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lunes, 24 de octubre de 2016

Una zapatilla de paño y muy buena puntería.




A veces ocurre que aquello que, aparentemente, nos resulta más complicado de resolver, tiene, en realidad, la más fácil de todas las soluciones: la que se encuentra en el mero sentido común. Algo así como la elemental respuesta al famoso enigma del “huevo de Colón”. Con frecuencia, cuando nos parece que una determinada cuestión, difícil componenda puede encontrar, es tan simple como escuchar mentalmente el temido “ten la dicha de que vaya yo a buscarlo y lo encuentre”, recurrente frase aquella, de toda madre, en nuestra niñez, ante los reiterativos requerimientos de dónde estaba tal o cual cosa que, curiosamente y a modo de desesperado intento de eludir el inexorable cumplimiento de tan funesta advertencia, siempre terminaba apareciendo. Pues bien, tengo el convencimiento de que la razón de todas nuestras tribulaciones colectivas se debe a que, efectivamente, no se ha optado por “profesionalizar” el altruista arte de la “cosa pública” y no me refiero a diseñar un cumplido plan de estudios que forme a gestores, oradores, estadistas, políticos en suma, capaces de redimensionar los recursos públicos, ya sea en el ámbito municipal, provincial, regional o en el estatal. No. Nada más lejos de eso, sino en poner al frente del gobierno a una madre, de las de antes, de las de toda la vida, que coja el timón de esta enorme nao que navega a la deriva por el motín generado, en ese desmedido afán de timoneles, capitanes e, incluso, remeros y grumetes de continuar con la inútil pugna de “aquí la barca la piloto yo o nadie”. ¿Que no se ponen de acuerdo?, pues madre al canto: “no discutáis más y haced el favor de llegar a un acuerdo que ya veréis como vuelva yo a oír siquiera una mosca”. ¿Que las cuentas no cuadran?, ahí estaría esa madre con sus “apartadillos” destinados a suplir los gastos precisos para el óptimo funcionamiento de una economía doméstica que terminan estirándose hasta el punto de conseguir, incluso, ahorrar. Que las calles están sucias por la falta de una gestión efectiva de mantenimiento, recogida y tratamiento de basura, bien porque no sea posible hacer un estudio presupuestario hasta no se sabe qué fecha, bien porque no se encuentra a quien contratar para el desempeño eficiente de este servicio público, si hubiera, también, una madre al mando ya podríamos apostar que no habría ni un solo papel en el suelo “¿tú haces eso en tu casa?, ¡pues busca una papelera ahora mismo que al final lo vas a terminar recogiendo con un pescozón puesto!”. Si es que una madre es, dado su sentido común, la mejor gobernante, la mejor gestora, la mejor en lanzarte la zapatilla y, siempre, con tan buena puntería que ese escozor, en salva sea la parte, no es sino el más efectivo fármaco para acabar con todos los males que, irremisiblemente, principian con el más abundante e inevitable padre de todos: la soberana estulticia. ¿Acaso seguiríamos a vueltas con esas terceras elecciones; de verdad estaríamos haciendo objeto de estudio municipal la concesión de un servicio de recogida y tratamiento de basura o, incluso, tendríamos unas horribles e inútiles escalerillas mecánicas que nunca funcionan en la Calle Nueva, si hubiera una madre que, tras proferir el lapidario “tómate el zumo rápido que se le van las vitaminas”, se quitara la zapatilla con cara de pocos amigos mientras guiña un ojo para afinar la puntería?... Yo creo que no, no sé qué opinaran ustedes.

Publicado en la columna de los lunes, Reflexiones de butaca, en Viva Jaén, el día 24/10/2016

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