Seguir este Blog

lunes, 27 de marzo de 2017

Pagar y aplaudir o pagar y abuchear, pero pagar.




Leía el otro día una crónica que me pareció de lo más interesante. En ella su autora, una gran articulista de opinión, enarbolaba la defensa a ultranza de España a la que denominaba, no exenta de pesadumbre, “esa formidable potencia cultural reducida hoy, por mor de la mediocridad imperante, a una oscura agrupación de taifas”, no pude por menos que convenir con su criterio uniéndome al llamamiento ciudadano, si bien, siendo menos correcta en las formas e, indudablemente, más lenguaraz, osé entonces completar su aserto: “oscura agrupación de taifas regidos por imbéciles y mentecatos que han dilapidado el respeto conferido por la carga histórica y las épicas proezas de nuestros antecesores”. Efectivamente, lejos de ser la gran potencia mundial que un día fuimos, este país se ha convertido, hoy más que nunca, en el patético escenario donde tiene lugar la obra cumbre del teatro del absurdo, donde las víctimas del terrorismo son olvidadas, condenando su memoria a la vergonzosa pervivencia de unos nombres anónimos esculpidos en tristes lápidas de mármol, mientras acercan a sangrientos terroristas, sus asesinos, al lugar donde fueron excretados. Un tramoyista laxo e indolente que se parapeta detrás de unos jueces y tribunales que se ven obligados a poner coto a los amagos secesionistas que él mismo debería sofocar por contar con la herramienta propicia para ello: el artículo 155 de la Constitución Española que, al parecer, no tiene mayor utilidad que la meramente ornamental. Unos representantes públicos, actores protagonistas o secundarios, a quienes no se les puede exigir que cumplan con su obligación, por la que se les paga con cargo a las arcas públicas, pues andan más ocupados en luchas intestinas y disputas de cargos que en sacar a los españoles del atolladero en el que nos dejó hace años la acreditada impericia de un Gobierno demencial. Toda esta trama tiene, sin embargo, lugar ante la atónita mirada de un público que cumple fielmente con su cometido que no es otro que el de pagar y aplaudir o pagar y abuchear. Y ahí vamos, quejándonos del estropicio pero sin abandonar nuestra aburguesada zona de confort, instaurados en una plácida inactividad desde la que criticamos sin movilizarnos, sin reivindicar nuestro lícito derecho a no perder el orgullo patrio que una vez nos legaron, asumiendo dócilmente el derrotista papel de bufones tarados. Pagar y aplaudir o pagar y abuchear pero siempre, irremisiblemente, pagando; pagando las cuentas de la estulticia ajena en connivencia con la propia, ya venga disfrazada de ego, de torpeza, de corrupción o latrocinio aderezado, siempre, con un atrezzo digno de la mejor obra jamás escrita por dramaturgo alguno, para mí, lo más triste es ver el patio de butacas atestado de pasivos españoles que nos limitamos a corear al unísono, cuán rebaño lobotomizado, "¡Qué curioso, qué extraño y qué coincidencia!" tal y como repetían los Martin en La cantante calva. Y mientras, la razón y el sentido común ni están, ni se los espera.

“Pensar contra la corriente del tiempo es heroico; decirlo, una locura.” 

(Eugène Ionesco)

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en Viva Jaén 27/03/17.

lunes, 20 de marzo de 2017

El dudoso honor de ser un dios vikingo.





Tras el estupor que, he de reconocer, me produjo la noticia y llevada por mi natural curiosidad, empecé a navegar por la web, al venir denunciado por una asociación ultracatólica y dada la habitual tendencia a dramatizar los hechos de los que se hace eco, tecleé en el buscador “aborto, Down, Islandia”, el resultado fue un reguero, nada desdeñable, de páginas que recogían, efectivamente, la nefasta circunstancia bajo titulares más o menos descarnados, opté por una publicación médica, es obvia la objetividad que presenta este tipo de divulgaciones frente a la subjetividad de los radicalismos religiosos. Escuchar el cerrado y bronco acento irlandés del ginecólogo Peter McParland exponiendo los datos de que el 100% de los niños diagnosticados con trisomía 21 son abortados en Islandia me dejó atónita, con rotundidad, el doctor afirmaba que “no ha nacido ningún bebé con Síndrome de Down durante los últimos cinco años allí”, para continuar su aserto alertando de que, en esta lucha por “erradicar” a las personas con Síndrome de Down, la República de Islandia no está sola, pues le siguen de cerca otros países, igual de desarrollados –me pregunto si, también, civilizados-, como Dinamarca, en el que en un plazo de diez años no existirán personas Down, Gran Bretaña o Estados Unidos, en los que se estima que el porcentaje de bebés abortados se sitúa en el 90%, concluía, el médico, con una frase que me dio que pensar “podemos y debemos hablar de un genocidio de los niños con Síndrome de Down”, fin del video. En pleno siglo XXI, las grandes Democracias, pues no podría ser de otro modo, reprueban y muestran su apoyo incondicional, respeto y admiración, hacia la Comunidad judía, la gran víctima del Holocausto, con seis millones de exterminados como consecuencia del mayor y más irracional ataque de demencia que jamás haya podido nacer de una mente perturbada, erigiéndose Memoriales e intentando restituir la dignidad a aquellos seres humanos que compartían ciertos rasgos genéticos, algo similar ocurre, en el seno de la Comunidad Internacional, cuando se aborda la “limpieza étnica” de Los Balcanes, tachando de crueldad y de retroceso la persecución de serbios y gitanos, en cambio, cuando se pone de relieve el exterminio masivo de no nacidos a los que se les ha diagnosticado de trisomía, sólo existe una cómplice, vergonzante y silente aquiescencia. ¿Acaso lo que ocurre en Islandia no es sino el vil e inhumano intento de buscar una nueva “raza aria” ajena a alteraciones cromosómicas?, podríamos pensar, entonces, sin temor a equivocarnos que, caso de poder diagnosticarse durante la gestación, otros síndromes como el de Marfan, el de Asperger o el de Raynaud – que yo misma padezco – también esos niños serían abortados. Islandia tiene, hoy, el dudoso honor de ser pionera en esta nueva y execrable purga en la búsqueda selectiva de la perfección genética, pero jamás tendrá el de contar entre sus ciudadanos con un actor, diplomado en Magisterio, como nuestro Pablo Pineda o con una Sara Marín, esforzada gimnasta que lleve a su país el orgullo de los metales obtenidos en competiciones deportivas; la desarrollada pero paupérrima sociedad islandesa juega a ser Dios, un dios vikingo, pero éste no porta un martillo sino una svástica en su brazo. Y ahí lo dejo.

“Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad”.

(Adolf Hitler)

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 20/03/17

martes, 14 de marzo de 2017

La ciudad de los prodigios que diría Eduardo Mendoza.



Suelo salir a pasear los sábados por la mañana, me encanta perderme por las callejuelas de La Magdalena para volver a casa, poco antes de la hora del aperitivo y tomar una caña en alguno de los bares de San Ildefonso. Hoy, claro, no he querido romper mi rutina y tras una errática caminata por una de mis zonas preferidas de Jaén, he ido a parar a la Calle Nueva. Esa misma calle que el anterior equipo de Gobierno – o desgobierno, según se mire, pues para opiniones y gustos, los propios colores – pretendía adecuar, mediante la inversión de 450.000,00 € para hacerla “más accesible, más bonita, más moderna”. Observo las escaleras mecánicas, si hago un esfuerzo memorístico, creo que las he visto en funcionamiento un par de veces desde su instalación y reparo, entonces, en el venerable anciano que, apoyado en un bastón, da inicio a su ascensión por uno de los angostos laterales, lentamente, cauteloso el hombre, palpando con tiento antes de asirse con firmeza a la garrota para tomar el impulso con el que, peldaño a peldaño, coloca su pie derecho primero para arrastrar a continuación el izquierdo, reflexiono: “ACCESIBLE”, lo que se dice accesible… no lo es mucho, el hierático mamotreto de acero ha motivado que el paso quede reducido, peligrosamente, en un 25% en cada uno de sus laterales. Oigo resoplar al octogenario parroquiano que se detiene mascullando ensalmos, cada dos escalones, para recuperar el resuello. Continúo repasando mentalmente las razones invocadas para su instalación: “BONITA”, pese a reconocer que el sentido estético es algo muy subjetivo, no termino yo de encontrarle esa sutil belleza a la estática escala donde se acumula gran cantidad de porquería y desechos, la verdad… ¿”MODERNA”?, tras consultar online el Diccionario de la RAE constato que ningún “pero” puede atribuírsele a esa parte del mensaje con el que se justificó la inversión, pues efectivamente, las benditas escaleras “pertenecen al tiempo de quien habla(ba) o a una época reciente” y, de igual manera, “es contrapuesta a lo antiguo o a lo clásico y establecido”, pese a lo cual vuelvo a preguntarme si realmente era necesaria esta instalación automática, inservible, por el riesgo que representa la altura de sus escalones, cuando se encuentra detenida. El señor mayor acaba, por fin, de alcanzar la cima, se detiene boqueando mientras extiende el cuerpo hacia atrás, en un intento de insuflar a sus pulmones un aire que le ha costado aprehender en su parsimoniosa subida, me dirige una rápida mirada triunfal que acompaña de un esbozo de sonrisa y desaparece tras la esquina. Quiero salir de dudas y me pongo en contacto con la empresa mantenedora, según indican las pegatinas adosadas a la base del aparato, tras unos tonos, me atiende una amable voz que me ilustra acerca de los motivos por los que, aparentemente, el uso de las escaleras elevadoras ha quedado reducido al meramente ornamental, si bien con dudoso gusto en mi opinión, “hace tiempo se averió una pieza y el Excmo. Ayuntamiento no ha considerado oportuna su reparación o sustitución por lo que se ha decidido pararlas por el riesgo que supondría para los usuarios, pero, de cualquier modo se tiene previsto volver a sacar, nuevamente, a concurso el contrato de mantenimiento”, tras dar las gracias por la información al afable interlocutor, retorno a mis cavilaciones: si ese horrible artilugio está ahí para hacer la ciudad “más accesible, más bonita y más moderna” a la ciudadanía y se ha producido una avería, me pregunto por qué no se arregla en lugar de optar por el cese del servicio; si realmente no se ha visto oportuna la reparación, ¿por qué volver a sacar a concurso la adjudicación del mantenimiento de algo que no lo requiere?, ¿acaso si se va a autorizar a la nueva empresa contratista su reparación y puesta en marcha?, ¿serán, quizás, otros los motivos de tan recurrente estatismo?... demasiados interrogantes y pocas respuestas para explicar este nuevo prodigio de nuestra ciudad, cada día, insisto, eso sí: “más accesible, más bonita y más moderna”.

