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lunes, 26 de junio de 2017

Padres encendidos, Centros en combustión y profesores heroicos.





A estas alturas del año, entre el cansancio sedimentado por el transcurso de los meses y el calor imperante, la noche suele dar inicio más tarde. Sólo a partir de las diez es posible detectar algún movimiento en la ciudad, es cuando se produce un tímido despertar de ese sopor inducido por un sol inclemente que estanca la atmósfera haciéndola irrespirable. No es posible salir antes de casa y sólo con la caída del día tiene lugar la diáspora, a la conquista del anhelado alivio, hacia lugares rodeados de vegetación o donde se encuentren esos sistemas de nebulización que refrescan a los usuarios, rociándolos con gotas que producen una balsámica sensación en la piel. Compartía unas cervezas heladas, en buena compañía la noche del pasado viernes, cuando la conversación derivó, casi por inercia, hacia la temperatura que nos viene castigando durante esta densa primavera. Al ser docentes, mis compañeros de velada, fue inevitable hablar de cómo se ha intentado combatir, en los Centros Educativos, esta ola de insufrible calor. Me contaban que los niños han acudido a clase con ropa más ligera y portando un pequeño pulverizador con el que continuamente se rociaban, cuando se acababa el preciado líquido pedían permiso para salir a rellenarlo, con las consiguientes aunque justificadas interrupciones, o cómo algunos profesores han debido abandonar sus aulas para impartir las clases en otras estancias, menos acondicionadas a los fines didácticos pero más frescas, al no encontrarse expuestas a los feroces rayos solares desde primeras horas de la mañana. Han debido, también, estar mucho más pendientes de que los alumnos se hidrataran continuamente, insistiéndoles en que bebieran agua o asegurándose de que disponían de ella, algunos de estos profesionales han sufragado de su bolsillo la adquisición de grandes recipientes que, gracias a su ingenio, han mantenido frescos para administrarla a sus sudorosos pupilos. Me trasladaron, en suma, las precarias condiciones en las que han tenido que afrontar el final del curso y las dificultades experimentadas para concluir el temario con mínimas garantías de asimilación de conocimientos. Se entiende. Soportar 38º no es lo que se dice encontrarse en una posición óptima para la concentración intelectual, lo que unido a los madrugones de todo el año y al cansancio acumulado que va haciendo mella en cualquier organismo, con independencia de su edad, motiva que no sea una tarea fácil transmitir información y, aún menos, procesarla. No obstante, ya en las postrimerías y habiendo cesado las clases, se mostraban más confortados pues sólo les resta cumplimentar toda esa documentación que deben formalizar a la finalización de cada año escolar. Les pregunté si había tenido alguna repercusión la autorización de la Junta para no llevar a los niños al colegio o bien poder recogerlos antes del fin de la jornada, concesión ésta que no ha gozado de un gran seguimiento –me confirmaron- pero que ha sido el detonante de ciertos “espectáculos” por parte de padres encendidos en Centros en combustión, mostré mi extrañeza al no ver relación alguna y la explicación me provocó un gran estupor: un padre entró colérico en el colegio imprecando a los profesores, acusándolos de ser ‘torturadores inhumanos’ al permitir que sus hijos estuvieran allí, pasando ese calor, cuando ya no había obligación de llevarlos y amenazando con ir a la Delegación a denunciarlo. Reflexioné: a veces, se nos olvida que la falta de acondicionamiento en los colegios la sufren, por igual, alumnado y profesorado; si efectivamente no hay obligación de asistencia ¿por qué permiten que sus hijos vayan al colegio en lugar de dejarlos en casa?, ¿acaso pretenden que sean los maestros quienes los acomoden en las suyas?, si trabajan, siempre podrán contratar a una cuidadora que se haga cargo de ellos y sí, definitivamente, por una vez y dado que tan bien parecen conocer el camino hacia la Delegación de Educación, vayan a quejarse –puede que sea la única ocasión en la que les asista la razón- del deficitario estado de los Centros donde los heroicos profesores padecen las mismas condiciones que sus hijos… Piénsenlo, lectores, no se queden en la anécdota.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 26/06/17.

lunes, 19 de junio de 2017

El abrazo del oso.




"Señor Iglesias, le tengo menos miedo a su ideología que a su incompetencia", le espetó el almidonado Rivera al populista vendedor de humo durante la moción de censura, gesto éste que, he de reconocer, bien mereció entonces mi simpatía aunque no sea acreedor de la misma tan mesiánico regenerador de la clase política. Se nos presentó, en su día, como la única alternativa para quienes, hartos de corruptelas, creemos en la innegociable unidad de España y amamos nuestro país pero peca tanto de soberbia como de incontinencia verbal. Es síntoma de prudencia tenerle miedo al vampiro necrófago. Mucho, tanto a la ideología que preconiza en las incendiarias soflamas que regurgita como a la más que acreditada ineptitud que, a modo de credencial, lo precede en su escabroso recorrido de derribo a sus adversarios. Una cosa es el ridículo en el que, para la gran mayoría de nosotros, ha quedado con la fallida moción de censura a un Presidente que cuenta, de momento y pese a la lacra de ponzoña que arrastra el PP, con el apoyo y la aquiescencia de las otras dos facciones democráticas -si dejamos de lado las veladuras e intereses soterrados que mueven a cada una- y otra, bien distinta, es la demoníaca astucia de serpiente que agita peligrosamente al de la coleta quien no desaprovechó la ocasión ofreciendo, al día siguiente de la coronación de Pedro Sánchez en las primarias, el acaudillamiento de la moción como candidato alternativo a la Presidencia y aunque hubo de ser declinado por el creador del ‘noesnoísmo’, a regañadientes se entiende, por tener que poner, antes, orden en el maltrecho Partido Socialista que él mismo ha dinamitado, corremos el riesgo de que, antes o después y cegado por su afán de convertirse en inquilino de la Moncloa, caiga bajo el influjo del embaucador que, bastante más listo y hábil, terminará fagocitando al iluso, envolviéndolo con un abrazo mortal, el abrazo del oso. A Pedro Sánchez tanto le da, él va a lo suyo, su anhelo es convertirse en Presidente a cualquier precio y habrá, con toda probabilidad, una nueva moción en cuanto asegure, Sánchez, sus posiciones en el PSOE, rodeándose de acólitos que le auxilien en una desenfrenada escalada hacia ese suicidio político y le acompañen en el fenecimiento cierto a manos de la nociva sanguijuela que, pese a ser sabedor de las escasas posibilidades de prosperabilidad de su moción, se arremangó los vaqueros raídos para intentar pescar en el revuelto río socialista con el devoto apoyo de sus fieles palmeros: los herederos naturales de ETA y los secesionistas catalanes. Finalmente el varapalo fue mayor y más descarnado de lo esperado y el flautista de Hamelim terminó herido en lo más profundo de su henchido ego, aunque no cejará en el intento y seguirá alentando al ‘tonto útil’ que, finalmente, le proporcionará el acceso al ansiado poder –o quizá no e invoco para ello al intelecto de los votantes a fin de que sopesen la catadura moral y los peligros del sectarismo que imbuye al aprendiz de brujo aspirante a gobernarnos instaurando un régimen bolivariano-. Espero que, llegado el momento, el reptiliano de Don Tancredo, tenga los reflejos –y suficientes ardiles, seamos claros- de disolver las Cortes y convocar unas nuevas elecciones. En caso contrario estaremos ante la crónica de una catástrofe  anunciada, no sólo para el PSOE, enfermo en estado crítico, sino para todos y cada uno de los españoles que creemos en un Estado de Derecho y Democrático. No sé, amigos lectores, qué opinarán ustedes pero las posiciones están claras, las jugadas son previsibles, los riesgos evidentes y mis temores, estoy convencida, más que fundados. 

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 19/06/2017.

lunes, 12 de junio de 2017

Seres de la tierra, moradores de ciénagas y otras entelequias.





