajo y con sacrificio. La educación que recibí de mis padres fundamenta una mentalidad crítica hacia todo aquello que pueda venir impuesto y si jamás aceptaría tener un portavoz, no sé por qué extraña razón iba a consentir que lo fuera una “portavoza”. Ya lo ven, no creo en el politizado “apesebramiento” de protestas reivindicativas y cuando, alguna vez, me he sentido víctima de un acto machista y créanme que han sido frecuentes en mi profesión, tradicionalmente masculina hasta hace bien poco, me he defendido, sin perder jamás las formas, poniendo en su sitio al mentecato autor de semejante osadía. Siempre he preferido ser yo quien inicie la solitaria persecución de mi personal gran ballena blanca sin arrastrar a nadie más, especialmente si se torna obsesiva, razón por la que no permito que me incluyan en guerras colectivas con las que no puedo ni debo identificarme. No veo la necesidad de exigir un derecho que ya se encuentra consagrado, ni la de defender de modo colectivo una vulneración individual del mismo. Cada quien, hombre o mujer, habrá de narrar, en primera persona, la historia de su propia lucha pues sólo así se habrá ganado el derecho a ser llamado Ismael…


Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, el 12/03/2018.

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