Publicada en la columna Reflexiones de butaca, en VIVA JAÉN el día 14/03/2017.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Todos locos o todos tontos.




El lunes pasado declaraba ante el Supremo Francisco Homs, reo de desobediencia al Constitucional y sedicioso cabecilla en la organización de un pseudoreferéndum ilegal, enzarzándose, con gran insolencia y no menos descaro, con el Fiscal a quien sarcásticamente intentó instruir en las normas de educación que a él le habían inculcado en su casa y que bien le valió una sonora bofetada por parte del Presidente de la Sala: “¡Esto es el Tribunal Supremo y no su casa, señor Homs!”, la irreprimible y estrepitosa carcajada, que se me atascó en la garganta hasta el punto de hacer aflorar las lágrimas, me hizo volver a dispensarle cierta confianza a la justicia, herida de muerte en cuanto a su credibilidad, tras la Sentencia de la Infantísima y consorte. Parecía ya tocar a su fin, así, ese incesante reguero de dislates y disparates que habían venido salpimentando las comidillas parroquianas, cuando el jueves, nuevamente, se me vino a atragantar la concesión, a la etarra Sara Majarenas, quien se encontraba en la cárcel de Valencia cumpliendo condena por su pertenencia al Comando Levante, del tercer grado “a efectos de la libertad condicional” por parte del Juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional. Se justificaba, el Magistrado, en el Auto por el que acuerda la excarcelación de una asesina, afirmando que la etarra "Reconoce el daño causado, la voluntad de desvinculación de ETA reafirmando que su única prioridad y objetivo es el cuidado de su hija" –una oleada de ira incontrolable me ascendió desde el estómago a la cabeza, empecé a notar el martilleo continuo del torrente sanguíneo en las sienes –pum,pum…-¿reconoce?,¿voluntad de desvinculación?, ¿su hija como única prioridad?, ¿dónde están palabras como PERDÓN, ARREPENTIMIENTO, ACTO INEQUÍVOCO DE DESVINCULACIÓN Y CONDENA AL TERRORISMO?, ¿acaso los huérfanos que la mano asesina de ETA ha dejado no eran también la única prioridad de sus padres vilmente asesinados?- para aclarar a continuación que “Deben tenerse en cuenta las circunstancias en que se encuentran en éste momento madre e hija como consecuencia de la agresión externa y violenta que sufrió la menor que hasta dicha fecha convivía con la madre en el Centro Penitenciario (Unidad de Madres) sin que conste el más mínimo incidente al respecto", me vuelvo a indignar y, de nuevo, la sangre caliente galopa estrellándose en mi frente, es cierto que ningún hijo debería, jamás, expiar ni cargar con las culpas y pecados de sus padres, es lamentable también que una inocente niña de apenas tres años, casi un bebé, pasara del módulo de mujeres en el que vivía con la madre al cuchillo vengativo del padre, algo horrible, deleznable y ningún niño debería jamás sufrir esa, ni  ninguna otra, agresión, pero insisto:¿qué pasa con aquellos otros niños a los que la orfandad les llegó de un modo tan cruel como precoz y de los que nadie se ha ocupado?. No comparto, no puedo hacerlo, esta laxitud en el trato a los condenados por terrorismo que invocan cuestiones de una humanidad de la que ellos mismos carecen, que manifiestan “reconocer el daño” por el que ni se arrepienten ni piden perdón, que no censuran sus acciones ni las de sus sanguinarios correligionarios. Me insulta su actitud y me insulta, aún más, la de la justicia, me insultan tanto como un mamarracho pintarrajeado sobre unas plataformas zahiriendo mi fe católica; me insultan igual que lo hace un autobús naranja con absurdas leyendas, frívolas castradoras del almas, acerca del género de niños que, sin duda, sufren un verdadero calvario en el cuerpo equivocado que les dio la naturaleza; me insultan tanto como las manifestaciones recalcitrantemente misóginas de un eurodiputado polaco de impronunciable apellido. Me parecen, todos estos comportamientos, viles y meros ultrajes a la dignidad que me llevan al pleno convencimiento de que, aquí, estamos todos locos o estamos tontos, eso o… es que vamos en dirección contraria.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca, en VIVA JAÉN 06/03/2017


Amores de barra, remiendos de la justicia y otros descalabros de la calle.







Me debato, a diario, entre mis dos pasiones: la toga y la pluma y, últimamente, no sé con cuál me divierto más. Es una suerte dedicarse a lo que a una le gusta así que no me quejaré, al menos no, hoy. Si esperpénticos nos resultan los fallos judiciales que últimamente nos regala la Curia, no es menos vergonzante el demencial panorama político. Buen caldo de cultivo para todos los plumillas que andamos al acecho, en mi caso además, esa mordacidad se ve incrementada por mi condición de profesional del Derecho de modo que, cuando me siento a escribir, antes o después, termina aflorando la vena leguleya que no hace sino afilar las cáusticas saetas de mi prosa, tal como hoy. Defenestrado el pigmeo que quiso jugar a ser Dios -midiéndose con el mismísimo “Dios”- a la segunda bancada del hemiciclo e infligido el cruel castigo del ostracismo por el resto de la camarilla podemita, asistimos a ese almibarado flirteo que tiene lugar entre el entronizado Pablo Iglesias y su nueva vasalla, Irene Montero, uno de esos “amores de barra” de guiños y besuqueos clandestinos que durará lo que dura una noche canalla de copas y desenfreno, léase hasta la próxima purga que tenga lugar con motivo de alguna otra revuelta intestina promovida por unas desmedidas ansias de poder y la pugna de henchidos egos, pero dejemos el Circo de San Jerónimo y vayamos a esa bipolaridad que últimamente detectamos en el Ministerio Público, pues si las críticas le han llovido a Horrach por ser excesivamente laxo, su colega, Luzón, ha dejado claro que pertenece al “black” side, la más plúmbea facción de la Fiscalía, pues no ha dudado en darles, a los imputados de las tarjetas, las suyas, las del pulpo y las que D. Pedro no quiso –o no pudo- arrearles a los de la causa palmesana, absolviendo, así, el primero, los flemáticos pecados del afable segundón. Luego, pues vienen siendo recurrente objeto de chismes y chascarrillos en todos los mentideros de “carajillos” y “chatos” -ya se sabe que un español cuando se atiza un par de tragos sabe de todo y más que nadie- están las fianzas –o desconfianzas- que permiten eludir la prisión provisional, hay quien dice y no exento de razón que son como los pimientos de Padrón, por aquello de que unos entran y otros no, y es que si bien la ley es, sin duda, igual para todos, empezamos a cuestionarnos si la justicia también lo es, sin que por ello, esté justificada la crítica a los jueces y tribunales que se someten en sus pronunciamientos a la legislación, aplicándola con mejor o peor tino, pues son falibles, pero sin poder excederse de lo que las partes le someten a valoración, de modo que si un Fiscal, representante del Ministerio Público, no formula una acusación, difícilmente el Tribunal podrá condenar a un encausado, algo que parecemos olvidar al emitir nuestras recalcitrantes críticas; la justicia está herida, probablemente de muerte en cuanto a su credibilidad, pero puede que debamos cuestionarnos si lo que falla es esa aducida independencia porque ¿se puede politizar al Órgano que vela, precisamente, por la autonomía de los Juzgadores imponiendo la designación de cada uno de sus miembros por afinidades, filias y fobias de los respectivos Partidos que los postulan?,¿acaso el Ministerio Fiscal, representante del pueblo, no está sometido estatutariamente a la dependencia jerárquica de un superior nombrado por el Gobierno?. Seamos serios, señores, y critiquemos las corruptelas, manifestemos las suspicacias y sospechas sólo cuando, efectivamente, tengamos la garantía de que nuestros Tribunales, no responden ante nadie, más allá de la propia Ley y sus respectivas conciencias, aunque mientras tanto, éstos y otros asuntos, seguirán inspirando las comparsas y chirigotas de cada Carnaval, esa festividad que, lejos de culminar con el entierro de la sardina, bien parece haberse instaurado en nuestra vida política y social de manera permanente. ¿Será que, como buenos españoles, nos negamos a dejar de hacer de la crítica nuestro deporte favorito o es, quizás, que la ociosidad tiene estos efectos?.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca en VIVA JAÉN 27/02/2017