El título bien podría responder al de cualquier documental sobre reptiles, anfibios o alimañas de la parrilla televisiva de La Sexta porque sólo en ese canal puede hacerse semejante exaltación de la vil estulticia humana o apología del radicalismo más refractario. Es, indefectiblemente, en los platós de esa casa donde Pablo Iglesias y sus secuaces se mueven como si en el fango de su propio hábitat natural se encontraran, no podría ser de otro modo. La presentadora estrella de El Objetivo, Ana Pastor, encarna a mi juicio la corrosividad más ácida hacia todo aquello que despida el menor efluvio a Democracia o moderación. No me cae bien Ana Pastor, de hecho, he de reconocer que me cae bastante mal, me revienta y no porque su ideología se sitúe en las antípodas de la mía sino por esa característica forma suya tan ruin, torticera, espuria e, incluso, insultante de manifestarla: una cosa es la información y otra bien distinta la opinión, la primera habrá de ser necesariamente objetiva, exigencia que, en modo alguno, puede ni debe esperarse de la segunda. Fue su desafortunado –aunque tengo para mí que totalmente intencionado, ya vamos conociendo todos, aquí, el paño- comentario en relación al luctuoso atentado de Londres que se ha saldado con la vida de un compatriota, hoy elevado a la categoría de héroe nacional por su ejemplar comportamiento, cuando sin ningún rubor afirmó: "Los tres supuestos terroristas fueron abatidos ayer, ASESINADOS por la policía", la lógica reacción en las redes sociales no se hizo esperar y dio inicio la lapidación y el escarnio público de la pseudoperiodista –lamento no poder llamarla periodista pues no cumple con la misión informativa de veracidad, rigor y exactitud, no ya sólo de los hechos sino del lenguaje empleado en su difusión -, una mera sicaria del verbo, al servicio de la izquierda antisistema, proyectando el mismo mensaje que la Alcaldesa de Madrid y que se resume en la preconizada entelequia podemita de terroristas que causan incidentes y Policías que asesinan”. La familia de Ignacio Echeverría ha demostrado una categoría y altura moral que no podrán, jamás, llegar ni a intuir estos moradores de ciénagas; los hermanos de este mártir del siglo XXI, en un nuevo alarde de la educación recibida, miraban a cámara destilando un dolor difícilmente imaginable si no se ha experimentado, haciéndonos destinatarios de su sereno agradecimiento cuando somos nosotros, los españoles de bien, quienes debemos darles las gracias por la lección de heroísmo y generosa valentía que “Igna”, el caballero andante, nos ha dado al dejar su vida en el intento de salvar otra con el único escudo de un monopatín. Esta familia ha sufrido la pérdida de uno de sus miembros que ha sido asesinado -lo han matado “con alevosía y/o ensañamiento”- a diferencia de los tres terroristas, neutralizados por las fuerzas del orden británicas que se vieron obligadas al empleo de la única forma efectiva de repeler el salvaje ataque en evitación de un mal mayor: que el reguero de muertos que estas bestias habían ido dejando a su paso se incrementara. La diferencia entre asesinar y neutralizar no está sólo en el acto –modo o intencionalidad con el que se quita a otro la vida-, sino en la criminalización de la primera de las conductas, cometida por un delincuente, frente a la segunda, jurídicamente amparada, por no ser digna de reproche penal al tratarse de una represión proporcional y justificada en la legítima defensa. Si Ana Pastor tuviera, en su proceder, un ínfimo atisbo de dignidad debería, primero, pedir perdón a la familia Echeverría Miralles de Imperial por el sonrojante oprobio perpetrado y por supuesto, luego, rectificar: un terrorista jamás es “asesinado” sino “neutralizado”, los criminales no son quienes llevan uniforme. Otra discrepancia que puede apreciarse, si bien, entre Ana Pastor y yo –que no soy periodista- es que mientras sus palabras deben dar información, las mías expresan opinión y considero que se “asesina” a la información cuando se la priva de imparcialidad.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 12/06/2017

lunes, 5 de junio de 2017

Disculpa, no te entiendo.




Hace unos días tuve que desplazarme a Barcelona por razones de trabajo y he de reconocer que la ciudad me encanta aun cuando no la visite por ocio. Tras cumplir con mi cometido, decidí emplear el resto de la tarde en disfrutar de un licencioso paseo por sus calles. En ese caminar errático y pausado, en el que sólo es posible solazarse desde la satisfacción del deber cumplido, terminé llegando al centro donde entré en un estanco (“TABACS”). Di las buenas tardes y me dirigí, a continuación, al estanquero: -“¿Podría darme dos Camel Light, por favor?”, -“¿Digui?” y  aunque, por el tono y la mema sonrisa que se dibujaba en la cara bobalicona de mi interlocutor, intuí que se avecinaba una ácida confrontación por el desentendimiento lingüístico entre quien, por un lado, se niega a conferirle la primera oficialidad al castellano por reivindicar –¡hay que ser zoquete!- su propia identidad nacional fuera de España y una fiel defensora a ultranza y férrea creyente en la unidad territorial y política del país, por otro, decidí otorgarle a aquél paisano el beneficio de la duda – lo mismo, intenté engañarme, el hombre es un poco duro de oído -, -“Sí, por favor, deme dos Camel Light” repetí vocalizando pacientemente, casi silabeando, la frase e intentando acentuar la "ese" final de “dos”. -“Disculpa, no te entiendo” – resoplé interiormente, tragándome una bilis tan amarga como pegajosa, estaba graciosillo el amigo – “Quisiera, por favor, dos paquetes de Camel blue, el azul, el que antes era light”, expliqué, sin perder la compostura, regodeándome en una lenta modulación. De nuevo la estridente voz nasal no se hizo esperar taladrándome los tímpanos: -“Perdona. No consigo entenderte, debe ser por el acento del sur…” – la insultante socarronería que destilaban aquellas cáusticas palabras era proporcional a la rubicunda estolidez del rostro que tenía enfrente-. Respiré hondo, sonreí ampliamente y, sin alterarme lo más mínimo, le contesté: -“Sí… suele ocurrir, de hecho hay quien dice que se me entiende mejor cuando escribo, pero claro, aunque siempre llevo encima papel y lápiz, de nada serviría, no estoy yo muy segura de que Vd., señor mío, sepa leer. Creo que he cambiado de opinión, no quiero los cigarrillos. Adiós, buenas tardes, don nazionalista, con -Z” puntualicé. Y ebria de orgullo,  sintiéndome más española que nunca, sin dejar de sonreír pero intentando reprimir mis más bajos instintos asesinos, giré sobre los talones dejando suspendido en el ambiente el atónito mutismo de un verdadero patán cariacontecido pero intactos la dignidad y el honor de todos los habitantes de España. Continué aquél plácido recorrido sumida en mis cavilaciones, Rambla abajo, concluyendo finalmente que la única diferencia que puede invocarse entre los españoles residentes en las distintas comunidades autónomas pasa por la pedestre exaltación del paletismo local propio, se ve que, a diferencia de “en el sur”, “en el norte” se acucia más pues esas boinas imaginarias que, de modo semántico, se asocian al acento andaluz son, incuestionablemente, más grandes en el payés, según pude constatar. Puestos a ser diferentes y a reivindicar una identidad propia, “los del sur” descendemos de iberos, romanos y mauros, de ahí, supongo, esa tendencia natural que todos los andaluces mostramos, haciendo honor a nuestros ancestros alfaquíes, de saberlo todo cuando, a las dos de la mañana, estamos con un gin tonic en la barra de cualquier garito, fíjense que por saber, sabemos y a ciencia cierta, que 1500 soldados catalanes contribuyeron, en 1492, a la toma de Granada bajo el auspicio de los verdaderos artífices de la unidad nacional e idea de Estado tal y como hoy lo concebimos. Me pregunto cómo interpretarán los defensores del referéndum secesionista las palabras proferidas, en 1683, por el ilustre abogado y economista barcelonés, Narcís Feliú de la Penya: “No tiene España raíz más anciana que la de Cataluña”… Y mientras tanto, nuestro mayor temor se sigue materializando en la maldad imperante en el mundo cuando, en realidad, a lo que tendríamos que temerle, mucho más, es a la omnipresente estupidez humana. Ahí lo dejo.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, Diario VIVA JAÉN, 05/06/17.

lunes, 29 de mayo de 2017

Alguien voló sobre el nido de Cuqui.







