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miércoles, 28 de octubre de 2015

Los rugidos lejanos del león ausente.







A veces la realidad supera a la ficción y ocurre que el absurdo, con frecuencia, no se inventa, simplemente sucede pues no es posible que tamaño dislate pueda tener un único autor intelectual. Estoy disfrutando de mi gin & tonic, tras una comida relajada de esas que, por suerte, aún podemos degustar durante los fines de semana. Es, en esa plácida sobremesa, cuando aprovecha la ocasión este joven, casposo y desmañado, para hacernos, al resto de los españoles, partícipes del especial universo paralelo en el que se ha instalado: “Yo seré Presidente de Gobierno y dentro de dos meses los periódicos de todo el mundo hablarán del Vicepresidente político más joven y brillante de la Europa Occidental” y en un alarde de osadía, dando así un paso más al frente o al abismo que depende de la perspectiva, nos vaticina que también contaremos con la versión patria de Stephen Hawking al postular a Echenique como flamante Ministro de Ciencia.

Sonrío para mis adentros, aquél fiero león antisistema, visionario Mesías prometido de los oprimidos por el malvado padre Estado Capitalista, enardecedor de masas indignadas es, apenas hoy, un pobre gato callejero, desmadejado y pendenciero, la otrora desafiante mirada de la bestia es huidiza, tímida… ausente, ahora. Las hordas que antaño auparon al Profeta se han convertido hoy, una vez más, pues nada nuevo hay bajo el sol, en las sombras que pueblan la cada vez menos concurrida Plaza de La Grève, mientras algunos románticos, habrá de concederles con generosidad, esperan la Coronación del más monstruoso y patético de los pretendientes heréticos a Sumo Papa de los Idiotas. Es el enaltecimiento del Elegido por tan dantesca comitiva.

Pienso en la realidad, en la de la mayoría, y es inevitable el paralelismo que establezco entre esa postura, a la vista está, cada más impostada de la utopía comunista –  amparando el atávico y descarnado radicalismo corrosivo, recalcitrante y supurante de un negro y amargo rencor – que, la Historia se ha encargado de declarar, está abocada al mayor y más estrepitoso de todos los fracasos y la que, por otro lado, mantenemos gran parte de los españoles, lacerados por esta cruenta crisis que nos ha dejado sin todo, menos sin el hambre de superarnos, de seguir en la lucha diaria, no de leones, sino de hormigas, de continuar con ese ritual que da inicio a una hora temprana, cuando el sonido del despertador taladra la oscuridad desgarrando así las entrañas de cada amanecer y nuevamente volvemos al trabajo, heroico y abnegado, por recomponer esta quebrantada y, paulatinamente, más invertebrada España nuestra. Defraudados pero esperanzados y postulando el esfuerzo, única renta universal, para el anhelado bienestar común.

Y es entonces cuando nuevamente percibimos, en la soledad del silencio de nuestra propia conciencia, los rugidos… Esos rugidos lejanos, los del león ausente.

“El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes.
 La virtud inherente al comunismo es el equitativo reparto de miseria”.

(W. Churchill)

1 comentario:

  1. Estimados amigos de Reflexiones de Butaca:
    Hoy hemos recibido una inestimable intervención en relación a este artículo que al haberse realizado de manera "anónima" no consideramos deba publicarse, no obstante lo cuál, está en mi perfil de Facebook por si el anónimo quisiera responder a la valoración que realizo, si bien, esta vez teniendo la valentía de identificarse. No tengo inconveniente alguno en debatir e intercambiar ideas - aún cuando se encuentren en las antípodas de mi pensamiento - y demócrata convencida, como soy, no creo que a nadie se le deba cercenar su lícito derecho a intervenir y opinar, algo que, por desgracia, no ocurre en sistemas totalitarios. No me gustan las capuchas negras ni la oscuridad del anonimato, lo que hace grande a la Democracia es poder expresarse libremente y sin temor a represalias o insultos, algunos, por desgracia no son capaces ni de respetar ideas contrarias ni expresarse sin caer en la zafiedad del insulto, pero jamás dando la cara, como sería aconsejable y asumiendo la consecuencia de sus manifestaciones como sí, en cambio, hacemos otros.

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