Caras de tontos.






Estoy desayunando, como cada mañana, en la cafetería de siempre, suelo dar inicio a mis jornadas entre el cálido aroma del buen café que se sirve allí y el ruidoso entrechocar de loza y cubiertos, una pequeña licencia cotidiana en mi ritual diario. El televisor está, también hoy, encendido, su sonido se percibe amortiguado por el zumbido de las conversaciones que inundan el local. De repente se hace el silencio más absoluto y todos los ojos se clavan en la pantalla, se espera con gran expectación la publicación de la Sentencia del Caso Nóos y los parroquianos andamos con un ojo en la tostada y otro en el plasma. Miguel Roca acaba de hacer su solazada aparición en escena, es el abogado estrella titular de tan real defensa - no podía ser otro, ya con su elección nos mandaban un claro mensaje subliminal, al ser uno de los padres de la Constitución y artífice del sistema de garantías y libertades igualitarias por el que nos regimos desde 1978- bajo cuya batuta se ha orquestado el desfile de rutilantes letrados que, en metódica coordinación, se han ido sucediendo durante las diferentes fases procesales en función de sus cualidades profesionales: el más agresivo en los interrogatorios dejó paso, luego, al minucioso de mordaz inteligencia que evaluaba y empleaba el bagaje probatorio en favor de su defendida -a quien “no le constaba” o “desconocía” casi todo-, reservándose al orador más brillante para el trámite de conclusiones. Pasa, Roca, raudo ante la prensa pero sin disimular su sonrisa y esa actitud de -¡pero qué malpensada!- contenida alegría, la convoca media hora después de cuando se espera la Sentencia a fin de ofrecer sus primeras valoraciones. Continúo deleitándome en ese aceite verde sobre el que acabo de servirme una generosa capa de tomate cuando me sobresalta el acento catalán de Pau Molins –uno de los mediáticos peones en el tablero de la estrategia de marketing vende-burras que nos hemos visto obligados a sufrir durante la larga instrucción primero y las tediosas sesiones de juicio oral, más tarde- que con una mal disimulada satisfacción atiende, locuaz, a los medios, pidiendo calma en la espera e impetrando que, al menos, le concedan el tiempo necesario para “leer los mil folios, según tengo entendido, de la Sentencia”, me atraganto ¿cómo puede saber la extensión de un pronunciamiento antes de que se lo notifiquen?, ¿acaso los Magistrados aperciben a los Letrados de lo que ocupan sus resoluciones? –a mí, desde luego, no-, pero ¿de qué pasta está hecho este hombre para presentarse con tan risueña tranquilidad ante el inminente pronunciamiento que puede dar –¡quia!- con la noble osamenta de su patrocinada en una lúgubre celda carcelaria?, ¿conoce ya lo que el resto de la humanidad aún ignoramos? -¡pero qué forma de recelar la mía!-. Es con posterioridad cuando por fin se conoce el esperado fallo, son las 12.19 minutos y nos desvelan la más que predecible absolución para la Infanta y 6 años de prisión para el consorte del guante largo. Y entonces, rememorando el mensaje navideño de hace unos años, aquél en el que el regio progenitor de la encausada, hoy ya oficial y públicamente absuelta, afirmaba “la Justicia es igual para todos”, me pregunto si eran necesarios la persecución y el vil linchamiento de un Juez que se limitaba a hacer su trabajo desde la independencia de su cargo en base a hechos objetivos y personas; si se hacía preciso un equipo de seis abogados para la defensa de la Sra. Borbón y Grecia, refrendado, siempre, por los postulados del Ministerio Fiscal y el Abogado del Estado que declinaron defender el interés común para asumir, en exclusiva, el de la justiciable, ¿tenían que hacernos pasar por este sainete?, ¿será cierto, entonces, que “Hacienda somos todos” es sólo un eslogan publicitario?. Veo mi rostro reflejado en el cristal de la estantería, presenta, ante la crónica de esta absolución anunciada, la misma expresión que no tardo en descubrir en otros cuando salgo del despacho dispuesta a disfrutar del merecido descanso tras una larga semana de trabajo y es que, después de siete años de tramoya, a los españoles se nos han quedado caras de tontos. Pírrica victoria, ésta, de nuestra justicia.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca en VIVA JAÉN 20/02/2017.


La disputada sella curulis de un dictador.





Era el eco apagado de un sordo entrechocar de astas, la lucha descarnada entre dos machos alfa: ¡¡clac…clac, clac!!, el sonido de la izquierda radical fagocitándose. Empezó como una insignificante disputa de patio de colegio: el tarugo que hablaba con el leño - ¿o era al revés?-, un gafitas sabiondo reivindicando que, pese a ser canijo, también podía, también quería, ser el jefe de la pandilla. Los dos buscando esa alharaca de la que tanto gustan cuando dejan de aparecer en los telediarios durante más de dos días –puro marketing de añejas ideas fracasadas, “progres” deleitándose en la adictiva sensación, hasta entonces vedada para ellos, de pisar moqueta, de acceder al poder, de jugar a ser mayores, de paladear las tentadoras mieles de la cómoda y displicente burguesía-. Parecía estar controlada la situación, apenas si eran unas peleas “de mentirijilla”, le debía hacer gracia al reyezuelo la desafiante actitud del pigmeo, hasta que empezaron a incordiarle las aspiraciones y delirios de grandeza de aquél niño repelente, comenzaba el zagalillo a subírsele a la chepa. La “diferencia de criterios entre compañeros” ha desembocado en un verdadero cisma: el cruento canibalismo entre facciones divergentes, cada uno con sus palmeros, sus respectivas filias y sendas fobias, todo democráticamente orquestado, pues aunque se apuñalen por la espalda, se abrazan luego en público. Con una sucesión de insultos velados, almibarados con el manido recurso al “debate entre amigos”, las camarillas iban tomando posiciones: buenos y malos, propuestas y contrapropuestas, ideas y contraideas, “o éste o yo”... Cebando de este modo su reunión, entre escupitajos cruzados y advertencias solapadas, llegaron a Vistalegre –no podría existir metáfora más desatinada-: y cuando, el que ha venido siendo el incuestionable cabecilla, tomaba la palabra para arengar a sus correligionarios, henchido de sí y encantado de haberse conocido, las enardecidas gargantas podemitas lo aclamaban al grito de “Secretario”, para recibir, más tarde, al neófito aspirante golpista con una exigencia: “Unidad”. Mensaje claro desde el rebaño: no quieren más César que al César. Y declinada, no sin cierto desprecio por el insurrecto, la envenenada oferta de una sucesión pactada a la Alcaldía de Madrid, ante la incertidumbre de volver a portar el bastón de mando por obra y gracia del PSOE –los vientos han cambiado y se barrunta un cambio más al Sur- teme ahora, el pequeño y ambicioso delfín, seguir el mismo destino de los hoy ya fenecidos Monedero, Alegre o Bescansa y aunque no ceje en su pulso, empieza a presentar los primeros síntomas de un cuadro de gastroenteritis aguda. Es el sino inexorable de los inmortales: sólo puede quedar uno, aquél del ego más colmado, el embaucador, el vendedor de humo… el, parece que todopoderoso, sátrapa que impone su voluntad a costa de pírricas victorias, sin importarle qué quede en el camino de su vehemente escalada hacia una autocracia tiránica; un flautista de Hamelín a quien, y pese a estar en mis antípodas ideológicas, imploro para que, tras volver defenestrar a todo aquél que, en un futuro, ose emerger de las bases militantes con la presuntuosa intención de ocupar la sella curulis de “su” partido, se siga aferrando al absolutista mando de “PABLEMOS”, pues bien ha demostrado que es el único capaz de aniquilarlo. Por mi parte sólo me resta ahora decir que mejor antes que después, dado que deber de hacendosa diligencia es, no dejar para mañana lo que hoy se pueda hacer.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca en VIVA JAÉN 13/02/2017.