Y tras asistir, estupefactos, a ese esperpéntico juego de tronos –pucherazo incluido pues ya sabemos todos que aquí, depende de cuales, las sombras son alargadas-, aderezado con un jugoso rosario de calificaciones y descalificaciones, desautorizaciones, autoproclamaciones y otros actos más propios de una comedia de vodevil, nuestro gobierno municipal confiere a la imperiosa necesidad de levantar el bloqueo económico y político que sufre Cuba, desde octubre de 1960 por parte de Estados Unidos, la importancia de someterlo a debate en un pleno. He de reconocer que cuando leí la noticia, por segunda vez y tras asegurarme de que el calendario indicaba que no estábamos a 28 de diciembre, intenté, no sin gran esfuerzo, procesar la información. Convendrán ustedes conmigo, amigos lectores, en que este tipo de iniciativas ha venido tradicionalmente auspiciado por la filantrópica izquierda ante la habitual abstención y cáustico reproche por parte del PP que no veía con buenos ojos lo que, no sin falta de razón y así lo afirmo, bien podría calificarse como una pérdida de tiempo y recursos ante otras necesidades más perentorias de la ciudadanía: el progresivo endeudamiento de las arcas municipales, el incremento de la tasa de desempleo, la ausencia de inversiones que pudieran reactivar nuestra exigua economía, el deficitario mantenimiento de los servicios públicos, la limpieza -¡ay, la limpieza!- de nuestras calles y espacios o la raquítica red de alumbrado eran, solían serlo -¡benditos tiempos aquellos!-, los recurrentes temas que ocupaban y preocupaban a los jiennenses, haciéndolos objeto de animada charla en los mentideros de mediodía al amor de unas cañas o de sarcástica crítica en las redes sociales. Pero, en una nueva vuelta de tuerca, nuestro consistorio entiende que es una “cuestión esencial de derechos” poner fin al embargo que mantiene la asfixia financiera y comercial de la isla caribeña como consecuencia de los dislates autoritarios de un sátrapa que, ya morador del mundo celeste, ha dejado el tentáculo de un fiel heredero en éste a modo de ególatra perpetuación de su memoria. Justificaba así, el portador de la vara de mando municipal, la necesidad del debate en la pretensión, trasladada por el cónsul general de Cuba en Andalucía, de “abrir relaciones comerciales” con aquél paraíso de ébano, caña de azúcar y sinuosos bailes en el malecón. Desconozco si la razón es fomentar el turismo rural entre los cubanos, abrir el comercio del tabaco puro en Jaén o, simplemente, instaurar una línea transatlántica vacacional que bien podría llamarse “Entre olivos y ron” orquestando, a tales fines, una serie de visitas guiadas que den inicio en uno u otro punto, cuando sinceramente, a mí, como vecina de Jaén y sufrida contribuyente, lo que de verdad me inquieta, por afectar esencialmente a mis derechos, es el estancamiento económico de mi ciudad, su invisibilidad en el plano cultural y turístico, la precariedad de los servicios de los que gozamos, las deficiencias y estado de los espacios municipales de uso público o  el, cada vez más cotidiano, espectáculo de desgobierno con el que indefectiblemente se nos castiga. Que nuestro Ayuntamiento debata, en un pleno, acerca de lo que lleva pasando desde hace casi 60 años a más de 7.000 kilómetros de nuestra ciudad, me hace pensar que o empezamos a sufrir algún tipo de desequilibrio o es que no había otra forma más efectiva de acallar el escándalo del Congreso Provincial del Partido Popular. Me pregunto si el elevado coste – por la inevitable merma tanto de votos como de credibilidad – habrá sido previamente sopesado. Ahora sólo nos resta esperar el advenimiento de esa fructífera relación con Cuba y ver cuál es la próxima ocurrencia, ocupando nuestro tiempo, mientras tanto y hasta entonces, en barrer las calles, arreglar los jardines o pasarle el ‘fregoncillo’ al mobiliario urbano pero todo eso, claro, antes de que con la caída del día nos llegue la tenebrosa oscuridad de la noche.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, del diario VIVA JAÉN, 29/05/2017.

lunes, 22 de mayo de 2017

El Pagafantas.




Son las bondades de nuestro indulgente clima las que inducen, sin duda, a tomar ese refrescante aperitivo diario en buena compañía antes del almuerzo. Entre los parroquianos asiduos a los agradables veladores primaverales es posible encontrar al que encarna a la perfección mi personal concepto de patán, cuyo dudoso mérito en la vida no excede, casi nunca, de haber amasado un pequeño capital de un modo más que cuestionable o el de pretender, indefectiblemente, deshacer entuertos a golpe de talón pero sin destacar, en modo alguno, por una valiosa contribución a la sociedad. Es decir, para mí, el Pagafantas, aunque los haya de diversas edades, suele ser alguien que no destaca más que por manifestar en su comportamiento un gran mimetismo con la garrapata común, no ya sólo por ser un eficiente vector de enfermedades infecciosas –como la lacra de la adulación que termina convirtiéndose, con el tiempo, en el virulento mal de la vanidad, el engreimiento y la petulancia en el inoculado – sino por la insufrible molestia en la que, al final, se acaba tornando. Prolifera el individuo, en estas fechas, acudiendo puntual a esa cotidiana reunión de personas de cierta notoriedad en la ciudad, situándose en una mesa, preferentemente la más visible para todo viandante, a departir amablemente mientras comparten unas cañas; regodeándose entonces, el zoquete autocomplaciente, en la exposición pública de encontrarse entre  los integrantes de su pretendido Olimpo y como si, su pertenencia, lo fuera por derecho propio o logros personales, en lugar de haber ido enroscándose a tuerca, en ese mecanismo, mediante el acostumbrado pago de rondas. Se pavonea con displicencia desde el espejismo de su posición suprema, alardeando, entre risueños besos a la copa, de sus “amistades” con estruendosas carcajadas que acompaña de palmaditas en la espalda a sus venerados compañeros de mesa, como si cualquiera de los allí concurrentes estuviera dispuesto, en el fondo y llegado el previsible momento, a jugarse el tipo por dispensar un comprometido favor al Pagafantas de quien, no obstante, absorben los agasajos. Y así seguirá el infeliz: convidando a sus ídolos, que se arriman al querer, cumplimentados por la canonjía del esbirro. Sonrío para mis adentros, contemplando diariamente al medrador abrirse paso a codazos, haciendo ostentación de su adquirida condición aun cuando él, cándido y estúpido a más no poder, se sienta “poderoso”, “respetado” o, incluso, “temido”. Paso a su lado mientras le dirijo una mirada no exenta de sorna y pienso en el sentimiento que debe embargar a ese pobre diablo luciéndose, como un impostado igual, con la presunta flor y nata. No es sino el grotesco amago de una maniobra intimidatoria a fin de que se le dispense un respeto del que, es obvio, le hace carecer su propia disposición servil. Me produce, también, cierto rubor pues si, en realidad, lo que pretende es hacerse notar, aquí el Pagafantas, lo consigue: es innegable su brillante interpretación del papel de bufón. Tomo asiento en una mesa próxima mientras me clava, de soslayo, su mirada ratonil y miope pertrechada tras las gafas de sol graduadas, le devuelvo la mía que destila socarronería e incapaz de mantenérmela la desvía, con la avidez del radar, rastreando ahora el panorama en busca de espectadores más impresionables, sin duda. Pido una cerveza y con gran dificultad reprimo la primera intención de indicarle al camarero que la apunte a la cuenta. A la del Pagafantas del lugar.

“Pocos pueden ver lo que quieres aparentar cuando todos adivinan lo que, en realidad, eres”
(N. Maquiavelo)

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 22/05/2017.



Mafiosos, profanadores de tumbas y cobardes, lo mejor de cada casa.



Y lo peor es que ya no nos escandalizamos, la putrefacción política se nos hace tan natural y cotidiana como el café de media mañana. Y en ello ando, reflexionando, mientras veo girar de modo concéntrico la espuma en la taza. Una sensación de vértigo similar, sin duda, a la que debe embargar a nuestro Presidente –hay quien dice de él que tiene cabeza reptiliana, por aquello de moverse sin caminar o puede que, el hombre, ni se mueva ni camine, ¡vaya Vd. a saber!- y es que tanto va el cántaro a la fuente del turbio submundo que, al final, la corrupción lo acaba rompiendo. El PP lo había venido pagando con la masiva pérdida de votos en 2011 y 2015, favoreciendo e, incluso, propiciando una nueva estirpe política “regeneradora” –así se nos vendían los mesiánicos redentores de la infecta clase política- que, al final se ha visto, no ha hecho sino confirmar el hecho de que a los españoles no se nos pueden ofertar más dos opciones –¡bendito sea, hoy, aquél denostado bipartidismo de ayer!-. Tenemos al Presidente de una nación llamado por un Tribunal “como un ciudadano más”, aun cuando comparezca en calidad de testigo, para dar cuenta de los trapos sucios de la gaviota, más parece últimamente un ave carroñera, con el consiguiente riesgo que ello entraña, bien es sabido que uno puede entrar como testigo a la sala y salir de ella como imputado, aquí ya todo es posible. Y anda Dontancredo “el estafermo”, rodeado por su fiel guardia pretoriana cuyo lema no es sino el de “salvar al Presidente Rajoy” intentando activar un protocolo “anti salpicones” que, ya me barrunto yo, llega tarde, pues aunque coincidentes en el tiempo –no digo yo que tengan una necesaria relación de causalidad- tanto Gürtel como Lezo copan la actualidad informativa. Mal pudiera parecer que lo ocurrido en el PP de Madrid con los dineros del Canal eclipsara la declaración de Rajoy en sede judicial, como si los que “han robado” en Madrid, militaran en un Partido ajeno al del Sr. Presidente del Gobierno, o como si fuera posible escindir, trazando una imaginaria línea roja, la parte “corrupta” de la “incorrupta” en el seno de una Organización que poco lugar va dejando ya a la presunción de inocencia. Pero fue ayer cuando, si es que mantenía alguna duda de que no es posible votar sin sufrir una irreprimible arcada, superando los límites de cualquier ficción, me topé de cara con la dura y vergonzante realidad: el autodenominado centroderecha español, en connivencia con la pusilánime abstención de la derecha moderada, intenta reavivar los rescoldos de viejas hogueras, exhibiendo cadáveres, o lo que ya pueda quedar de ellos, como trofeos políticos y jaleando al resto de la camarilla de matones, sinvergüenzas y demás gente de malvivir para que se unan al contubernio de profanar un Santuario y asaltar las tumbas que alberga, buscando, con esta participación, limpiar el bochornoso oprobio que supone semejante sacrilegio, al repartir entre los intervinientes las raciones de sus respectivas culpas. Un ejército de cazafantasmas capitaneado por un necrófilo que, en su hambre de votos y poder, no presenta escrúpulo alguno, no ya para bailar con la más fea –pues así lo ha venido haciendo desde su eclosión en el panorama político-, sino para hacerlo, también, con una momia: la de Franco, en un siniestro vals que bien le valga el ansiado ascenso a la Moncloa, precedido por una credencial que lo sitúe en ese justo punto intermedio, desvinculándolo de la rancia derechona pero haciéndolo, al mismo tiempo, acreedor de la fe de la izquierda moderada más descontenta. Ahora sólo resta que, entre las hordas de “zombies asaltacapillas” cunda el ejemplo, faltarán entonces cuerpos disecados, ataviados con sotana y hábitos, extraídos de sus tumbas para asistir, como invitados de honor, a los tétricos guateques de las Asambleas Populares a las puertas de iglesias incendiadas, pues en el vil arte de mancillar, como en el comer o el rascar, todo es empezar.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 15/02/2017.


