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miércoles, 8 de marzo de 2017

Amores de barra, remiendos de la justicia y otros descalabros de la calle.







Me debato, a diario, entre mis dos pasiones: la toga y la pluma y, últimamente, no sé con cuál me divierto más. Es una suerte dedicarse a lo que a una le gusta así que no me quejaré, al menos no, hoy. Si esperpénticos nos resultan los fallos judiciales que últimamente nos regala la Curia, no es menos vergonzante el demencial panorama político. Buen caldo de cultivo para todos los plumillas que andamos al acecho, en mi caso además, esa mordacidad se ve incrementada por mi condición de profesional del Derecho de modo que, cuando me siento a escribir, antes o después, termina aflorando la vena leguleya que no hace sino afilar las cáusticas saetas de mi prosa, tal como hoy. Defenestrado el pigmeo que quiso jugar a ser Dios -midiéndose con el mismísimo “Dios”- a la segunda bancada del hemiciclo e infligido el cruel castigo del ostracismo por el resto de la camarilla podemita, asistimos a ese almibarado flirteo que tiene lugar entre el entronizado Pablo Iglesias y su nueva vasalla, Irene Montero, uno de esos “amores de barra” de guiños y besuqueos clandestinos que durará lo que dura una noche canalla de copas y desenfreno, léase hasta la próxima purga que tenga lugar con motivo de alguna otra revuelta intestina promovida por unas desmedidas ansias de poder y la pugna de henchidos egos, pero dejemos el Circo de San Jerónimo y vayamos a esa bipolaridad que últimamente detectamos en el Ministerio Público, pues si las críticas le han llovido a Horrach por ser excesivamente laxo, su colega, Luzón, ha dejado claro que pertenece al “black” side, la más plúmbea facción de la Fiscalía, pues no ha dudado en darles, a los imputados de las tarjetas, las suyas, las del pulpo y las que D. Pedro no quiso –o no pudo- arrearles a los de la causa palmesana, absolviendo, así, el primero, los flemáticos pecados del afable segundón. Luego, pues vienen siendo recurrente objeto de chismes y chascarrillos en todos los mentideros de “carajillos” y “chatos” -ya se sabe que un español cuando se atiza un par de tragos sabe de todo y más que nadie- están las fianzas –o desconfianzas- que permiten eludir la prisión provisional, hay quien dice y no exento de razón que son como los pimientos de Padrón, por aquello de que unos entran y otros no, y es que si bien la ley es, sin duda, igual para todos, empezamos a cuestionarnos si la justicia también lo es, sin que por ello, esté justificada la crítica a los jueces y tribunales que se someten en sus pronunciamientos a la legislación, aplicándola con mejor o peor tino, pues son falibles, pero sin poder excederse de lo que las partes le someten a valoración, de modo que si un Fiscal, representante del Ministerio Público, no formula una acusación, difícilmente el Tribunal podrá condenar a un encausado, algo que parecemos olvidar al emitir nuestras recalcitrantes críticas; la justicia está herida, probablemente de muerte en cuanto a su credibilidad, pero puede que debamos cuestionarnos si lo que falla es esa aducida independencia porque ¿se puede politizar al Órgano que vela, precisamente, por la autonomía de los Juzgadores imponiendo la designación de cada uno de sus miembros por afinidades, filias y fobias de los respectivos Partidos que los postulan?,¿acaso el Ministerio Fiscal, representante del pueblo, no está sometido estatutariamente a la dependencia jerárquica de un superior nombrado por el Gobierno?. Seamos serios, señores, y critiquemos las corruptelas, manifestemos las suspicacias y sospechas sólo cuando, efectivamente, tengamos la garantía de que nuestros Tribunales, no responden ante nadie, más allá de la propia Ley y sus respectivas conciencias, aunque mientras tanto, éstos y otros asuntos, seguirán inspirando las comparsas y chirigotas de cada Carnaval, esa festividad que, lejos de culminar con el entierro de la sardina, bien parece haberse instaurado en nuestra vida política y social de manera permanente. ¿Será que, como buenos españoles, nos negamos a dejar de hacer de la crítica nuestro deporte favorito o es, quizás, que la ociosidad tiene estos efectos?.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca en VIVA JAÉN 27/02/2017

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