De bufones asustaviejas y otros sinvergüenzas.





Hace unos días, como cada tarde, me encontraba trabajando en el despacho, inmersa en Códigos y Reales Decretos cuando, sin previo aviso, recibí la azorada visita de uno de mis Clientes de toda la vida. Venía, el hombre, angustiado y tembloroso pues, doy fe, es de los que jamás le han dejado a deber nada a nadie, tras disculparse por lo inopinado de su visita sacó de la chaqueta una carta de un Abogado de Madrid que le apercibía de la inminente interposición de una reclamación judicial en caso de no avenirse a abonar una deuda que, según éste, mantenía con una Operadora de Telefonía a la que había decidido pasaportar, descontento con sus servicios, recurriendo a otra de la competencia – ya ven, caprichos del libre mercado -, insistía en señalarme el párrafo en el que se recogía literalmente: "Una vez obtenida sentencia a nuestro favor, solicitaremos el TOTAL EMBARGO de sus bienes e ingresos por el importe adeudado más un 30% añadido en concepto de intereses legales y costas judiciales", le pregunté si había dejado de atender alguna factura por consumo o por adquisición de terminal, algo que me negó, insistiendo en que era la penalización por incumplir el tiempo de permanencia. Miré al bueno de mi Cliente, una de esas personas honestas que cumplen siempre con sus responsabilidades, lo que, con frecuencia, implica el abuso por parte de sinvergüenzas varios, le sonreí y le dije “Mire Vd, si tuviéramos tiempo y ganas responderíamos a esa carta en los siguientes términos: ‘Distinguido Sr. Letrado: Acuso recibo de su nueva atenta, sobre la que paso a aclararle algunos extremos ante la reclamación  de cantidad que me formula y que en modo alguno adeudo, indicándole que si tan seguro está de la prosperabilidad de la misma, reclámela ya en sede judicial en lugar de remitir tan profusa correspondencia que, le sugiero, bien podía servirse enviar en papel higiénico al que poder darle un uso práctico; en segundo lugar, y ante el improbable caso de que le dieran la razón - algo inverosímil a la luz de la legislación reguladora de la protección de consumidores y usuarios que expresamente proscribe las penalizaciones económicas por incumplimiento de contratos de prestación de servicios de tan dilatada duración-, tendrá Vd que aguardar el transcurso de 20 días hábiles desde el pronunciamiento de la Sentencia, en un procedimiento en el que, por la cuantía, no se devengan costas, tiempo éste durante el que podré o no hacer el abono voluntario, y únicamente en caso de que no cumpliera la hipotética Sentencia - transcurridos esos 20 días y no antes– podría Vd. solicitar, sólo si la deuda excede de 300 €, el despacho de ejecución en el que, efectivamente, se suele presupuestar el 30%, para cubrir intereses y costas, ¿embargar la TOTALIDAD, dice Vd., de los bienes e ingresos a alguien por una supuesta deuda de semejante importe?, permítame que le recuerde, Don Abogado, que ningún Juez en su sano juicio autoriza el embargo de la TOTALIDAD DE UN PATRIMONIO por tal cantidad. Por cierto, si lo que necesita es trabajo, porque debe estar ocioso para perder su tiempo amedrentando a gente honrada que NO ADEUDA ABSOLUTAMENTE NADA mediante inocuas amenazas como esa, le puedo sugerir alguna colaboración con despachos que llevan pleitos de verdad aunque, viendo los escasos conocimientos jurídicos que al parecer detenta, lo mismo sólo le pueden ofrecer el digno oficio de pegar los sellos en los sobres, dado que de cartas, en cambio, sí parece Vd saber mucho. Atentamente y a la espera de su demanda…” Con ello, señores, vengo a decirles que no se dejen amedrentar por ningún bufón asustaviejas  - quien nada debe, nada teme- pues de abusos empezamos a estar hartos y ya se sabe que en tiempos de crisis, aquí, el que no corre, vuela.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca en VIVA JAEN  06/02/2017.

El modernismo liberal que nos hace tan demócratas.






En esta España tan avanzada, tan laica, tan tolerante y tan demócrata, se omite, con frecuencia, que ese respeto impuesto -a “liberal” tuerca, por supuesto, que aquí no se obliga a nadie- a las tradiciones foráneas, consiste en defender –o castigar, según se mire- a quienes buscan cobijo en nuestro país, destino final de su desesperada huida de la miseria y el horror de los usos gestados en el de origen. Así, nuestro Estado, tan moderno y tan respetuoso, en lugar de liberarles del yugo, recurriendo a las útiles armas de la educación y la lucha gubernativa frente a quienes pretenden seguir esclavizándolos mediante el uso, a modo de perverso tentáculo, del nocivo y manido nombre de Alá, se aferra a concederles una libertad de credo que a los autóctonos –católicos, romanos y apostólicos- parece sernos negada. Quienes se sienten zaheridos por un escote, un bikini, una melena sin velo o un maquillado rostro descubierto, y se escandalizan ante un bocadillo de jamón o un buen vino, tendrán, de este modo, justificada la alarmante reacción que su fe ampara; son los mismos que pretenden implantar unas formas medievales –nuestro Estado les concede tal prebenda, ya lo ven ustedes-, mientras se benefician de un sistema de amplias libertades obtenidas tras siglos de ardua lucha, razón por la que se les habrá de negar, necesariamente, ese presunto derecho a imponer(nos) su fe. Nuestro país derramó mucha sangre, con dolor y gran sufrimiento, para librarse de lo que hoy –los progres más reaccionarios pero tolerantes con la pseudoreligión del ajusticiamiento en nombre de Dios- denominan “fanatismo de monjas y curas”… Y  tenemos todos aquí ya muchas ferias para que intenten bajarnos, otra vez, el dobladillo de las faldas o de las ideas. Pero esos demócratas institucionales, defensores a ultranza de una libertad desigual, siguen sin aprender la lección que nos brinda la Historia, olvidando que algunas obras, inspiradores frutos de mentes preclaras, que, a la vista está, supusieron una gran revolución -Copérnico era católico-, fueron condenadas a la pena de la excomunión literaria, desterradas al ostracismo de listas negras o sucumbieron en la hoguera pues la ignorancia o la soberbia, a veces, y la intolerancia -sea del signo que sea o profese la fe que profese- siempre, se erigen en despiadados verdugos de la palabra, la razón e, incluso, de las opiniones discordantes. A pesar de todos esos tribunales justicieros, autodenominados ortodoxos representantes de la ciencia o de la religión desde la cerrazón de su intransigencia; a pesar, también, de los fanatismos de uno u otro credo, negadores de todo lo que pueda desbordar su raquitismo intelectual, esa importada confesión –la mayor merecedora de todos los respetos en este país, por lo visto- sigue filtrándose, ¡bendita ósmosis!, en un adoctrinamiento alienante y reivindicador, porque pese al Ave Fénix que, se postula, pudiera resurgir de sus cenizas occidentalizadas en esa venturosa alianza de civilizaciones, se levanta aupada por el derecho a profesar sus creencias a toda costa, síntoma de una absoluta radicalización, pero cuando, por accidente, florece, en su libertad e individualismo, el católico –ese anacrónico y extraño ser sectario-, sufre el martirio de la bala o de la cruz, y con él fenecen, también, la desprendida generosidad, el perdón y las promesas de redención, ideas arcaicas y retrógradas todas, se entiende. Y aquí seguimos, dándole vueltas a la noria, abjurando del inhumano Torquemada y compañía pero loando al virtuoso Mahoma, pues es, al parecer, lo moderno y lo civilizado. Lo respetable y lo democrático. Y mientras tanto, en el lícito ejercicio del derecho que espero aún se me siga reconociendo, me pregunto qué patria me acogerá, garantizando mi libertad de religión, cuando España se convierta en el recuperado Al-Andalus, pues me temo que pocas son mis opciones.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca en VIVA JAÉN 30/01/17.


lunes, 23 de enero de 2017

Séneca, Pitágoras y las cláusulas suelo.