Hacia la anhelada Arcadia pollina.




Es curioso el sistema educativo actual, cualquier monigote de cinco años repite, como un papagayo, la obra pictórica de Van Gogh datándola correctamente o describe, con gran minuciosidad y sin haberla visitado, las bondades cromáticas de la Capilla Sixtina deleitando al auditorio en los estudios anatómicos de Miguel Ángel pero llega a los doce sin, apenas, saber leer y escribir o sumar y restar. Maravillas del progreso que, en el moderno ámbito pedagógico, se llama “proyectos”, unos métodos inspirados en las teorías constructivistas de Piaget y los logros académicos de Montessori. Y los padres tan contentos, oigan, ellos hacen “huelgas de deberes” porque quieren que su hijo o hija “sea feliz” y yo siempre digo lo mismo: tendrán al más feliz de todos los pollinos posibles, será un pollino pero feliz, feliz-felicísimo, sin duda, pues un ignorante carece de cualquier preocupación que lo atribule. Es lo que todo padre anhela para su hijo: la felicidad. Muchos “proyectos”, mucho constructivismo y mucho diálogo pero donde se pongan las horas estudio para el afianzamiento de los contenidos aprendidos en clase… porque, claro, luego viene la segunda parte ¿nos hemos planteado por qué en lugar de fomentar la cultura del esfuerzo, formando a las generaciones del mañana del modo más sólido pasamos a facilitarle el laxo acceso a la Universidad al vago, al lerdo y al apático imponiéndole, como resultado de una inercia imposible, unos estudios que no va a aprovechar pero que suponen un ingente gasto al Estado?, ¿no tenemos el pundonor de aspirar, siquiera, a formar profesionales competentes para su integración en el mercado europeo?, ¿acaso no vemos, tampoco, la necesidad de destacar con la marca España liderando el crecimiento de los países de la Unión?. No, lejos de eso, caemos en la autocomplacencia del retroceso educativo, no podemos obviar que tenemos el cuestionable honor de encontrarnos a la cola en ámbitos tan sintomáticos como las matemáticas y la comprensión lectora por obra y gracia de la santa LOGSE. “Yo lo que quiero es que mi hijo sea feliz”, repiten recurrentemente los padres de los nuevos pollinos y pollinas fabricados en serie, ¡toma ya, pues claro, es lo que quieren todos los padres! pero algunos hijos tuvimos normas y horarios, rutinas, obligaciones y responsabilidades, valores y principios y, sinceramente, no creo que fuéramos niños infelices sino, simplemente, formados. Sabíamos que nada se consigue sin esfuerzo y disciplina, reprobábamos la violencia en cualquiera de sus formas por lo que no precisábamos de “mediadores” ni de ninguna campaña anti-acoso en nuestros centros escolares; asumíamos, con gran facilidad y, en ocasiones, con la instructiva ayuda de algún castigo o pescozón, conceptos como “respeto”, “amistad”, “responsabilidad” o “generosidad” y, por supuesto y sobre todo, hacíamos los deberes. No me imagino a ninguno de mis condiscípulos de entonces, agrediendo hoy a médicos en Centros de Salud, destrozando mobiliario urbano, denunciando a profesores, evadiendo impuestos, explotando a sus trabajadores o siendo asistidos, durante su declaración en alguna Comisaría, por un abogado. A ellos no. Parece que ya se nos olvida, señores, pero los niños crecen o ¿acaso nosotros, una vez, no lo fuimos?.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en diario VIVA JAÉN, 08/05/2017.

 



Ni al carnero por delante, ni a la bestia por detrás.






Aconseja mi tío Miguel “no acercarse, nunca, al carnero por delante, a la bestia por detrás ni al tonto por ningún lado” y no le falta razón al hombre. La fotografía que recoge el encuentro en Bayona entre la Presidenta del Parlamento Navarro, Ainhoa Aznárez y Josu Zabarte el “carnicero de Mondragón” que se aferró “valientemente” a la tabla de salvación que supuso en su día la derogación de la doctrina Parot me produce el ácido ascenso de una violenta arcada que, desde el estómago, me corroe la garganta. Supongo que, en un intento de explicar lo inexplicable, esta feminista, republicana y militante, finalmente y tras múltiples avatares, en Podemos se ha visto empujada a justificar su presencia en tan siniestra batahola aduciendo que instaba a pedir la disolución de la agónica cuadrilla de los sicarios del hacha y la serpiente. En un alarde de cinismo, aclara que lo hace en su condición de “víctima” puesto que es lo que se considera tras haber precisado escolta durante varios años, esputando sobre la memoria de las auténticas víctimas de ETA –los asesinados vilmente- una nueva afrenta más: una podemita se considera víctima de la banda terrorista mientras no tiene el menor reparo en fotografiarse junto a la sabandija que, lejos de arrepentirse, muestra su orgullo por el “deber cumplido” que no es otro que el de “ejecutar” a padres de familia de uniforme que arriesgaban sus vidas por España, por el sustento de sus hijos. Esta “víctima” que se dice tal, detenta la Presidencia de la Cámara Foral aupada precisamente por BILDU –herederos naturales de BATASUNA o, para ser más claros, de la banda terrorista ETA-, un pacto ad hoc conspirado para defenestrar a UPN, legítimo vencedor en las urnas. Y, ahora, se les llena la boca de “paz”, son –o eso dicen el Sumo Pontífice de la coleta y ad lateres- “artífices de la paz”, los mismos que han alardeado de manera pública del asesinato de inocentes, esos “gudari” irredentos encuentran el amparo en PODEMOS que los acoge reivindicando unos pretendidos derechos como “presos políticos”, son los mismos que tejen las redes con regímenes dictatoriales en Oriente Próximo y Sudamérica, “paz”, “presos políticos” y lo dicen quienes se niegan a exigir la excarcelación de Leopoldo López, alaban el sistema político de Venezuela y, lo que es más doloroso y ofensivo para los españoles, no muestran el menor ápice de conmiseración por los crímenes cometidos sino que, en un alarde de desvergüenza, impetran la impunidad de unos criminales, pidiendo su acercamiento, para ocupar cargos en las Instituciones que una vez fueron objetivo de la goma-2. Una pantomima, otra más, una mascarada en la que los derrotados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se erigen -en pleno delirium tremens provocado por la abstinencia de sangre- en los grandes hacedores de una paz que ellos mismos dinamitaron, buscando la sinergia con sus iguales, pues tan culpable es quien aprieta el gatillo como quien lo justifica, no se trató de “ejecuciones” sino de crímenes y en un Estado de Derecho en el que las libertades están plenamente garantizadas no puede afirmarse obscenamente que “lo que se pierde en las urnas, se ha de ganar en un campo de batalla” porque, cuando se hace, quedan claras las posiciones y las víctimas, siempre, están en el otro bando. Me niego no sólo a reconocerle la menor veracidad sino el más mínimo respeto a la señora Aznárez, las víctimas de ETA son y serán siempre los enterrados, los olvidados y todos los que honramos su memoria cada día, somos todos y cada uno de los que estamos y seguiremos estando no al lado sino enfrente de Josu Zabarte, sin escolta, con el pecho descubierto, creyendo en la Democracia, defendiéndola. Condenando, en suma, el terrorismo y exigiendo el cumplimiento íntegro de condenas para los asesinos.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 24/04/2017



lunes, 17 de abril de 2017

¡Nenes ya!... con las peloticas.




