Acabo de tomarme un
paracetamol, a ver si consigo que se me pase la tiritona, la gripe es un exceso
que no me puedo permitir, un día de trabajo perdido es un día más de asfixia y
angustia calculadora en ristre, pues, mediado el mes de enero, D. Cristóbal ya
anda frotándose las manos. Los autónomos y profesionales liberales, esa extraña
clase media que “pagamos a pachas” los excesos de un gobierno de Zapatero que
nos llevó a la debacle más absoluta y ahora, también, las promesas huecas de
otro que, en el fondo, nos anima a seguir viviendo por encima de nuestras
posibilidades, somos los más castigados en esa contribución nuestra al Erario
Público desde que recibiéramos el castigo divino de ganarnos el pan con el
sudor de nuestra frente. Así, el paisano Montoro, decidió ampliar el margen del
déficit de las autonomías del 0,3% al 0,7%, entre otros “ajustes” que, en
definitiva, somos nosotros, esa extinta clase media de despertador y eternas
jornadas laborales, quienes tendremos que sufragarlos. El Gobierno que se
postulaba en su día como el gran libertador al preconizar, como único medio
posible, la bajada de la presión fiscal para fomentar el crecimiento de la
economía – bendita sea la demagogia y benditas sean, por siempre, las promesas
electorales -, se descuelga con una subida de impuestos, una deuda insostenible
y un déficit incontrolado que bien le ha valido el oportuno pescozón de Aznar,
pero lo peor ha sido ese anuncio, realizado con el inconfundible acento - tan
catalán, tan nasal- de Dolores Montserrat, Ministra de Sanidad por obra y
gracia de D. Mariano, de la disparatada idea de hacer, también, progresivo el
copago farmacéutico a los pensionistas, toma ya, no es suficiente con toda una vida
de esfuerzo y de trabajo para hacerse merecedor de una pensión, propia de
“ricos”, esto es, más de 30.000 euros
anuales, sino que precisamente el premio es pagar, por todo, más que nadie.
Claro, se entiende, es mucho más popular demonizar al “rico” que realizar
recortes en el gasto público y mientras tanto, “los de arriba” se congratulan
que ya pasamos de los “brotes verdes” a “España va bien” y suma y sigue,
viviendo a crédito y endeudándonos más de lo que, la prudencia nos indica, es
lo aconsejable. Que los números no salen, nueva canonjía, siempre a cuenta de
esa sufrida clase media, son muchos los servicios que han de mantenerse,
instituciones, organismos, funcionariado, cargos de confianza, curiosamente
todos necesarios e imprescindibles. Y mientras continúan tirando con pólvora
del rey yo me pregunto qué será lo próximo, pues cada decisión gubernamental
supone una nueva tajada de “esa libra de carne sin hueso” que se llevan,
sosteniendo las arcas de un Estado que no parece tener freno pero trabajando
sin parar para ver, cada día, un poco más menguados nuestros ingresos pues
muchos son los gastos sociales, esquilmando trimestralmente nuestros ahorros y
apretando un poco más la soga hasta que el último de nosotros desaparezca o se
den cuenta de que nada hay más perjudicial, para el desarrollo económico, que
castigar a los verdaderos motores de la riqueza. Pero mientras tanto, para el
autónomo o el profesional liberal, vivir en España es todo un lujo. Paciencia y
salud.
Publicado
en
la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, VIVA JAÉN 16/01/17.
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