Hace unos meses nos las prometíamos muy felices pues habíamos evitado unas nuevas y  bochornosas elecciones. Teníamos, al fin, un Gobierno estable y condenado al consenso, pero en un alarde de “a que todavía me supero”, no hay semana en la que no nos desternillemos, por no llorar claro está, a cuenta de las disparatadas ocurrencias de nuestro Ejecutivo. La última, de momento, ya ha provocado un nuevo colapso de las líneas telefónicas en los despachos de abogados que, tras el varapalo dado por la Justicia Europea a nuestro Alto Tribunal, se afanaban con celeridad en reclamaciones de cláusulas suelo, a fin de que paralizaran la interposición de los procedimientos y es que, ahora, el Séneca que nos gobierna en perniciosa connivencia con el Pitágoras que ostenta la oposición política, ha decidido implementar un próvido sistema que evite la saturación judicial, “forzando” -es un decir… entiéndanme- la devolución “voluntaria” de las cantidades cobradas de más a los Clientes por parte de las Entidades Bancarias y esto, dicen, en sólo tres meses, apercibiendo al ciudadano del elevado coste que podría asumir en caso de declinar el ofrecimiento de la Entidad. Es decir, aquellos que, durante años no han tenido ningún escrúpulo para imponer cláusulas abusivas a sus Clientes, han cobrado lo que, sabían, no les correspondía, se han quedado con las garantías de los créditos que, en realidad, no valían lo que sus propios tasadores dijeron que valían y que cuando, humillados y exprimidos los Clientes y atiborrados, los bancos, de inmuebles a los que no podían dar salida, se negaron a asumir las pérdidas, nuestro Séneca, en lugar de exigirles la responsabilidad debida, les inyectó una ingente cantidad de dinero, liquidez que lejos de invertirse en la protección de los famélicos y damnificados usuarios de sus servicios – votantes del Séneca, del Pitágoras y demás morralla multicolor –, se empleó en seguir incrementando sus pingües beneficios, porque ya se sabe que, en España, es la Banca quien decide y el Estado el que otorga, algo obvio si tenemos en cuenta que los principales deudores de los Bancos son los sindicatos y los propios partidos políticos. Pues, pese a todo esto -deben pensar, estos genios, que aquí el personal se ha caído de un guindo- ahora intentan amparar a esos mismos cuatreros implantando un “código de buenas prácticas” cuyo funcionamiento, plazo y resultado están por ver, oigan, lo mismo esta “espléndida” panacea pasa por callarnos la boca ofreciéndonos un innovador televisor de plasma o una elegante batería de cocina, con cubertería a juego y todo, “total -nos dirán- así no tiene que tributar…”, mi respuesta, como obligada y abnegada usuaria de estos demoníacos servicios y, no menos, como indignada profesional del Derecho, es palmaria: “No, mire Vd, mejor me devuelve Vd. mis dineros que ya, si eso, me voy al Corte Inglés y me lo compro allí”. En definitiva, señores, no se dejen engañar por esta falsa quimera de transparencia y buen hacer institucional, si, de verdad, quieren recuperar todo lo que han pagado de más, incluyendo los gastos de constitución de hipoteca como son los de tasación, gestoría, impuestos, Notaría y Registro, no permitan que les den chocolate del loro: declinen cualquier oferta, recurran a un abogado de confianza para ejercer sus derechos y no les tengan tanto miedo ni a las costas ni a los Jueces, después del revés del Tribunal de Justicia de la Unión Europea podemos tener claro que “la Banca, en España, no siempre gana”. Veremos qué hacen los Sénecas y Pitágoras de turno cuando asuman que no pueden seguir insultando nuestra inteligencia con tan piadosas dádivas. ¿Acaso no lo imaginan?.


Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en VIVA JAÉN el 23/01/2017.

viernes, 20 de enero de 2017

El lujo de vivir en España para los autónomos y profesionales.




Acabo de tomarme un paracetamol, a ver si consigo que se me pase la tiritona, la gripe es un exceso que no me puedo permitir, un día de trabajo perdido es un día más de asfixia y angustia calculadora en ristre, pues, mediado el mes de enero, D. Cristóbal ya anda frotándose las manos. Los autónomos y profesionales liberales, esa extraña clase media que “pagamos a pachas” los excesos de un gobierno de Zapatero que nos llevó a la debacle más absoluta y ahora, también, las promesas huecas de otro que, en el fondo, nos anima a seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades, somos los más castigados en esa contribución nuestra al Erario Público desde que recibiéramos el castigo divino de ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. Así, el paisano Montoro, decidió ampliar el margen del déficit de las autonomías del 0,3% al 0,7%, entre otros “ajustes” que, en definitiva, somos nosotros, esa extinta clase media de despertador y eternas jornadas laborales, quienes tendremos que sufragarlos. El Gobierno que se postulaba en su día como el gran libertador al preconizar, como único medio posible, la bajada de la presión fiscal para fomentar el crecimiento de la economía – bendita sea la demagogia y benditas sean, por siempre, las promesas electorales -, se descuelga con una subida de impuestos, una deuda insostenible y un déficit incontrolado que bien le ha valido el oportuno pescozón de Aznar, pero lo peor ha sido ese anuncio, realizado con el inconfundible acento - tan catalán, tan nasal- de Dolores Montserrat, Ministra de Sanidad por obra y gracia de D. Mariano, de la disparatada idea de hacer, también, progresivo el copago farmacéutico a los pensionistas, toma ya, no es suficiente con toda una vida de esfuerzo y de trabajo para hacerse merecedor de una pensión, propia de “ricos”, esto es,  más de 30.000 euros anuales, sino que precisamente el premio es pagar, por todo, más que nadie. Claro, se entiende, es mucho más popular demonizar al “rico” que realizar recortes en el gasto público y mientras tanto, “los de arriba” se congratulan que ya pasamos de los “brotes verdes” a “España va bien” y suma y sigue, viviendo a crédito y endeudándonos más de lo que, la prudencia nos indica, es lo aconsejable. Que los números no salen, nueva canonjía, siempre a cuenta de esa sufrida clase media, son muchos los servicios que han de mantenerse, instituciones, organismos, funcionariado, cargos de confianza, curiosamente todos necesarios e imprescindibles. Y mientras continúan tirando con pólvora del rey yo me pregunto qué será lo próximo, pues cada decisión gubernamental supone una nueva tajada de “esa libra de carne sin hueso” que se llevan, sosteniendo las arcas de un Estado que no parece tener freno pero trabajando sin parar para ver, cada día, un poco más menguados nuestros ingresos pues muchos son los gastos sociales, esquilmando trimestralmente nuestros ahorros y apretando un poco más la soga hasta que el último de nosotros desaparezca o se den cuenta de que nada hay más perjudicial, para el desarrollo económico, que castigar a los verdaderos motores de la riqueza. Pero mientras tanto, para el autónomo o el profesional liberal, vivir en España es todo un lujo. Paciencia y salud.


Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, VIVA JAÉN 16/01/17.

lunes, 9 de enero de 2017

El año que dejó huérfana a la Generación Perdida.


Me siento tranquila, al abrigo de esa placidez, casi irreverente, de los días “tontos”, esos días laborables en fechas navideñas en los que, como hoy, poco o nada se hace pese a no ser festivo, en la terraza de una cafetería del centro, aprovechando los últimos rayos de un sol tenue de invierno. Pido un café y enciendo el e-book para sumergirme en una vida, más allá de la real, en la que una puede ser lo que se le antoje. Un niño pequeño – de apenas cinco o seis años – se estampa contra el respaldo de la silla, debía ir distraído o no tiene una buena visión con el casco de Darth Vader que lleva, la madre lo sujeta por el hombro: “Mira por donde vas, hombre. Disculpa” me dice; el niño me mira, o eso intuyo, y balbucea un tímido “Perdón” amortiguado por la máscara. Le acaricio el hombro mientras le contesto “No pasa nada, ha sido sin querer. ¡Que la Fuerza te acompañe, joven Padawan!”, lo veo alejarse mientras mueve la espada láser, a modo de saludo de despedida, girando un par de veces la cabeza antes de desaparecer de mi campo de visión. Me ha traído recuerdos, me he visto a mí misma, también con el casco de Darth Vader, asistiendo al estreno de lo que sería el inicio de una mítica saga en el teatro Asuán, a finales de 1977. Pienso en aquellos años y pienso, también, como el 2016 ha sido el que ha dejado huérfana a la Generación Perdida, esa que integramos los que ya hemos cruzado el umbral de los 40, también llamada X. Es mi generación, a la que el pasado año nos ha despojado del traje de Peter Pan para asestarnos los mazazos de la desaparición – escalonada bien es cierto aunque no por ello menos dolorosa – de los iconos de nuestra bisoñez.
Perdimos primero a David Bowie, inspirador de esos estilismos imposibles durante los 80 al grito de “We can be heroes… just for one day…”, apenas nos estábamos recuperando cuando nos sorprendió la muerte de Manolo Tena y días después la del inimitable Prince, ese necesario enfrentamiento con la realidad nos iba haciendo conscientes de que parte de nuestra adolescencia y primera juventud se iba agotando, como la silenciosa arena que se desliza implacable del compartimento superior al inferior, provocando la angustia del inexorable paso del tiempo en el reloj. Con Leonard Cohen, el poeta de la voz rota, pensábamos – pobres ilusos – que se daba por concluida la siniestra pléyade de óbitos e intentábamos conservar, a duras penas, la imagen nítida en nuestra memoria de los últimos rescoldos que nos transportaban a aquellas tardes de primavera en las que todo eran canciones y reuniones con amigos, cintas rebobinadas con bolígrafos Bic y las primeras cañas. Acababa, casi ya, el año cuando lloramos con el entrañable “Last Christmas” de George Michael, esta vez, siendo más conscientes que nunca de que fueron sus últimas Navidades y lo peor aún estaba por llegar, aun cuando se nos venía anunciando que, tras sufrir un infarto en pleno vuelo, la Princesa Leia se debatía entre la vida y la muerte en un hospital californiano, fue el desenlace fatal lo que nos hizo llorar la marcha de la hermana melliza de Luke Skywalker que ya forma parte de las estrellas de esa galaxia muy lejana… la de nuestra cándida adolescencia.
Apuro el pitillo y pienso en aquél magistral ensayo de Unamuno en el que describía su tiempo, un tiempo triste que es el mismo que se sigue expandiendo más de un siglo después, “Extiéndese y se dilata por toda nuestra sociedad una enorme monotonía que se resuelve en atonía, uniformidad mate, ingente ramplonería. Todo por empeñarse en disociar lo asociado y formular lo informulable… (…) … Las fuerzas más frescas y juveniles se agotan en establecerse en la lucha por el destino. Se ahoga a la juventud sin comprenderla”  y de repente también me siento vieja.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca,  VIVA JAÉN 09/01/17.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Para después de las Fiestas.