Pese a los refractarios intentos de esos radicalismos ultralaicistas por extirpar la fe católica y cualquiera de sus manifestaciones -fe inmune a soflamas desde hace ya dos mil años y me barrunto yo que así continuará por otros dos mil más-, los creyentes seguimos fieles a nuestra tradición, ya sea festejando la Natividad o la Epifanía o bien conmemorando la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Quienes, además, pertenecemos a alguna Cofradía anhelamos la salida de nuestras imágenes para procesionar por las calles, viviendo con devoción nuestra estación de penitencia al acompañar, como es mi caso, a la Divina Madre en su Santa Soledad con la oración. Lejos de ñoñerías y mojigaterías doy inicio a mi recorrido encomendándome a la Santísima Virgen, repitiendo jaculatorias y dejando aparte, durante el trayecto, la realidad de mi alrededor. Estos dos últimos años se ha unido una de mis sobrinas a la que le inculco ese sentimiento y admito que ha sido reconfortante concluir en el Templo con la satisfacción de estar transmitiendo el legado que, previamente, me fuera trasladado por mis mayores. No obstante, he de reconocer, también, que es cada vez más difícil guardar el mutismo exigible ante los continuos martirios que, los Hermanos de Luz, nos vemos obligados a sufrir durante nuestro itinerario y que se han convertido en la verdadera penitencia. Desconozco el origen de esa absurda moda, tan extendida entre la chiquillería de un tiempo para acá, de ir con un palito que sujeta una bola de papel de plata que van formando con la cera multicolor de los cirios que piden a los nazarenos quienes vemos, de este modo, continuamente alterado nuestro recogimiento por el reguero de insufribles chinches que, al acecho, aprovechan cualquier parada para arremolinarse a la ensordecedora caza y captura de tan preciado material. No fueron dos o tres, pude llegar a contar más de setenta, desde que salí de la Iglesia y hasta que regresé, si bien con ciertos momentos de alivio cuando alguna providencial racha de viento apagaba la llama. Junto a ello, que bien podría equipararse al insoportable roce de un enorme cilicio rasgando la piel, hay que añadir la flagelación que suponen los comedores de pipas compulsivos que esputan la cáscara sobre la calzada, rociando al de al lado si es menester, sin importarles que, por ella, transiten luego los pasos y quienes les acompañamos, siendo que, con frecuencia, al habitual dolor de pies y calambres en los dedos tras horas de lento caminar, se unen los dolorosos pinchazos en las plantas descalzas de quienes realizan su itinerario desprovistos de zapatos. Pero, sin duda, el culmen del martirio infligido viene de la mano de los ocupantes de las tribunas de primera fila -deben estar desfallecidos por el ímprobo esfuerzo realizado al permanecer cómodamente en sus sillas a la estática espera de los tronos- porque hay que sortear los brazos que dejan colgar hacia fuera y con los que impactamos a nuestro paso, agradecidos, al menos, de que no todos sostengan un cigarrillo que pueda prendernos la capa o el moquero. De modo que, oigan, la verdadera penitencia de los cofrades que salimos en las procesiones viene dada por la imposibilidad de abstraernos durante nuestro recorrido que es alterado, irremisiblemente, por la banda sonora que nos acompaña desde su inicio: el ‘clac-clac’ de las pipas antes de ser lanzadas a modo de tachuelas que nos taladran los pies desnudos; la algarabía de hordas de pequeños seres ruidosos pidiendo cera con la que realizar una bola cuya utilidad sigo sin conocer; los continuos empujones de quienes, sin el menor reparo, atraviesan entre la comitiva y, finalmente, los recurrentes choques con las extremidades superiores de los exhaustos ocupantes de las sillas de primera fila en la Carrera. Intenten, por favor, dar ejemplo a sus hijos omitiendo tales conductas, háganles ver que están ante una estación de penitencia y no asistiendo al desfile de carrozas de los Reyes Magos -no es una Semana de Fiesta sino de Pasión- ya hay quienes intentamos dárselo a los nuestros, imponiendo un decoro y un silencio que, antes o después, se terminará quebrando con un “¡Nenes ya!... con las peloticas”. Si no quieren unirse a nuestra oración tengan el recato para que nosotros podamos hacerlo.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, Diario VIVA JAÉN 17/04/2017.

lunes, 10 de abril de 2017

La "pureta", el shaolín y la venganza del karma.


El día amaneció despejado y los rayos del primer sol de una mañana primaveral se nos clavaron en la retina durante el trayecto. Mi sobrino estaba excitado, lo evidenciaba una inusual locuacidad y el hecho de no ir con los cascos puestos aislándose de la realidad. Llegamos a la Feria de Muestras en cuyo acceso se acumulaba un torbellino multicolor de adolescentes patilargos a los que rebasamos gracias a mi previsión de haber adquirido por internet las entradas. Aunque simulara cierta indiferencia era inevitable fijarme en los estilismos de aquellos adictos a los videojuegos y al manga. Nos pusimos a la cola, más corta que la de la compra de tickets, aguardando pacientemente nuestro turno para acceder al recinto. Detrás de nosotros un grupo de pokemons, Harry Potters y SuperMarios conversaba ruidosamente, de entre todos destacaba una especie de híbrido entre monje shaolín y escuálida bestia de carga, aspecto conferido por la descomunal argolla que perforaba la nariz de aquél deslavazado de cabeza rapada y enormes orejas cuyos lóbulos se deformaban hasta alcanzar el diámetro de los círculos que lucía embutidos en ellos. Con una voz plagada de cacofónicos falsetes contestó a una princesa manga que transpiraba copiosamente bajo la larga cabellera fucsia: “El Johny está fumándose un ‘peta’, tía, ahora viene si tenemos delante a … -estiró el delgado cuello, cuya nuez parecía a punto de salirse, a fin de contar las personas, quince exactamente, que precedíamos a tan esperpéntica comparsa extendiendo un sable de madera con el que nos apuntaba -, ¡no sé cuánta peña es, tía! –¡vaya!, el monje no sabía contar- lo que sí sé es que vamos detrás de esta ‘pureta’ pija” y, para disipar cualquier duda de que era a mí a quien se refería, me señaló con un prominente mentón barbilampiño del que colgaban unos desagradables pelillos largos a modo de amago de barbita de chivo, no me pasó desapercibido el gesto que detecté con el rabillo del ojo y me volví quitándome las gafas de sol mientras incrustaba mis ojos en los suyos, pequeños y con cierta tendencia al estrabismo, estaban rotulados con un mal trazado perfil negro que, lejos de conferirle la pretendida apariencia oriental, empezaba a desdibujarse por efecto del sudor, derramé sobre él la cáustica oleada de irritación que me invadió recorriendo de arriba abajo la indumentaria que cubría su mórbida y blanquecina anatomía larguirucha. Lejos de amilanarse me sonrió desafiante mientras movía el sable a escasos centímetros de mi rostro bisbiseando, entre picudos dientes de escualo, la onomatopeya de una afilada hoja rasgando el aire: ¡fiss-fiss!. Mi sobrino que lo había presenciado atónito intentaba esconderse dentro de la sudadera, ruborizado hasta las orejas, por el comportamiento de aquél imbécil unos años mayor que él. Terminé de fulminar al monje con la mirada, al tiempo que le daba despectivamente la espalda, volviendo al lento y continuo avance de la fila. Detrás de mí se sucedían las risotadas ante los malabares del impostado sable del shaolín que seguía rebuznando todo tipo de estupideces para divertimento de su camarilla con la que volvimos a coincidir en diversos puestos a lo largo de la mañana pero fue al salir cuando asistimos a la inexorable venganza del karma: el raquítico shaolín se encontraba realizando nuevos juegos malabáricos con su espada, arrojándola hacia arriba y cogiéndola por el mango durante su caída detrás de la espalda, en uno de esos lanzamientos calculó mal y el puño, de madera robusta, impactó sobre su cabeza provocando la irreprimible carcajada general. Seguí mi camino dirigiéndole una mirada de sarcástica conmiseración, en aquél cráneo, hueco y rasurado, empezaba a dibujarse la geografía purpúrea y abultada de la empuñadura. Abandoné la concentración de frikis sin poder sofocar la risa y con el íntimo deseo de que los videojuegos y el anime se conviertan pronto en una profesión demandada, en caso contrario me pregunto quién pagará las pensiones de los “puretas”. ¿Los monjes shaolín quizás?.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 10/04/2017.

lunes, 3 de abril de 2017

La maleta.