En esta sociedad, tan plural como moderna, en la que vivimos todo está estereotipado. Son las convenciones y formulismos instaurados los que con frecuencia, quizás más de la que sería aconsejable, nos hacen caer en cierta inercia gregaria abocada al más profundo de todos los apáticos estatismos, olvidándonos del fondo pero cumpliendo escrupulosamente con la forma. El pasado día 8 de diciembre – para muchos Día de la Inmaculada Concepción- dio inicio lo que se conoce como “las Fiestas”, ese, tácitamente adoptado, período comprendido entre este día y el 8 de enero en el que la actividad, en general, se paraliza, al menos la burocrática, puesto que la social sufre uno de sus máximos repuntes. Así, mientras todo son comidas, cenas y reuniones con familia y amigos que terminan, irremisiblemente, con alguna que otra copa de más – se entiende, estamos “en Fiestas” -, la actividad laboral cesa, cualquier atisbo de trabajo, durante la jornada habitual, se queda congelado porque ya se sabe que “estas fechas son muy malas, ya si eso… para después de las Fiestas”… Y, mientras, yo que me declaro abiertamente enemiga de cualquier cliché social, ya sea el “para cuándo el novio”, “cuándo os casáis” o “vamos con los niños que se os va a pasar el arroz”, todas esas expresiones socialmente admitidas como síntoma de educada consideración e inocente cortesía que a mí me parecen una forma velada de meter las narices donde a uno no le llaman y no merecen mejor respuesta que “y a Vd. que le importa, oiga”, empiezo a experimentar algo similar con “las Fiestas”: cuanto nos rodea, por perentorio que pueda ser, pasa a un segundo plano pues aquí lo que prima es el jolgorio y la algarabía y es cuando me pregunto si, en realidad, no será la excusa – perfecta – para disfrutar de esa alegre gandulería que tanto nos atrae a los españoles. Los autónomos y profesionales liberales no podemos dejar de atender un asunto urgente porque “estemos en Fiestas” – más allá, claro es, del 24, 25 y 31 de diciembre y los consabidos 1 y 6 de enero, si no fallan las matemáticas se trata de cinco días -, pero para la generalidad, durante todo un mes no existe nada que no sean “las Fiestas”… En esta España de arraigada tradición y creencia católica es preceptivo conmemorar el nacimiento del Mesías Salvador, congratularnos por la venida al Mundo de ese Redentor durante la Misa del Gallo, a la que la gran mayoría no asiste por encontrarse, precisamente, celebrando “las Fiestas” y digo yo ¿por qué, para no herir la susceptibilidad de los practicantes que viven con fervor el sentido de la Navidad – Natividad del Señor -, no elegimos otra fecha para esta ociosidad beoda que tan fraternales sentimientos nos inspira al poseernos con esa desaforada tendencia a la falta de mesura en el comer y el beber en compañía de personas a quienes no vemos el resto del año?. Bastaría con sustituir las tarjetas, cada vez más ausentes en el correo postal que se ve desplazado por el electrónico, que representan helados paisajes por otros más florales que nos evoquen el final del invierno por ejemplo, podríamos celebrar, en su lugar, otras “Fiestas”: las de la primavera, total, si aquí al parecer, la razón que nos mueve es buscar la excusa para dejar de cumplir con nuestras obligaciones, al menos así gozaríamos de una mejor temperatura – con lo que nos gusta clavarnos en las terrazas al amor de esa caña fresquita -, eso o sustituir el cargante “para después de la Fiestas” por – como decimos en Jaén – “para cuando cobre la aceituna”, el efecto es el mismo: dar a entender al receptor del mensaje que no se tiene la menor intención de acceder a su solicitud. Así que, en contra de ese vacío protocolo socialmente instaurado con independencia de su significado – no importa qué se celebra, lo importante es celebrarlo-,  mis deseos para ustedes en estos días: que el Niño les bendiga desde el pesebre colmándoles con todos los dones que puedan desear y que el Nuevo Año nos sea propicio y nos permita, al menos, “cobrar la aceituna”, aunque sea “después de las Fiestas”.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca en VIVA JAÉN, el 19/12/2016.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Intxaurrondo, ese último bastión de honor y dignidad que resistió a Caín.


Fue durante la sobremesa de un caluroso día de agosto, apenas si tenía seis años pero mi recuerdo es nítido, los juegos y risas infantiles con mis hermanas se vieron interrumpidas por la melodía del avance informativo de la 1 – no teníamos entonces tantos canales -, la afectada presentadora comunicó la perpetración de un atentado en el aeropuerto de Sondica con el resultado de tres guardias civiles heridos, uno, finalmente, muerto. Su nombre: Antonio Nieves Cañuelo. Jamás olvidaré la reacción de mi padre al levantarse y dar un fuerte puñetazo contra la pared que hizo volar un cuadro próximo, derrumbándose, después, abatido sobre un sillón. Recuerdo también sus sollozos, no lo he vuelto a ver llorar. ETA había matado a Antonio, quien unos años antes, pocos, había sido su alumno. La serie “El Padre de Caín”, basada en el libro del mismo nombre de Rafael Vera ha levantado, me ha levantado, ampollas. Los llamados “años de plomo” no tuvieron, en realidad, esos efluvios tan románticos como edulcorados que se desprenden de una ficción con cierta, pero lejana, inspiración en el sufrimiento de 209 familias que dejaron a algún miembro en el País Vasco, 100 en Intxaurrondo. Asistí, atónita, a ese alarde de equipamientos de protección de los ficticios agentes de la Guardia Civil protagonistas de esta versión televisiva: cascos, chalecos antibalas, guantes anti-corte y vehículos blindados que aparecen, flamantes, en esa simulada recreación de lo que fue un infierno para ellos, los auténticos, para sus familias y para todos los españoles de bien. Me cuenta hoy, exhibiendo las cicatrices que la metralla de la muerte de sus Compañeros dejó en su alma perforada quien prestó servicio allí en los 80, que tampoco jamás se empleó la tortura, no era precisa, cuando detenían a un terrorista, éste, después de esputar su desprecio con el consabido “txakurra” – perro – en un último estertor de ese odio lentamente inoculado en ikastolas y solidificado, más tarde, en herriko tabernas, terminaba orinándose en los pantalones confesando lo inconfesable, incluido las más oscuras y viscosas miserias de su progenitora, tal era la ‘valentía’ de estos asesinos al verse acorralados. Tampoco es cierto que se celebraran esos fastuosos funerales; en Intxaurrondo tenían su propio Capellán castrense, para no despojar al caído de ese último honor póstumo de cubrir su féretro con la bandera por la que había entregado su vida en cumplimiento del deber, pues con frecuencia los sacerdotes exigían que la misma se retirase del ataúd durante sus exequias como modo de “evitar hacer política en la iglesia”, la misma iglesia que, días antes, había cobijado a terroristas “acogidos a sagrado”. Esos asesinos confesos, de cuyas fauces aún gotea la sangre de sus víctimas, ocupan hoy cargos en las mismas Instituciones Públicas de las que una vez abjuraron, cuyos sueldos pagamos todos; los asesinados – esos grandes olvidados del Estado – yacen en sus tumbas, tras clandestinos funerales pagados por sus familias, que han asistido impotentes a una doble ejecución: la de la bala y la del olvido, siendo ésta última la más cruenta. No hablemos, pues, de “guerra sucia”, ni tan siquiera de “guerra”, se trató de viles asesinatos de inocentes que llevaban, digna y honradamente, el pan a su casa. Mantengamos el decoro en memoria de nuestros muertos. Y aunque es cierto que ETA ya no mata, esto no absuelve al Estado del pecado del olvido de sus víctimas. Permítanme que hoy, mientras escribo estas líneas, me hierva la sangre pero es que yo la tengo verde. Hay que tener honor, mucho honor, para tener delante a Caín y no descerrajarle dos tiros entre los ojos. ¡Viva siempre, honrada, nuestra Guardia Civil!.

In memoriam de nuestros héroes caídos.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en VIVA JAÉN el día 12/12/16.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Ni pan, ni libertad, miseria y hambre en el Edén de Pepo.



“Ni pan sin libertad, ni libertad sin pan”, proclamaba el Comandante en Jefe, Fidel Alejandro Castro Ruz, el 24 de abril del 54, erigiéndose así en el líder de una victoriosa revolución libertadora que pondría fin, no ya al cambio del yugo imperialista tras la pérdida de Cuba por España, sino al descarnado latrocinio de Batista y la fallida toma de posesión, luego, de Rivero Agüero. Tras numerosos intentos de quebrar el espinazo de la oligarquía cubana, finalmente fue un abogado, ajeno hasta entonces a las ideas comunistas y de origen español, quien se convirtiera en el instaurador de una “pseudodemocracia” que pronto se despojaría de su máscara: fusilamientos masivos, expropiaciones colectivas, provocaciones continuas a Estados Unidos bajo el auspicio de la antigua URSS o desesperados éxodos clandestinos de familias enteras. Pero de las numerosas tropelías cometidas por este ególatra dictador, sin duda, la peor fue el secuestro de su propio país, a aquél Edén, a cuyo malecón se han dedicado tantas estrofas acompasadas, en cálidos ritmos, con el secuenciado arrullo de las olas, en estrelladas noches de sabor a ron, tabaco puro y sinuosos bailes de negros, se le extirpó, con la crueldad del carnicero, toda posibilidad de futuro, de progreso, con el fulminante cierre de fronteras. El encarcelamiento indiscriminado y la tortura arbitraria supusieron la aniquilación de cualquier vestigio de libertad y democracia. Ese reparto, equitativo, de la más absoluta miseria que muerde las entrañas de los cubanos hasta provocar la desesperada venta de su belleza de ébano, caribeña y sensual, a turistas sin escrúpulos a cambio de un puñado de monedas que mitiguen su hambre. Hambre prolongada a lo largo de los años en los que el gigante barbudo, henchido de sí, denostador impenitente de ese capitalismo en el que él mismo vivía instaurado, rodeado de lujo y placeres carnales y desde el que cargó, impune, sobre las magulladas espaldas de sus compatriotas, el triunfo de su revolución: un satrapismo burgués, tirano y despiadado que se transmitió con el relevo del poder a su hermano, Raúl, infame custode del legado conferido y a quien esa agónica revolución ha encomendado el vergonzante cometido de amnistiar los execrables crímenes que pesan sobre la memoria de Fidel, que era ya la de un muerto en vida desde que se retirara de la vida política para refugiarse en la comodidad del chándal. Mucho se ha especulado, desde entonces, acerca del delicado estado de salud de Castro y muchos, también, han sido los frustrados amagos especulativos, con su esperada muerte, de libertar del exilio en Miami a millones de cubanos que hoy celebran la auténtica liberación de su isla, tras el estertor de uno de los últimos reductos de la autocracia más deshumanizada y nociva de nuestra Historia Moderna. Salvas de honor y una fastuosa procesión de sus cenizas por tierra cubana,  exequias en una tierra prometida para unos, que ansían volver allí de donde jamás quisieron huir, sangrante de infortunio para otros que, desconocedores de la existencia de algo más que carestía y penuria, lloran al opresor, aquejados de ese síndrome de Estocolmo que implica el desconcierto, el miedo y el desasosiego de no saber gestionar una libertad de la que han estado privados. Miro a los ojos risueños, pequeños y negros, de Pepo, mi amigo cubano, jamás han perdido su brillo pese a las innumerables arrugas que los enmarcan, desde su marcha, en balsa, de La Habana con una bolsa de plástico que contenía todas sus pertenencias atada a la trabilla del pantalón, hace hoy más de cuarenta años, eleva un vaso con ron de caña mientras me dice, sin dejar de sonreír: “Tanta gloria lleve, como paz nos deja el Comandante, ¡salud, mi amol!” engullendo, de un trago, el dulce licor de su anhelada felicidad.

Publicada en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en VIVA JAÉN el 05/12/2016

lunes, 28 de noviembre de 2016

De la biliosa obscenidad mortuoria, ese deporte nacional tan nuestro.



La vida política se paralizó el pasado miércoles, ante el abyecto y repentino fallecimiento de la ‘Alcaldesa de España’. El, ya maltrecho, corazón de Rita también le jugó una mala pasada y decidió abandonarla a su suerte, como hiciera antes su Partido, el mismo al que consagrara su vida y que terminó arrebatándosela, quizás, del modo más indigno y deshonroso para todo político de raza, al desterrarla al sombrío reino del ostracismo y la fría indiferencia, antesala anunciada del patíbulo en el sacrosanto escenario de la res publica.
No faltó el execrable desaire de unos refractarios enemigos políticos incapaces de estar a la altura de un respetuoso minuto de silencio en memoria de la difunta, aunque no creo que a ella le importara un bledo, acostumbrada, como estaba, a lidiar en fieros combates dialécticos de los que salía airosa esgrimiendo, con gran temple y maestría, las letales armas de una aguda inteligencia y ese sarcasmo, tan corrosivo como certero, que zanjaba toda disputa con similar efecto al de la plúmbea descarga del bofetón dispensado con un puño de hierro, creo que, por el contrario, lo que, con toda probabilidad, hubiera desatado su furia habrían sido las aduladoras palabras farisaicas de sus antiguos compañeros de filas, sepulcros blanqueados y esperpénticos portavoces de la hipocresía más baja y rastrera, defendiendo la honestidad de aquella a quien despojaron, a jirones, de presunción de inocencia y militancia, a modo de leal ofrenda por ese victimario ávido de ocupar el Gobierno que proclamaba, en escrupulosa observancia del pacto alcanzado que lo elevara al poder, la cruenta extirpación de los viscosos tentáculos de las corruptelas. Ese mismo trilero del verbo que, tras vocear la irremisible expulsión de la “presunta corrupta”, vino el miércoles a justificar, con gesto adusto, el destierro infligido por el todopoderoso PPadre como único medio de evitar el previsible linchamiento mediático de la finada. Alguien dijo, una vez, que “en política, hoy ERES y mañana, ERAS”, yo me atrevo a afirmar, “hoy ERES y mañana ERAS, salvo que te mueras, pues entonces SIEMPRE SERÁS” y es que en esta España nuestra, la biliosa obscenidad mortuoria, ese deporte nacional tan nuestro, nos lleva a lapidar al “culpable sin juicio” para canonizarlo tras su muerte, pasando, así, de ser despiadados verdugos para convertirnos en dolientes plañideras, desdiciéndonos, sin pudor, de lo que dijimos para culpar de nuestros propios actos a quienes, adversarios naturales, carecen del mínimo poder para producir tan deletéreo daño. Y es que así somos, fuimos y seguiremos siendo, siempre, los españoles.

DEP, Rita Barberá Nolla - Eterna "Alcaldesa de España".

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, de VIVA JAÉN el 28/11/2016.


                                                                                                                                                      

lunes, 21 de noviembre de 2016

El monstruo que ya no vendrá a verla.