Todos alcanzaremos la edad octogenaria algún día. Esa etapa, en las postrimerías de la vida, debiera ser tan plácida y apacible como en la película de Mark Rydell, “El estanque dorado” que, lejos de centrarse en los naturales conflictos generacionales, nos pinta, en sutil clave de humor, el pequeño drama que supone ese viaje hacia la esencia de la madurez, tomando consciencia de las limitaciones de la senectud y de la ineludible proximidad de la muerte a la que nos acostumbramos a mirar de lejos pensando en vano que podremos burlarla eternamente. No debería ser un período triste ni estar, tampoco, unido a palabras como “soledad” o “abandono” sino algo más parecido al “descanso del guerrero”, el de ese veterano gladiador que, tras toda una vida de esfuerzo y abnegada entrega, ve finalmente recompensados sus días con el regalo más preciado: un tiempo reconfortante, calmo y sosegado, sin mayor obligación que la de disfrutarlo paladeando el cariño de todos aquellos por los que, durante años, ha estado velando. Pero tendemos, con más frecuencia de la deseable, a perder la paciencia incluso a evitar el trato cotidiano con personas mayores de quienes, si bien de modo inconsciente no por ello menos peyorativo, afirmamos con ironía que se les ha ido la cabeza, que repiten continuamente lo mismo y que vaya “coñazo” dan; y lo pensamos o lo decimos sin reparar en que han estado dedicándonos una vida que nosotros no siempre sabemos merecer. Observo, con un nudo en la garganta, la entrañable silueta de Carmela, se aleja arrastrando lentamente la última de las maletas que, durante los días precedentes, ha ido transportando desde el piso que ha sido siempre su casa hasta su nuevo hogar en una residencia de ancianos. Ha declinado mi ofrecimiento de acompañarla y ayudarle con el equipaje, la va a recoger un sobrino. Ella, puntual, está lista casi cuarenta minutos antes de la hora acordada: “No me gusta hacer esperar a nadie, a mí es que no me gusta molestar” me ha dicho sonriendo como siempre, jamás la he visto seria desde que instalé mi despacho en el bajo del edificio. Cada día ha venido a saludar, a traer, junto con su buen humor y simpatía, durante las largas tardes estivales de intenso trabajo algún refresco y en Navidad no se ha olvidado nunca de los bombones. Siempre pendiente: “No te vayas a ir muy tarde, hija mía, que se hace de noche pronto y están las calles muy oscuras”, “Si algún día tienes mucho trabajo no te quedes sin comer, sube a mi casa que pronto te apaño yo un filete con patatas fritas y huevos” o esa tímida llamada a la puerta, cuando no hemos coincidido en varios días, “¿Estás bien, no?, es que llevo mucho sin verte ¿no estás mala, verdad?”, la amplia sonrisa acentúa las arrugas y motas que los años han ido dejando impresas en la piel de su rostro, “Estoy bien, Carmela, es que he estado de viaje por trabajo, pero estoy bien, ¿qué tal tú?”, “¡Pues joía! –se ríe de manera pícara-…  muy joía, con tantos años ¿cómo voy a estar?” y se iniciaba así una breve charla entre risas y chascarrillos que se ha venido repitiendo durante los tres últimos años. Sigo con la mirada su marcha, pausada pero firme, hasta que casi ha llegado a la esquina, no puedo reprimir el impulso entonces y corro detrás de ella, “¡Carmela!... – se vuelve- oye… que la semana que viene, cuando ya estés instalada, me acerco a verte. Y otra cosa: pórtate bien y no seas gamberra, que no te tengan que regañar las monjas ¿eh?”, bromeo forzando una sonrisa aunque, en realidad, tengo ganas de llorar: voy a echarla de menos. La abrazo de nuevo, fuerte muy fuerte, y poco después continúa su camino tirando de la pesada maleta, en ella se lleva su humor, mi cariño y… toda una vida.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en VIVA JAÉN, 03/04/2017

lunes, 27 de marzo de 2017

Pagar y aplaudir o pagar y abuchear, pero pagar.




Leía el otro día una crónica que me pareció de lo más interesante. En ella su autora, una gran articulista de opinión, enarbolaba la defensa a ultranza de España a la que denominaba, no exenta de pesadumbre, “esa formidable potencia cultural reducida hoy, por mor de la mediocridad imperante, a una oscura agrupación de taifas”, no pude por menos que convenir con su criterio uniéndome al llamamiento ciudadano, si bien, siendo menos correcta en las formas e, indudablemente, más lenguaraz, osé entonces completar su aserto: “oscura agrupación de taifas regidos por imbéciles y mentecatos que han dilapidado el respeto conferido por la carga histórica y las épicas proezas de nuestros antecesores”. Efectivamente, lejos de ser la gran potencia mundial que un día fuimos, este país se ha convertido, hoy más que nunca, en el patético escenario donde tiene lugar la obra cumbre del teatro del absurdo, donde las víctimas del terrorismo son olvidadas, condenando su memoria a la vergonzosa pervivencia de unos nombres anónimos esculpidos en tristes lápidas de mármol, mientras acercan a sangrientos terroristas, sus asesinos, al lugar donde fueron excretados. Un tramoyista laxo e indolente que se parapeta detrás de unos jueces y tribunales que se ven obligados a poner coto a los amagos secesionistas que él mismo debería sofocar por contar con la herramienta propicia para ello: el artículo 155 de la Constitución Española que, al parecer, no tiene mayor utilidad que la meramente ornamental. Unos representantes públicos, actores protagonistas o secundarios, a quienes no se les puede exigir que cumplan con su obligación, por la que se les paga con cargo a las arcas públicas, pues andan más ocupados en luchas intestinas y disputas de cargos que en sacar a los españoles del atolladero en el que nos dejó hace años la acreditada impericia de un Gobierno demencial. Toda esta trama tiene, sin embargo, lugar ante la atónita mirada de un público que cumple fielmente con su cometido que no es otro que el de pagar y aplaudir o pagar y abuchear. Y ahí vamos, quejándonos del estropicio pero sin abandonar nuestra aburguesada zona de confort, instaurados en una plácida inactividad desde la que criticamos sin movilizarnos, sin reivindicar nuestro lícito derecho a no perder el orgullo patrio que una vez nos legaron, asumiendo dócilmente el derrotista papel de bufones tarados. Pagar y aplaudir o pagar y abuchear pero siempre, irremisiblemente, pagando; pagando las cuentas de la estulticia ajena en connivencia con la propia, ya venga disfrazada de ego, de torpeza, de corrupción o latrocinio aderezado, siempre, con un atrezzo digno de la mejor obra jamás escrita por dramaturgo alguno, para mí, lo más triste es ver el patio de butacas atestado de pasivos españoles que nos limitamos a corear al unísono, cuán rebaño lobotomizado, "¡Qué curioso, qué extraño y qué coincidencia!" tal y como repetían los Martin en La cantante calva. Y mientras, la razón y el sentido común ni están, ni se los espera.

“Pensar contra la corriente del tiempo es heroico; decirlo, una locura.” 

(Eugène Ionesco)

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en Viva Jaén 27/03/17.

lunes, 20 de marzo de 2017

El dudoso honor de ser un dios vikingo.





Tras el estupor que, he de reconocer, me produjo la noticia y llevada por mi natural curiosidad, empecé a navegar por la web, al venir denunciado por una asociación ultracatólica y dada la habitual tendencia a dramatizar los hechos de los que se hace eco, tecleé en el buscador “aborto, Down, Islandia”, el resultado fue un reguero, nada desdeñable, de páginas que recogían, efectivamente, la nefasta circunstancia bajo titulares más o menos descarnados, opté por una publicación médica, es obvia la objetividad que presenta este tipo de divulgaciones frente a la subjetividad de los radicalismos religiosos. Escuchar el cerrado y bronco acento irlandés del ginecólogo Peter McParland exponiendo los datos de que el 100% de los niños diagnosticados con trisomía 21 son abortados en Islandia me dejó atónita, con rotundidad, el doctor afirmaba que “no ha nacido ningún bebé con Síndrome de Down durante los últimos cinco años allí”, para continuar su aserto alertando de que, en esta lucha por “erradicar” a las personas con Síndrome de Down, la República de Islandia no está sola, pues le siguen de cerca otros países, igual de desarrollados –me pregunto si, también, civilizados-, como Dinamarca, en el que en un plazo de diez años no existirán personas Down, Gran Bretaña o Estados Unidos, en los que se estima que el porcentaje de bebés abortados se sitúa en el 90%, concluía, el médico, con una frase que me dio que pensar “podemos y debemos hablar de un genocidio de los niños con Síndrome de Down”, fin del video. En pleno siglo XXI, las grandes Democracias, pues no podría ser de otro modo, reprueban y muestran su apoyo incondicional, respeto y admiración, hacia la Comunidad judía, la gran víctima del Holocausto, con seis millones de exterminados como consecuencia del mayor y más irracional ataque de demencia que jamás haya podido nacer de una mente perturbada, erigiéndose Memoriales e intentando restituir la dignidad a aquellos seres humanos que compartían ciertos rasgos genéticos, algo similar ocurre, en el seno de la Comunidad Internacional, cuando se aborda la “limpieza étnica” de Los Balcanes, tachando de crueldad y de retroceso la persecución de serbios y gitanos, en cambio, cuando se pone de relieve el exterminio masivo de no nacidos a los que se les ha diagnosticado de trisomía, sólo existe una cómplice, vergonzante y silente aquiescencia. ¿Acaso lo que ocurre en Islandia no es sino el vil e inhumano intento de buscar una nueva “raza aria” ajena a alteraciones cromosómicas?, podríamos pensar, entonces, sin temor a equivocarnos que, caso de poder diagnosticarse durante la gestación, otros síndromes como el de Marfan, el de Asperger o el de Raynaud – que yo misma padezco – también esos niños serían abortados. Islandia tiene, hoy, el dudoso honor de ser pionera en esta nueva y execrable purga en la búsqueda selectiva de la perfección genética, pero jamás tendrá el de contar entre sus ciudadanos con un actor, diplomado en Magisterio, como nuestro Pablo Pineda o con una Sara Marín, esforzada gimnasta que lleve a su país el orgullo de los metales obtenidos en competiciones deportivas; la desarrollada pero paupérrima sociedad islandesa juega a ser Dios, un dios vikingo, pero éste no porta un martillo sino una svástica en su brazo. Y ahí lo dejo.

“Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad”.

(Adolf Hitler)

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, diario VIVA JAÉN, 20/03/17

martes, 14 de marzo de 2017

La ciudad de los prodigios que diría Eduardo Mendoza.



Suelo salir a pasear los sábados por la mañana, me encanta perderme por las callejuelas de La Magdalena para volver a casa, poco antes de la hora del aperitivo y tomar una caña en alguno de los bares de San Ildefonso. Hoy, claro, no he querido romper mi rutina y tras una errática caminata por una de mis zonas preferidas de Jaén, he ido a parar a la Calle Nueva. Esa misma calle que el anterior equipo de Gobierno – o desgobierno, según se mire, pues para opiniones y gustos, los propios colores – pretendía adecuar, mediante la inversión de 450.000,00 € para hacerla “más accesible, más bonita, más moderna”. Observo las escaleras mecánicas, si hago un esfuerzo memorístico, creo que las he visto en funcionamiento un par de veces desde su instalación y reparo, entonces, en el venerable anciano que, apoyado en un bastón, da inicio a su ascensión por uno de los angostos laterales, lentamente, cauteloso el hombre, palpando con tiento antes de asirse con firmeza a la garrota para tomar el impulso con el que, peldaño a peldaño, coloca su pie derecho primero para arrastrar a continuación el izquierdo, reflexiono: “ACCESIBLE”, lo que se dice accesible… no lo es mucho, el hierático mamotreto de acero ha motivado que el paso quede reducido, peligrosamente, en un 25% en cada uno de sus laterales. Oigo resoplar al octogenario parroquiano que se detiene mascullando ensalmos, cada dos escalones, para recuperar el resuello. Continúo repasando mentalmente las razones invocadas para su instalación: “BONITA”, pese a reconocer que el sentido estético es algo muy subjetivo, no termino yo de encontrarle esa sutil belleza a la estática escala donde se acumula gran cantidad de porquería y desechos, la verdad… ¿”MODERNA”?, tras consultar online el Diccionario de la RAE constato que ningún “pero” puede atribuírsele a esa parte del mensaje con el que se justificó la inversión, pues efectivamente, las benditas escaleras “pertenecen al tiempo de quien habla(ba) o a una época reciente” y, de igual manera, “es contrapuesta a lo antiguo o a lo clásico y establecido”, pese a lo cual vuelvo a preguntarme si realmente era necesaria esta instalación automática, inservible, por el riesgo que representa la altura de sus escalones, cuando se encuentra detenida. El señor mayor acaba, por fin, de alcanzar la cima, se detiene boqueando mientras extiende el cuerpo hacia atrás, en un intento de insuflar a sus pulmones un aire que le ha costado aprehender en su parsimoniosa subida, me dirige una rápida mirada triunfal que acompaña de un esbozo de sonrisa y desaparece tras la esquina. Quiero salir de dudas y me pongo en contacto con la empresa mantenedora, según indican las pegatinas adosadas a la base del aparato, tras unos tonos, me atiende una amable voz que me ilustra acerca de los motivos por los que, aparentemente, el uso de las escaleras elevadoras ha quedado reducido al meramente ornamental, si bien con dudoso gusto en mi opinión, “hace tiempo se averió una pieza y el Excmo. Ayuntamiento no ha considerado oportuna su reparación o sustitución por lo que se ha decidido pararlas por el riesgo que supondría para los usuarios, pero, de cualquier modo se tiene previsto volver a sacar, nuevamente, a concurso el contrato de mantenimiento”, tras dar las gracias por la información al afable interlocutor, retorno a mis cavilaciones: si ese horrible artilugio está ahí para hacer la ciudad “más accesible, más bonita y más moderna” a la ciudadanía y se ha producido una avería, me pregunto por qué no se arregla en lugar de optar por el cese del servicio; si realmente no se ha visto oportuna la reparación, ¿por qué volver a sacar a concurso la adjudicación del mantenimiento de algo que no lo requiere?, ¿acaso si se va a autorizar a la nueva empresa contratista su reparación y puesta en marcha?, ¿serán, quizás, otros los motivos de tan recurrente estatismo?... demasiados interrogantes y pocas respuestas para explicar este nuevo prodigio de nuestra ciudad, cada día, insisto, eso sí: “más accesible, más bonita y más moderna”.

Publicada en la columna Reflexiones de butaca, en VIVA JAÉN el día 14/03/2017.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Todos locos o todos tontos.




El lunes pasado declaraba ante el Supremo Francisco Homs, reo de desobediencia al Constitucional y sedicioso cabecilla en la organización de un pseudoreferéndum ilegal, enzarzándose, con gran insolencia y no menos descaro, con el Fiscal a quien sarcásticamente intentó instruir en las normas de educación que a él le habían inculcado en su casa y que bien le valió una sonora bofetada por parte del Presidente de la Sala: “¡Esto es el Tribunal Supremo y no su casa, señor Homs!”, la irreprimible y estrepitosa carcajada, que se me atascó en la garganta hasta el punto de hacer aflorar las lágrimas, me hizo volver a dispensarle cierta confianza a la justicia, herida de muerte en cuanto a su credibilidad, tras la Sentencia de la Infantísima y consorte. Parecía ya tocar a su fin, así, ese incesante reguero de dislates y disparates que habían venido salpimentando las comidillas parroquianas, cuando el jueves, nuevamente, se me vino a atragantar la concesión, a la etarra Sara Majarenas, quien se encontraba en la cárcel de Valencia cumpliendo condena por su pertenencia al Comando Levante, del tercer grado “a efectos de la libertad condicional” por parte del Juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional. Se justificaba, el Magistrado, en el Auto por el que acuerda la excarcelación de una asesina, afirmando que la etarra "Reconoce el daño causado, la voluntad de desvinculación de ETA reafirmando que su única prioridad y objetivo es el cuidado de su hija" –una oleada de ira incontrolable me ascendió desde el estómago a la cabeza, empecé a notar el martilleo continuo del torrente sanguíneo en las sienes –pum,pum…-¿reconoce?,¿voluntad de desvinculación?, ¿su hija como única prioridad?, ¿dónde están palabras como PERDÓN, ARREPENTIMIENTO, ACTO INEQUÍVOCO DE DESVINCULACIÓN Y CONDENA AL TERRORISMO?, ¿acaso los huérfanos que la mano asesina de ETA ha dejado no eran también la única prioridad de sus padres vilmente asesinados?- para aclarar a continuación que “Deben tenerse en cuenta las circunstancias en que se encuentran en éste momento madre e hija como consecuencia de la agresión externa y violenta que sufrió la menor que hasta dicha fecha convivía con la madre en el Centro Penitenciario (Unidad de Madres) sin que conste el más mínimo incidente al respecto", me vuelvo a indignar y, de nuevo, la sangre caliente galopa estrellándose en mi frente, es cierto que ningún hijo debería, jamás, expiar ni cargar con las culpas y pecados de sus padres, es lamentable también que una inocente niña de apenas tres años, casi un bebé, pasara del módulo de mujeres en el que vivía con la madre al cuchillo vengativo del padre, algo horrible, deleznable y ningún niño debería jamás sufrir esa, ni  ninguna otra, agresión, pero insisto:¿qué pasa con aquellos otros niños a los que la orfandad les llegó de un modo tan cruel como precoz y de los que nadie se ha ocupado?. No comparto, no puedo hacerlo, esta laxitud en el trato a los condenados por terrorismo que invocan cuestiones de una humanidad de la que ellos mismos carecen, que manifiestan “reconocer el daño” por el que ni se arrepienten ni piden perdón, que no censuran sus acciones ni las de sus sanguinarios correligionarios. Me insulta su actitud y me insulta, aún más, la de la justicia, me insultan tanto como un mamarracho pintarrajeado sobre unas plataformas zahiriendo mi fe católica; me insultan igual que lo hace un autobús naranja con absurdas leyendas, frívolas castradoras del almas, acerca del género de niños que, sin duda, sufren un verdadero calvario en el cuerpo equivocado que les dio la naturaleza; me insultan tanto como las manifestaciones recalcitrantemente misóginas de un eurodiputado polaco de impronunciable apellido. Me parecen, todos estos comportamientos, viles y meros ultrajes a la dignidad que me llevan al pleno convencimiento de que, aquí, estamos todos locos o estamos tontos, eso o… es que vamos en dirección contraria.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca, en VIVA JAÉN 06/03/2017


Amores de barra, remiendos de la justicia y otros descalabros de la calle.