En ocasiones como ésta, la empatía no resulta suficiente para llegar a comprender el dolor ajeno. Dolor de una niña a quien, del modo más despiadado, cruel y atroz, le han arrebatado la infancia y dolor, también, de la madre que le dio la vida. Una vida resquebrajada a los 11 años, cuando comenzó a sufrir, en silencio, el más humillante de todos los abusos, infligido por quien debía protegerla, aun a costa de la propia existencia: su progenitor, discúlpenme si no lo llamo padre pero el término le viene muy grande a un ser capaz de encontrar el disfrute en lascivos tocamientos realizados a su propia hija. No puedo imaginar el sentimiento de vergüenza, de repulsión y de angustia que la criatura debió experimentar, ni las amargas lágrimas engullidas bajo la mordaza que la ha atenazado durante cinco años. El miedo, su miedo, esa pegajosa sensación que se va apoderando, lentamente, de tus músculos hasta paralizarte y que nadie debería jamás experimentar, mucho menos un niño. Leí, estupefacta, la terrible noticia y si cualquier daño a un menor me parece execrable, éste constituye la peor de todas las aberraciones que un ser humano pueda cometer. Pese a que resuena aún el estallido, no termino de digerirlo, no puedo, no DEBO, pues no escandalizarme ante semejante oprobio significaría que me estoy desnaturalizando, que paso a engrosar esa larga lista de enfermos sociales que hacen víctima de su delirio, siempre, al más vulnerable. No soy penalista, nunca lo he sido, ni pretendo tampoco serlo ahora, pero habré de reconocer el éxito profesional del abogado que ha conseguido semejante reducción de pena quedándose, el tiempo que el autor de tan reprobable conducta deba estar confinado, precisamente, en la mitad del que su hija vivió en el infierno: sólo dos años y medio, una indemnización - ¿tiene, acaso, precio la feliz infancia? -, la privación de la patria potestad - ¡qué menos! – y una orden de alejamiento por ocho años a partir de su excarcelación. Me pregunto si no sería más justo aplicar la Ley del Talión... Hoy, mientras escribo estas líneas, a la pequeña valiente le deseo que el maravilloso resorte de autoprotección llamado memoria selectiva cumpla pronto con su labor; la serenidad y el consuelo que otorgan la certeza de que el monstruo ya no vendrá más a verla y, también, que llegue el día en que, ojalá, comprenda que si la Naturaleza erró al darle semejante padre, Dios la ha compensado con la mejor de las madres, a quien le muestro mi sincera admiración por la entereza y el coraje que sólo aquellas a quienes llamamos ‘MAMÁ’ poseen y que, instintivamente, enarbolan ante el ataque a un hijo; no quiero, tampoco, olvidarme del delincuente confeso de semejante brutalidad, para quien ruego que el tiempo de prisión le sea propicio y no se convierta en un averno habitado por malignos espectros al acecho, durante las horas tristes de oscura soledad, de obsequiarle con la misma acción de su propia culpa; pido porque la indeleble huella de su pecado lo acompañe hasta el último de sus alientos y que, más allá de esta falible justicia humana, purgue un día su doble falta: la cobarde dejación en sus deberes de padre y la de la vileza de romper la vida de aquella por quien debió estar dispuesto a perderla. Dijo, una vez, Jean A. Petit – Senn “los hijos se convierten para los padres, según hayan recibido, en una recompensa o en un castigo”… ¿le serán suficientes treinta meses para reflexionar sobre ello?. Que la culpa lo ampare: salud y larga vida.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en Viva Jaén 21/11/2016.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Desiderátum: el Presidente con nombre de pato que nadie recordará.





Si Stephen Grover Cleveland, quien fuera el 22º y 24º Presidente de los Estados Unidos de América, Demócrata, para más seña, que será siempre recordado por su lapidaria frase “solo tengo algo que hacer y es hacer lo correcto”, hubiera considerado que lo acertado no era masacrar a los apaches bajo el mando de Gerónimo, auténticos nativos de las tierras norteamericanas, como medio de erradicar la molestia que los asentamientos indígenas suponían para la progresiva colonización blanca del Oeste, sino construir muros que impidieran el acceso a inmigrantes de modo que a un tal Friedrich Drumpf, alemán llegado en compañía de su esposa, también alemana, en 1885 a América, en lugar de permitirle su naturalización, años después, como ciudadano americano se le hubiere deportado a su país de origen “por delincuente”, estoy segura de que el más ario de los norteamericanos, Frederick Trump antes Friedrich Drumpf, no sería el abuelo del nuevo Presidente de Estados Unidos. Ese histriónico teutón – por carácter y genealogía - hilarante en su comportamiento, misógino convencido, racista proclamado, clasista confeso y homófobo impenitente que se auspició, cuán Mesías redentor, bajo el lema “We are going to make OUR country great again” – “Vamos a hacer NUESTRO país grande de nuevo” – es ya el Presidente nº 45 de ese enorme territorio que aniquiló a sus pobladores autóctonos para convertirse en una nación sin Historia, fundada, en origen, por los condenados a galeras de la Corona Británica y otros desechos excretados por la vieja Europa pero que ha terminado erigiéndose en el mayor artífice de los designios de la Humanidad; un vasto país, aquél, en el que se persigue ese “sueño americano” como paradigma de las libertades, los derechos y la igualdad y que hoy se convulsiona en plena crisis social: el nuevo Presidente electo, descendiente de inmigrantes como todo el mundo allí, es repudiado por casi el 70% de la población norteamericana habiéndose izado, contra todo pronóstico, en el democrático trampolín de unas elecciones presidenciales que se han decantado, finalmente, del lado Republicano. Y mientras pienso en esa previsible ruptura del Tío Sam con esta Europa nuestra, condenada al pago del portazgo, me convenzo del peligro que nos acecha en los radicalismos proteccionistas e intervencionistas que, desde un extremo y otro, terminan convergiendo para materializarse en bizarras figuras caracterizadas por su personal estética capilar, pues si en Estados Unidos tienen el tupé rubio pollo de la extrema derecha, en España no nos iba a faltar la coleta desgreñada de la extrema izquierda. Espero que mi desiderátum de que el extravagante Presidente de los EEUU, con nombre de pato animado, pase sin pena ni gloria por la Casa Blanca nos haga reflexionar acerca de los riesgos del descontento generalizado en una Democracia, pues ya se sabe que “más vale prevenir que curar” y poco avezados han estado allí cuando, hoy, miles de ciudadanos lo lamentan al grito de “¡no es mi Presidente!”. ¿Escarmentaremos aquí, aun cuando sea por una sola vez, en cabeza ajena?. Ya veremos.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, de VIVA JAÉN el 14/11/2016.




lunes, 7 de noviembre de 2016

Los galones de Cospedal y la cabra Lola.


Leía el otro día un artículo de Arcadi Espada en el que a colación de la, en aquél momento, quiniela de ministrables, apelaba al “hartazgo icónico” que ya padece el pueblo y expresaba, con un acertado criterio, la necesidad de ir rompiendo esa red de compromisos, favores, amistades y enemistades personales que el bueno de Don Mariano, tan dontancredo, tan estafermo y tan gallego él, había ido tejiendo y que, lógica y consiguientemente, al rodearse de deméritos más que de méritos, había terminado descalabrando algunas de las patas de su Ejecutivo. Escribía el periodista, también con gran acierto, acerca del objetivo fracaso de la Vicepresidencia en la tarea de coordinación ministerial, su incompetencia manifiesta en relación al coqueteo secesionista catalán o en la simple gestión de la televisión pública. Pasaba Arcadi, no obstante, de puntillas por las torpezas y mentecateces  - con el único y aciago precedente de los ministros zapateristas - de Margallo y Fernández Díaz, sin olvidarse de la “despótica brutalidad” de Montoro, al emplear un conocimiento privilegiado para el ataque descarnado hacia determinados contribuyentes, tras lo cual concluía, el columnista, en la necesidad “adjetiva y sustantiva” de un nuevo gobierno. Le di la razón: existía un imperativo de sangre nueva que fluyera por el organigrama estatal, y ese convencimiento parecía desprenderse, también, de las palabras del Presidente en ciernes, ya más relajado pero igual de gallego, al afirmar que “había entendido el mensaje y que se hacía preciso negociar”, apelando, entonces, a ese talante conciliador de quienes integrarían – o así lo entendimos la mayoría – el nuevo, competente y flamante Gobierno, para, una vez asegurada su investidura, desdecirse de lo dicho porque a él, tan gallego, “nadie le iba a coaccionar, ni siquiera la oposición”. ¡Toma ya!, y con ese plúmbeo ostracismo se fue del Congreso, dejándonos a nosotros las cábalas y elucubraciones de quién ostentaría, por ser el mejor cualificado, una cartera u otra y así anduvimos hasta que, por fin, se levantó el secreto de sumario sobre tan espinoso asunto: repetían caras, pese al “hartazgo icónico” e inhabilidad acreditada de los propietarios de las mismas, frustrando el esperanzador nombramiento de los “nuevos valores del PP” que facilitara esa anhelada ‘sucesión natural’ que ya va tocando si la derecha española quiere seguir evolucionando, pero, al menos para mí, lo más sorprendente ha sido la designación de María Dolores de Cospedal como Ministra de Defensa y no porque crea que una mujer no puede ser una buena “sargenta” sino porque poco o nada puede aportar, al cargo, una Abogado del Estado, algo así como encomendar la dinámica castrense a un pacifista, cuando si invocamos esa “aptitud y preparación” prometida por el PP tras la agónica impericia de la era ZP, lo predecible hubiera sido designar a un militar. Pero no, Don Mariano es así y María Dolores, me cuentan, ya ha empezado a estudiarse los rangos del escalafón militar, memorizando disciplinadamente el significado de las divisas que festonean cada uno de los uniformes verde caqui, blanco y azul… Quién sabe si, en un alarde de esa férrea caballerosidad marcial que la caracteriza, la Legión no llamará Lola a la próxima cabra que desfile con ellos el Día de la Hispanidad. ¡Hagan sus apuestas, señores, abran juego!.

Publicada en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en VIVA JAÉN el día 07/11/2016.