Me debato, a diario, entre mis dos pasiones: la toga y la pluma y, últimamente, no sé con cuál me divierto más. Es una suerte dedicarse a lo que a una le gusta así que no me quejaré, al menos no, hoy. Si esperpénticos nos resultan los fallos judiciales que últimamente nos regala la Curia, no es menos vergonzante el demencial panorama político. Buen caldo de cultivo para todos los plumillas que andamos al acecho, en mi caso además, esa mordacidad se ve incrementada por mi condición de profesional del Derecho de modo que, cuando me siento a escribir, antes o después, termina aflorando la vena leguleya que no hace sino afilar las cáusticas saetas de mi prosa, tal como hoy. Defenestrado el pigmeo que quiso jugar a ser Dios -midiéndose con el mismísimo “Dios”- a la segunda bancada del hemiciclo e infligido el cruel castigo del ostracismo por el resto de la camarilla podemita, asistimos a ese almibarado flirteo que tiene lugar entre el entronizado Pablo Iglesias y su nueva vasalla, Irene Montero, uno de esos “amores de barra” de guiños y besuqueos clandestinos que durará lo que dura una noche canalla de copas y desenfreno, léase hasta la próxima purga que tenga lugar con motivo de alguna otra revuelta intestina promovida por unas desmedidas ansias de poder y la pugna de henchidos egos, pero dejemos el Circo de San Jerónimo y vayamos a esa bipolaridad que últimamente detectamos en el Ministerio Público, pues si las críticas le han llovido a Horrach por ser excesivamente laxo, su colega, Luzón, ha dejado claro que pertenece al “black” side, la más plúmbea facción de la Fiscalía, pues no ha dudado en darles, a los imputados de las tarjetas, las suyas, las del pulpo y las que D. Pedro no quiso –o no pudo- arrearles a los de la causa palmesana, absolviendo, así, el primero, los flemáticos pecados del afable segundón. Luego, pues vienen siendo recurrente objeto de chismes y chascarrillos en todos los mentideros de “carajillos” y “chatos” -ya se sabe que un español cuando se atiza un par de tragos sabe de todo y más que nadie- están las fianzas –o desconfianzas- que permiten eludir la prisión provisional, hay quien dice y no exento de razón que son como los pimientos de Padrón, por aquello de que unos entran y otros no, y es que si bien la ley es, sin duda, igual para todos, empezamos a cuestionarnos si la justicia también lo es, sin que por ello, esté justificada la crítica a los jueces y tribunales que se someten en sus pronunciamientos a la legislación, aplicándola con mejor o peor tino, pues son falibles, pero sin poder excederse de lo que las partes le someten a valoración, de modo que si un Fiscal, representante del Ministerio Público, no formula una acusación, difícilmente el Tribunal podrá condenar a un encausado, algo que parecemos olvidar al emitir nuestras recalcitrantes críticas; la justicia está herida, probablemente de muerte en cuanto a su credibilidad, pero puede que debamos cuestionarnos si lo que falla es esa aducida independencia porque ¿se puede politizar al Órgano que vela, precisamente, por la autonomía de los Juzgadores imponiendo la designación de cada uno de sus miembros por afinidades, filias y fobias de los respectivos Partidos que los postulan?,¿acaso el Ministerio Fiscal, representante del pueblo, no está sometido estatutariamente a la dependencia jerárquica de un superior nombrado por el Gobierno?. Seamos serios, señores, y critiquemos las corruptelas, manifestemos las suspicacias y sospechas sólo cuando, efectivamente, tengamos la garantía de que nuestros Tribunales, no responden ante nadie, más allá de la propia Ley y sus respectivas conciencias, aunque mientras tanto, éstos y otros asuntos, seguirán inspirando las comparsas y chirigotas de cada Carnaval, esa festividad que, lejos de culminar con el entierro de la sardina, bien parece haberse instaurado en nuestra vida política y social de manera permanente. ¿Será que, como buenos españoles, nos negamos a dejar de hacer de la crítica nuestro deporte favorito o es, quizás, que la ociosidad tiene estos efectos?.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca en VIVA JAÉN 27/02/2017

Caras de tontos.






Estoy desayunando, como cada mañana, en la cafetería de siempre, suelo dar inicio a mis jornadas entre el cálido aroma del buen café que se sirve allí y el ruidoso entrechocar de loza y cubiertos, una pequeña licencia cotidiana en mi ritual diario. El televisor está, también hoy, encendido, su sonido se percibe amortiguado por el zumbido de las conversaciones que inundan el local. De repente se hace el silencio más absoluto y todos los ojos se clavan en la pantalla, se espera con gran expectación la publicación de la Sentencia del Caso Nóos y los parroquianos andamos con un ojo en la tostada y otro en el plasma. Miguel Roca acaba de hacer su solazada aparición en escena, es el abogado estrella titular de tan real defensa - no podía ser otro, ya con su elección nos mandaban un claro mensaje subliminal, al ser uno de los padres de la Constitución y artífice del sistema de garantías y libertades igualitarias por el que nos regimos desde 1978- bajo cuya batuta se ha orquestado el desfile de rutilantes letrados que, en metódica coordinación, se han ido sucediendo durante las diferentes fases procesales en función de sus cualidades profesionales: el más agresivo en los interrogatorios dejó paso, luego, al minucioso de mordaz inteligencia que evaluaba y empleaba el bagaje probatorio en favor de su defendida -a quien “no le constaba” o “desconocía” casi todo-, reservándose al orador más brillante para el trámite de conclusiones. Pasa, Roca, raudo ante la prensa pero sin disimular su sonrisa y esa actitud de -¡pero qué malpensada!- contenida alegría, la convoca media hora después de cuando se espera la Sentencia a fin de ofrecer sus primeras valoraciones. Continúo deleitándome en ese aceite verde sobre el que acabo de servirme una generosa capa de tomate cuando me sobresalta el acento catalán de Pau Molins –uno de los mediáticos peones en el tablero de la estrategia de marketing vende-burras que nos hemos visto obligados a sufrir durante la larga instrucción primero y las tediosas sesiones de juicio oral, más tarde- que con una mal disimulada satisfacción atiende, locuaz, a los medios, pidiendo calma en la espera e impetrando que, al menos, le concedan el tiempo necesario para “leer los mil folios, según tengo entendido, de la Sentencia”, me atraganto ¿cómo puede saber la extensión de un pronunciamiento antes de que se lo notifiquen?, ¿acaso los Magistrados aperciben a los Letrados de lo que ocupan sus resoluciones? –a mí, desde luego, no-, pero ¿de qué pasta está hecho este hombre para presentarse con tan risueña tranquilidad ante el inminente pronunciamiento que puede dar –¡quia!- con la noble osamenta de su patrocinada en una lúgubre celda carcelaria?, ¿conoce ya lo que el resto de la humanidad aún ignoramos? -¡pero qué forma de recelar la mía!-. Es con posterioridad cuando por fin se conoce el esperado fallo, son las 12.19 minutos y nos desvelan la más que predecible absolución para la Infanta y 6 años de prisión para el consorte del guante largo. Y entonces, rememorando el mensaje navideño de hace unos años, aquél en el que el regio progenitor de la encausada, hoy ya oficial y públicamente absuelta, afirmaba “la Justicia es igual para todos”, me pregunto si eran necesarios la persecución y el vil linchamiento de un Juez que se limitaba a hacer su trabajo desde la independencia de su cargo en base a hechos objetivos y personas; si se hacía preciso un equipo de seis abogados para la defensa de la Sra. Borbón y Grecia, refrendado, siempre, por los postulados del Ministerio Fiscal y el Abogado del Estado que declinaron defender el interés común para asumir, en exclusiva, el de la justiciable, ¿tenían que hacernos pasar por este sainete?, ¿será cierto, entonces, que “Hacienda somos todos” es sólo un eslogan publicitario?. Veo mi rostro reflejado en el cristal de la estantería, presenta, ante la crónica de esta absolución anunciada, la misma expresión que no tardo en descubrir en otros cuando salgo del despacho dispuesta a disfrutar del merecido descanso tras una larga semana de trabajo y es que, después de siete años de tramoya, a los españoles se nos han quedado caras de tontos. Pírrica victoria, ésta, de nuestra justicia.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de Butaca en VIVA JAÉN 20/02/2017.